La fundación

Una de las obras más modernas del dramaturgo recreada en La Pensión de las Pulgas

La fundación - FotoUna de las obras que mejor ha resistido el paso de los años dentro de la bibliografía de Antonio Buero Vallejo es La fundación. Es un texto doble, una propuesta que posee dos grandes puntos de interés. Por un lado, la evasión mental como procedimiento interno para lograr la supervivencia en un caso extremo; y, por otro lado, la evasión física a través del ingenio, es decir, no perder la esperanza de alcanzar la libertad cuando las posibilidades son mínimas. La fundación es un envoltorio de casi ciencia-ficción creada por la imaginación de Tomás, un recluso condenado a muerte. Sus compañeros de celda lo acompañan en su paranoia con el fin de que no sufra ante la verdad. Ese juego de realidad-ficción dentro de la propia ficción es el mayor acierto del autor, gracias al uso de la elipsis, del encubrimiento. Y, por la misma razón, la pega más acusada es la concatenación de anagnórisis que se exponen al final de la primera parte. Tanta explicación rompe la magia del teatro. Quizás, Ruth Rubio debería haber enmendado al dramaturgo. Por qué descubrirle al protagonista y, a la sazón, a todo el público, la historia que le ha llevado hasta allí si él mismo va a ir recordando y asumiendo la situación. Cierto es que la tensión dramática vuelve a surgir en la segunda parte, desde una perspectiva más realista, cuando los prisioneros se afanan por buscar una solución. Todo ello nos recuerda inevitablemente a todos esos filmes carcelarios como La gran evasión o, la obra maestra, Un condenado a muerte se ha escapado, de Bresson. Sigue leyendo →

Ternura negra

Denise Despeyroux ofrece su visión deconstruida de la malograda reina María Estuardo

Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Si la historia de María Estuardo se ha narrado y filmado en múltiples ocasiones, desde luego, hasta ahora, no había formado parte de un work in progress donde se mezcla lo propiamente metaliterario, con las conexiones de internet, con lo histórico, con lo paranormal y con un sustento romántico que genera un artefacto multifacético que ofrece momentos de extrañeza y poética dramática. Denise Despeyroux vuelve al riesgo con este relato en el que una actriz prepara su papel de la reina escocesa para una futura representación, mientras recibe las indicaciones pertinentes del director a través de Skype; y este, a su vez, se encuentra viviendo una aventura esotérica en el Castillo de Tutbury. Todo se enreda cuando entra en escena un actor con intención de ingresar en el proyecto. Sigue leyendo →

Insolación

La adaptación de la novela escrita por Emilia Pardo Bazán resulta larga y demasiado cargada hacia el romanticismo

Foto de Luis Malibrán
Foto de Luis Malibrán

Se presenta un dilema siempre que asistimos a las adaptaciones de textos literarios y más si estas pertenecen a otro género (ya lo hemos visto con Los hermanos Karamázov). ¿Debemos juzgar la función como una obra auténtica, ajena a los presupuestos del autor o, inevitablemente, debemos comparar ambos hechos artísticos? Desde mi punto de vista, Pedro Víllora tiene todo el derecho a interpretar a Emilia Pardo Bazán como quiera y Luis Luque a dirigir la versión como estime oportuno, pero el espectador que se haya acercado a la novela Insolación (aunque habría que afirmar que más que novela es un «estudio episódico» ─según comentaba la novelista) observará que el realismo intimista con recursos naturalistas que la gallega pretendió desarrollar, empleando varios narradores que juegan a recrear la conciencia de la marquesa de Andrade, se convierte en escena en romanticismo tardío y en pudoroso recato. La trama es de lo más sencilla. La susodicha, joven viuda residente en el Madrid de 1887, con ideas bastante avanzadas para la época, aunque, en el caso de la obra, destinadas únicamente a la disputa alegre en las tertulias de los salones aristocráticos, y católica de misa inapelable, se encuentra con el gaditano Diego Pacheco, un donjuán al que ha conocido la víspera en casa de la condesa de Sahagún. Ese encuentro y la posterior excursión a la pradera de san Isidro durante la romería, suponen todo un desafía moral, una experiencia erótica y, sobre todo, un conflicto interno para Asís. Lo demás consiste en resolver su comedura de cabeza y esto, sinceramente, no da para casi dos horas de duración. Sigue leyendo →

Medea

Ana Belén encarna a la mítica maga en una versión que pretende ser excesivamente fiel al relato conocido

Medea - FotoDebemos reconocer que llevar a las tablas el mito de Medea posee una serie de complejidades que requieren determinadas decisiones en sus versionadores y en aquellos que se atreven a dirigir a personajes tan cargados de apasionamiento. Antes del verano Andrés Lima optó por la desnudez, el salvajismo y hasta la performance. Después, en Mérida, se presentó la Medea de Vicente Molina Foix que ahora podemos contemplar en el Español. El novelista ha combinado los textos de Eurípides y de Séneca, ha decidido qué muertes deben acontecer y qué grado de crueldad se le usurpa al espectador y, también, ha tomado la decisión de incluir un largo cuento revelado a los hijos de Medea por esta misma y por la nodriza; un relato extensísimo en el que sin excesiva dramatización se van desgranando los avatares de Jasón y los argonautas en busca del Vellocino de oro, que Apolonio de Rodas compuso en el canto tercero de Las Argonáuticas, cuando los marineros llegan a la Cólquide y la maga queda prendada del héroe. La propensión de datos y recovecos mitológicos rompe cualquier ritmo teatral y, aun así, José Carlos Plaza lo dirige como puede, para luego intentar que la obra remonte gracias a la interpretación de Ana Belén, con una actuación que mide con diferentes grados la desesperación y, de una forma soberbia, por la nodriza a la que da vida Consuelo Trujillo, en un papel repleto de gestos, astucia y fragilidad impetuosa. Desgraciadamente no ocurre lo mismo con el resto de personajes, ni el Jasón de Adolfo Fernández parece poseer la fuerza que debiera, es como un héroe cansado de sus líos domésticos, sin ambición; ni, tampoco, el Creonte de Poika Matute se confía al tono dramático, se muestra demasiado caricaturesco. Y al resto les falta la grandiosidad que debe imperar en la tragedia a la que se ven abocados y no parecen acompasarse con la solemnidad de la hechicera. Sigue leyendo →

Páncreas

Patxi Telleria ha cuajado en verso un artefacto perfectamente engrasado, una comedia repleta de dilemas

Foto de Sergio Parra
Foto de Sergio Parra

Si en otras ocasiones la pretenciosidad sobresale en propuestas que hacen aguas por doquier, aquí, en Páncreas, una sencilla trama, sin más trascendencia que plantear un doble y hasta triple dilema moral que se acomoda entre la parodia de la novela negra y la comedia de enredo, encontramos un artefacto perfectamente engrasado, un juguetito dramatúrgico donde las piezas encajan coherentemente durante poco más de una hora. Posee, por lo tanto, no solo un envoltorio atractivo, sino también un procedimiento sugerente. En definitiva, cuenta con suficientes elementos como para que el público pase un buen rato y se deleite con unas actuaciones surgidas de tres actores, tan experimentados, que expelen su alegría y suficiencia en unos papeles en absoluto fáciles. La historia resume la vida de tres hombres que han llegado a ser amigos a través de una serie de peripecias vitales de las que dan cuenta en un prólogo donde ya se da comienzo al ritmo ágil y despierto que arrastra la función. Además, la obra que ha escrito Patxi Telleria posee la peculiaridad de que emplea el verso, aunque ha tenido la habilidad de utilizar endecasílabos, alejandrinos y otros metros de arte mayor que no fuerzan tanto la rima. Este hecho les permite jugar en los diálogos y favorecer el entresijo combinando estrofas entre unos y otros, además de otros recursos retóricos como la ironía, la paradoja o la preterición. Sigue leyendo →

Rapsodia para un hombre alto

Los tres tiros libres de un baloncestista ofrecen siete posibles desenlaces de una historia con trasfondo político

Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Uno de los elementos más interesantes dentro del arte moderno es el de la incertidumbre. A Félix Estaire le motiva tanto el concepto que mientras a pocos kilómetros de distancia alguien del público decide cuál de las parejas (estas se conforman de manera distinta cada día) es la ganadora en la versión de Danzad malditos, aquí en el María Guerrero un joven baloncestista se enfrenta a tres tiros libres decisivos para el desenlace de un partido trascendentalmente personal. ¿Cuántas canastas encestará en cada función? Siete finales son posibles y, aunque, apenas ningún espectador vaya a contemplarlos, el solo hecho de que asistamos a un momento crucial en sentido estricto, bien vale la tensión que se genera; y esto es un punto a su favor. En el primer acto se plantean todas las cuestiones acerca de las decisiones vitales, de la necesidad de tomar partido, pero todo ello de una forma conceptual y epistemológica, sin centrarse en nada concreto. Es luego, según avanza la obra, cuando se introducen contextos históricos más determinados que nos remiten a la extinta Yugoslavia, a la guerra, a la vida de jugadores como Vlade Divac y su amistad rota con Petrovic. Serbia contra Croacia. Mientras, se lanza el primer tiro (en mi caso, encestó), y la presencia del padre da pie al cuestionamiento lógico del absurdo de las fronteras, de las banderas, de la manipulación política. En una de las reflexiones el público aceptará que la referencia a Cataluña es una evidencia absoluta. Poco más se puede afirmar de la trama, puesto que únicamente la muñeca del protagonista determinará su devenir. Sigue leyendo →

Nada que perder

Mítin teatral revestido de trama en ocho escenas sobre un caso de corrupción

Foto de Daniel Martínez López
Foto de Daniel Martínez López

Metidos ya de lleno en campaña, Nada que perder se presenta como un acto electoral reconvertido de puzzle policial o como un mitin apenas escondido tras un argumento acerca de la corrupción o, es más bien, un panfleto dirigido no se sabe muy bien a quién. Si no fuera porque el trabajo de los hermanos Bazo (recuerdo con agrado su obra Los impostores), de Juanma Romero y Javier G. Yagüe los avala, y que la Sala Cuarta Pared suele arriesgar con sus propuestas, uno tendería a pensar que este proyecto se les ha ido de las manos o que la deriva del país les ha nublado la vena artística. En cuanto comienza la obra, ya somos interpelados con las famosas tres preguntas de Kant, que se resumen en aquello de «¿qué es el hombre?»; a partir de ahí, cientos de preguntas de carácter moral (muchas de ellas falsos dilemas) y político para enmarcar y puntualizar la respuesta que nos viene en forma de cuadro. Es decir, un Pepito Grillo (no vaya a ser que el respetable se pierda), nos ametralla con cuestiones como una sombra que acompaña a los dos protagonistas de cada una de las ocho escenas. Al principio es un padre, profesor de filosofía, que debe acudir a comisaría porque su hijo ha sido detenido por quemar un contenedor en un acto de protesta. Luego, se va elaborando la trama con una interventora puesta a dedo en el ayuntamiento, un futuro alcalde y su madre, un policía, etc. La historia deja pronto de tener importancia porque el tono es tan directo, explicativo, demagógico y moralista que uno siente que está o en el culto evangélico o en una sesión para escolares o que es un indio recibiendo a los españoles de la conquista trayendo la Buena Nueva. A esto, además, hay que añadirle que, sin pudor, se entonan los recortes perpetrados por los últimos gobiernos de la nación (por si alguien no se había enterado). Sigue leyendo →

Danzad malditos

Sugerente versión de la célebre película, aunque sin el ritmo adecuado

Foto de Pablo Rodrigo
Foto de Dominik Valvo

Viene esta versión escrita por Félix Estaire pegada a la célebre película de Pollack y las comparaciones serán irremediables. Ya nos enseñó Steinbeck en Las uvas de la ira que la deshumanización, durante aquella época verdaderamente depresiva y llena de carencias tras la hecatombe del 29 en EE.UU, fue brutal. El lumpen da vueltas en el circo de baile a la espera de que comience el certamen; mientras, el maestro de ceremonias, encarnado por Rulo Pardo, como un mefistófeles garboso y augusto, dispone las reglas, avanza los atajos y los posibles juegos de eliminación; todo tan azaroso que clamar justicia se torna absoluta imbecilidad. Danzar hasta la descomposición, con el fin de ganar la recaudación procedente de un público (en este caso nosotros) que aguza su vertiente macabra. Un divertimento burgués, una ofensa insolente, unos Juegos del hambre visionarios, unos pobres gladiadores rodeados de risotadas con dentaduras postizas. Penoso. Sigue leyendo →

Golem

La compañía 1927 recoge al engendro del mito judío para plantear, mediante una puesta en escena con video–mapping, una alegoría sobre nuestra relación con la tecnología

Foto de Bernhard Mueller
Foto de Bernhard Mueller

Históricamente las slapsticks, esas comedias caracterizadas fundamentalmente por el embarullamiento, protagonizadas por Harold Lloyd o por El Gordo y el Flaco (el año pasado hablamos de Payasadas, la novela de Kurt Vonnegut), han sido juzgadas más como divertimento pasajero que como crítica de las costumbres. En la obra que presenta la compañía 1927, podemos volver a comprobar que, desde este humor algo naif y bastante inocentón, se esconde la patética verdad de nuestro devenir como sociedad obsesionada con esa idea tan falaz del progreso. Aquí, el protagonista, Robert, un pobre apestado social, un muchacho marginal, clara víctima del bulling, que se mueve por el mundo en esa soledad propia de los jóvenes frikis de las películas independientes de Estados Unidos como Ghost World o Clerks, vive a expensas de la fortuna. Luego, como suele ocurrir, aparecen sus almas gemelas, esos seres tan ocultos como él. Es ahí cuando conocemos al grupo punk de Annie and the Underdogs. No es más que el marco de una historia donde lo principal es que el pequeño héroe se compra un golem (también hablamos no hace mucho sobre la novela de Cynthia Ozick, Los papeles de Puttermesser, en la que se trataba el tema de este mito judío) que usa a modo de robot doméstico hasta que se le estropea y, entonces, adquiere otro, pero de una versión superior, un autómata de altas capacidades y, sobre todo, con iniciativa propia. Sigue leyendo →