La ola

De cómo un proyecto con jóvenes sobre manipulación mental puede alcanzar el éxito en menos de cinco días

Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

A mí el experimento de Ron Jones me parece falaz. Que se puede manipular a un grupo de alumnos eso lo puede comprobar cualquier profesor a diario. La cuestión radica en la pregunta inicial e ingenua de uno de los alumnos: ¿cómo pudieron tantos alemanes «convertirse» en nazis en tan poco tiempo? La respuesta que debería haber dado el profesor —y es en la que se basa la obra— no es que fueran manipulados, sino que muchos alemanes, como se puede comprobar leyendo a los pensadores del siglo XIX como Hegel, Marx o Nietzsche (si no queremos irnos más lejos) eran antisemitas (de la misma forma que lo eran o lo habían sido otras gentes en otros países) y, además, estaban faltos de trabajo, heridos en el orgullo por la guerra perdida y hambrientos. Por lo tanto, una cosa es crear una secta (algo que ocurre habitualmente con multitud de grupos en mayor o menor medida, en ámbitos religiosos, culturales o estéticos) y otra muy distinta es que se pueda transformar a toda una sociedad «sana» intelectualmente, y que ningún grupo contravenga esas posiciones. Por lo tanto, La ola no pasa de experimento para ratas.

Ahora, como experimento para ratas es interesante comprobar el poder que en su momento, cuando los medios de comunicación de masas no funcionaban con la «amigabilidad» actual, podía llegar a tener un profesor con cierto carisma. Ese líder es Ron Jones, interpretado por Xavi Mira, quien corre con el enorme peso y las extensas parrafadas que propician la instrucción, y nos concede verdaderos momentos llenos de potencia. El grupo de discentes (en esto el teatro pierde en exceso, una clase de siete alumnos es inconcebible) tiende al estereotipo psicológico debido, precisamente, al número de componentes: Javier Ballesteros se lleva el papel del, a priori, rebelde que solventa con seguridad y tono serio; David Carrillo es Doug, el hijo de un excombatiente del Vietnam, todo un patriota, servicial y tontorrón, al que David le sabe sacar un gran partido, sobresaliendo en su actuación de principio a fin. A Jimmy Castro, evidentemente, le toca la cuota racial y resulta de lo más creíble dentro de ese ambiente estadounidense, y Jimmy, con su experiencia, imprime redondez a su personaje. Carolina Herrera está magnífica como Wendy, su vocación de cheerleader la empuja indefectiblemente hacia el remate de su metamorfosis. Steve, el chico rubio y un tanto apocado, lo interpreta Ignacio Jiménez con determinación, de la misma forma que Helena Lanza haciendo de Aline, una ávida lectora que, por lo visto, a pesar de que no son «bestsellers» lo que se traga, tampoco queda inmune al poder embaucador de su profe. La gran esperanza blanca termina por ser la acólita más cercana, Alba Ribas, una elegante joven capaz de pasar por diversos estados emocionales hasta encontrar la razón.

La ola, en definitiva, es un largo proyecto al que le falta algo más de dinamismo, pero que gracias al saber hacer de sus actores, logra manifestarse como un ejemplo aceptable de coacción mediante técnicas propias del conductismo. Ahora solo falta que todos los adolescentes que vayan a ver la obra reciban después de sus profesores unas directrices más adecuadas acerca de la manipulación que ellos mismos han estado recibiendo desde que llegaron a este mundo a través de la aculturación, y desde que sus padres decoraron sus dormitorios con: televisión, ordenador, tableta, videoconsola y MP3 que sincronizan perfectamente con el apéndice luminoso que se adhiere a sus manos. Lo del totalitarismo nazi es un asunto mayor.

La ola

Texto: Ignacio García May

Idea y dirección: Marc Montserrat Drukker

A partir del experimento real de Ron Jones

Reparto: Javier Ballesteros, David Carrillo, Jimmy Castro, Carolina Herrera, Ignacio Jiménez, Helena Lanza, Xavi Mira y Alba Ribas

Voz en off: Jordi Royo

Escenografía: Jon Berrondo

Vestuario: María Araujo

Iluminación: Albert Faura

Sonido: Francisco Grande, Igor Pinto

Vídeo: Xavier Bergés

Caracterización: Toni Santos

Teatro Valle-Inclán (Madrid)

Hasta el 22 de marzo

Calificación: ♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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