Como si pasara un tren

El Teatro Español acoge una entrañable historia acerca de la sobreprotección materna

Como si pasara un trenA veces las historias tremendamente sencillas y escritas con suma coherencia y sin chirridos ni devaneos, pasan desapercibidas o no se valoran en su justa medida. Así ocurre con el texto de Lorena Romanín que ha dirigido Adriana Roffi. Es, en realidad, el relato de dos madres sobreprotectoras, dos hermanas, con un hijo cada una y con un marido que, en el caso de la tía, claramente ha abandonado el hogar en vista de que el muchacho va a traer grandes complicaciones y, en el caso de la madre de Vale, la sobrina, no tenemos noticia de su existencia.

En la obra nos encontramos con el contraste entre lo urbano y lo rural, entre un mundo que vive con normalidad la incursión de las nuevas tecnologías y un espacio que acepta el ritmo pausado. Vale, una joven adolescente, es obligada a alojarse en casa de su tía, en un pueblo, debido a que su madre le ha pillado con un porro. A partir de ahí se desencadena una historia familiar donde el tren se muestra como metáfora de escapatoria, de viaje y sueño. La gran forma que se imagina su primo, un chaval con retraso psicológico, de conocer otros lugares y, también, a su padre.

Como si pasara un tren funciona con naturalidad gracias a una labor actoral de altura. María Morales, en el papel de Susana, la tía que acoge a su sobrina, adquiere en su piel y en sus movimientos todos esos tics de las madres temerosas de que su hijo se rompa, con esos repentinos enfados y, por contraste, las muestras de cariño entrañable. Por su parte, Marina Salas, a la que pudimos contemplar hace poco en Fausto, construye su interpretación con las armas de una adolescente que, habiendo sido castigada, es capaz de ofrecer su complicidad con su primo y la capacidad para apoyar, en sus miedos, a su tía. Finalmente, el hijo, Carlos Guerrero, define su personaje, con su retraso, sin excesos, con la dificultad de parecer creíble. Desde luego, la compenetración de los tres se manifiesta esplendorosa en escena de principio a fin.

La dramaturga ha pergeñado una obra que se percibe con la claridad de los textos bien pulidos, aunque algún término desentone en los oídos españoles, como aquello de que Vale tiene que regresar del pueblo para hacer los exámenes del «recuperatorio» (habitual en Argentina), en lugar de recuperación. Como pega se le podría sacar que no parece muy creíble que Juan Ignacio, el hijo, pase de ser acompañado por la madre al colegio todos los días y, cuando decide que vaya solo, ni siquiera se levanta por las mañanas para verlo marchar. Pero, por lo demás, gracias a la labor directiva de Adriana Roffi, la función se despliega a través de una atmósfera entrañable a pesar de los conflictos, demostrando que se puede hacer buen teatro con historias sencillas.

Como si pasara un tren

Autora: Lorena Romanín

Dirección: Adriana Roffi

Reparto: María Morales, Marina Salas y Carlos Guerrero

Ayudante de dirección: Esther Ortega

Espacio: Adriana Roffi, Ricardo Sánchez Cuerda

Diseño de vestuario: Lupe Valero

Movimiento: Carlota Ferrer

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 22 de marzo

Calificación: ♦♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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