Unas actuaciones fabulosas levantan una versión reduccionista de la obra de Dostoievski
Foto de Sergio Parra
Nadie puede dudar a estas alturas que Gerardo Vera conoce su oficio, que domina el arte de la escenografía, que sabe dirigir a sus actores y que es capaz de propiciar momentos de sugerente belleza en sus funciones; pero, ¿qué nos depara una adaptación teatral de una obra realista del siglo XIX compuesta por unas mil doscientas páginas que aquí se reducen a casi tres horas? Si lo importante de esas novelas decimonónicas es el argumento, entonces toda la historia de la literatura está llena de buenos motivos. No, esas obras son valoradas por cuestiones, en absoluto literarias (de hecho, para la literariedad, fueron un retroceso), sino por el ambiente, las ideas, el reflejo de una sociedad, es decir, aspectos sociológicos, antropológicos e históricos. Pretender que en tres horas se pueda reflejar el mundo que plasmó Dostoievski, es como darnos por satisfechos cuando los preadolescentes se leen esas terribles versiones de El Quijote. Lo que leen, evidentemente, no es nada que se aproxime al verdadero valor de El Quijote, que no es que un caballero andante se estampe contra unos molinos, sino su arte literario. Sigue leyendo →
Tímida versión de Eduardo Vasco, realizada por Yolanda Pallín, del clásico shakesperiano
Si fuera por el conocimiento popular que se tiene de El mercader de Venecia, se podría afirmar, sin duda, que el tono serio en referencia al judío Shylock es lo más relevante; pero la verdad es que es una comedia, pues su final así lo indica. Es una obra llena de paradojas y no todas afortunadas, por mucho que haya sido Shakespeare quien las haya escrito. También es cierto que, si es una versión, realizada por Yolanda Pallín, lo que nos ofrece Eduardo Vasco bien hubiera estado que las tintas se hubieran cargado más hacia la tragedia que hacia el inverosímil desenlace. Al espectador actual le interesa el judío, la vida de los mercaderes, los albores del capitalismo, la importancia de cobrar los préstamos (y tanto que se remarca) apoyados en una ley firme y, sobre todo, la cuestión de la usura, un concepto de verdadera trascendencia que aquí se queda a medias. Lo que no resulta muy sugerente es el cuentecillo de Porcia, una mujer rica de Belmonte, que juega a buscar marido a través de unos cofres con acertijos que, en escena, incluido un noble baturro que Pallín y Vasco se han sacado de la manga y que tiene cierta gracia, parece el Un, dos, tres… responda otra vez (mucho más, si luego dueña y sirvienta se disfrazan con unas gafitas redondas; ya tenemos a las azafatas). En esta trama amorosa, el final de Disney se torna absolutamente increíble, es como si una conjunción astral hubiera manipulado la rueda de la Fortuna con verdadero primor; algo similar ocurre en otras comedias, así el caso de Como gustéis. Sigue leyendo →
Pablo Remón ha perfilado la historia de una familia marcada por la muerte del padre, un general franquista
Foto de Flora González Villanueva
Así ya, toda una generación nacida tras la muerte del dictador, pero recogiendo esa aura putrefacta de los espacios viciados, repletos de miasmas y rencor. 40 años de paz concentra en cuatro historias el relato de una familia que, como le ocurriera mutatis mutandis a los Panero (de aquella manera quedó reflejada en la película de Chávarri El desencanto), vive bajo la sombra de un padre, muerto sin gloria, ahogado en una piscina el 23F. Ahora esa piscina sirve de sustento a los insectos y a las alimañas de otro tipo, mientras se descompone al mismo ritmo que el casón que, en otros tiempos, conformó un hogar de orden y temor de Dios. En este contexto, reflejado en una escenografía que da buena cuenta de la cochambre moral que se ha instalado, se desplazan unos personajes dispuestos a narrar las peripecias de su vida. Micrófono en ristre, el hermano mayor comienza su alocución con una descripción del terreno mesetario, agostado y decadente. Francisco Reyes establece un ritmo y un tono que se aproxima a cierta espontaneidad displicente que a la obra le va muy bien. A continuación, se mete en la piel de su padre, recién venido del cielo, perfectamente uniformado como buen militar que era, un carcunda con la chulería cínica de alguien que murió creyendo que el golpe había triunfado; desde luego, este pasaje es de los mejores de la obra, concretamente por el choque entre un fantasma, en plena ciénaga, y su hijo ex drogadicto, ex poeta y ex heterosexual; depara un tono que, desgraciadamente, después va decayendo según se acoge al costumbrismo de gusto treintañero. De hecho, como se puede observar en la interpretación de Emilio Tomé, la función resulta intelectualmente productiva cuando lo paradójico entra en escena a través de la representación, ya sea con este mismo actor metido en la caseta del perro o, después, los tres hermanos jugando al parchís en el hueco de la piscina. Sigue leyendo →
Un elenco de altura representa la obra de Calderón con verdadera profesionalidad
Ciertamente ha sido una forma inmejorable de recomenzar en el Teatro de la comedia que, aunque se va a quedar pequeño para muchas de las representaciones que se piensan acometer, no hace más que dar un marco a medio camino entre un imposible corral de comedias y un espacio absolutamente contemporáneo en el que abordar las obras de otra manera. El alcalde de Zalamea, por lo tanto, abre la temporada de la Compañía nacional de teatro clásico. La obra, que seguramente, se llamara originalmente El garrote más bien dado, según aparece en una colección de dramas calderonianos de 1651, cuenta, como es sabido, la historia de unos tercios que llegan al pueblo de Zalamea. Entre ellos se encuentra el caballero don Álvaro de Atayde que se encapricha de la hija de un villano de nombre Pedro Crespo, quien ya investido alcalde debe hacer justicia por el trato vejatorio que se le ha dado a la joven, Isabel. En la poco intervencionista versión de Álvaro Tato que dirige Helena Pimenta, observamos una propuesta estética ruda pero efectiva, con momentos espectaculares que aportan un dinamismo y un color extraordinario a un texto que se recrea, en exceso, en el tema de la virtud y el honor: los pelotaris que preludian la función golpeando su pelota imaginaria contra un muro enormemente simbólico; el movimiento coreografiado y ralentizado de las luchas de espada que tan bien ha pergeñado Jesús Esperanza; y los cantes y bailes que van trufando toda la obra, tanto con la cantante Rita Barber, como los barullos del grupo con Clara Sanchis a la cabeza, con La chispa. Sigue leyendo →
Ricardo Darín y Érica Rivas salvan con sus interpretaciones una obra anodina y carente de profundidad
Es una obra engañosa esta que presentan en los Teatros del Canal. Primero porque la representan uno de los actores más respetados del cine argentino y una actriz alabada en el multipremiado film Relatos salvajes. Segundo, porque es Bergman, y a uno se le vienen a la cabeza todas sus grandísimas y profundas películas como Persona o Gritos y susurros (justamente sus Secretos de matrimonio es, quizás, la que más se aparta de esas honduras). La obra se dispone de una forma similar a la miniserie que dejó atrapados en sus sillones a los suecos en 1973: 6 capítulos que cuentan diversos avatares de un matrimonio que se rompe. Los protagonistas remarcan esta idea dirigiéndose al público; cada sketch está absolutamente diferenciado. Rápidamente, nada más que empiezan con sus parlamentos, uno comprende que el tono se dispone por otros derroteros. Aquí se premia lo ágil, lo sarcástico, la respuesta sagaz en una batalla entre timorata y punzante. Pero no ha terminado aún esa primera escena, cuando se comprende, amplificado por las risas del respetable, que toda sombra de Bergman se ha evaporado. Si ya la película que resumió la miniserie resultaba un tanto anodina por lo común de la temática, aquí se termina de rematar con una especie de anestesia en las actitudes de los dos personajes. Ni la confesión de que él tiene una amante, ni el desapego hacia las hijas, ni siquiera la firma del divorcio parecen atormentarles. Es como si se hubiera mezclado la dicción porteña entre chisposa y ocurrente, con la moral protestante de los suecos aceptando su devenir inexorable. Sigue leyendo →
Ester Bellver continúa con su creación autobiográfica plasmando con humor los avatares entreverados de su vida
La mujer y su cuerpo desnudo que se presentan delante de nosotros amalgaman una vida que da valor a los vaivenes de los cómicos. Ester Bellver (la temporada anterior la disfrutamos en el Rinoceronte) se convierte en una juglar anunciando su propia obra por el barrio, pintando rombos ─el logotipo que da pistas a los futuros espectadores para que encuentren el lugar donde la actriz volverá a vivificar su relato─ recurriendo artesanalmente a un proceso pleno de creación que ejemplifica absolutamente el tiempo que les ha tocado vivir a estos artistas y que recuerda tanto a otras épocas. La Bellver suma y sigue; son ya varios años con su protAgonizo a cuestas, una historia construida con muchos mimbres de aquí y de allí. Y esa es la primera virtud que uno puede resaltar de la función. No es un monólogo de soniquete machacón, sino un espectáculo entre lírico y nostálgico, entre infantil y maduro, entre las capas del tiempo y sus rendijas de emociones diversas, y mucho recuerdo que se cuela por sorpresa, y también humor, a veces triste, y un hilo de poesía que lo recoge todo. Sigue leyendo →
Israel Elejalde y Bárbara Lennie llevan la ruptura de su compromiso hasta el paroxismo interpretativo
Foto de Josep Aznar
Sabes que no hay vuelta atrás, que todo ha terminado, pero que es absolutamente imposible deshacerse de un sentimiento tan profundo y orgánico como un amor pergeñado durante tanto tiempo; ese amor te constituye, te estructura y, ahora que se ha podrido, no es un tumor que se pueda extirpar. Aun así, Israel Elejalde, investido de sí mismo, situado en la esquina más alejada del tatami antes de un combate en el que ni por un instante se van a llegar a tocar, aunque sus pieles estén alerta, comienza a traducir en palabras, durante casi una hora, el lenguaje de su cuerpo. Esta es una obra lingüisticorporal. Las entrañas, los pechos, los corazones, el semen y la sangre, los huesos, los síntomas de la enfermedad de tan difícil diagnóstico, propenden hacia la desnudez hasta que llegan a coronarse como narcisistas, como aves del paraíso. Su lenguaje verborreico se traza con versos octosílabos, rápidos, extenuantes, como un romance con rima asonante en los pares trastocado para la ocasión, aunque luego se acoja al verso libre como si fuera un torrente a lo Walt Whitman. Elejalde expone todas sus capacidades interpretativas y dispone la disertación creada por Pascal Rambert (con la inestimable traducción de Coto Adánez, que ha conseguido un trabajo magnífico) a través de la hipérbole, de la constante recursividad (también está pensando en el público, evidentemente), vuelve una y otra vez sobre los mismos subtemas con angustia, repitiendo tajantemente sentencias que gradualmente parecen autoafirmarlo. A esto le añade figuras como la preterición (acusa a su mujer de todo aquello que anteriormente había negado que haría) o el reiterado paralelismo en una sintaxis que se descoyunta por momentos. Pero es la metáfora, la concatenación de metáforas sobre el amor esparcido celularmente por todo su cuerpo en un lenguaje sanguíneo, una alegoría que pretende alcanzar el horizonte de la verdad. Nuevamente es el arte, gracias al texto de Rambert, el que demuestra que es el discurso que más se puede acercar a la expresión del sentimiento real. De toda esta amalgama, Israel Elejalde, como actor, sale triunfante. Continúa, de alguna manera, la senda abierta con su interpretación en La fiebre, aunque aquí el punto de abstracción y disolución en el entramado textual que consigue durante tanto tiempo es capaz de imponer un silencio seco en toda la platea. Sigue leyendo →
En un aeropuerto sin estrenar, dos hombres desvelan su verdadera identidad en una lucha dialéctica
Foto de David Ruano
Según crece la población mundial, así aumentan los no-lugares, esos espacios, según los define el antropólogo Marc Augé, de simple transitoriedad, sin entidad suficiente. Si es un aeropuerto y, encima, está sin estrenar, la idoneidad para que no ocurra nada y, a la vez, todo lo que debería importarle al planeta, es máxima. En Bangkok, el thriller teatral escrito y dirigido por Antonio Morcillo, dos personajes se encuentran en la sala de espera de un aeródromo de esos que aún aguardan a los aviones en nuestro querido país de la abundancia. El primero es un señor mayor, alguien despistado que aún no comprende por qué no ha recibido el aviso para despegar hacia la capital de Tailandia. Fernando Sansegundo, con una energía ruda que no cesa apenas en la función, se pregunta qué ocurre y, el otro, un joven encargado de lanzar a los halcones al aire en busca de los sisones antes de que estos se cuelen dentro de los motores, le responde que ha sido estafado. Dafnis Balduz consigue interpretar su papel con esa naturalidad destinada al despiste. Ambos ofrecen, sin duda, una demostración de versatilidad actoral. Sigue leyendo →
Àlex Rigola lleva a Lorca hacia la esencia de su intimidad en una propuesta sublime, con exquisito cuidado y detalle
Adentrarse en una obra como El público y en un autor como Lorca, en esa etapa que inició allá por 1929 hacia el surrealismo, implica una ensoñadora aventura que busca la intimidad de alguien en constante huida. No debemos hablar, en concreto, de lo que cuenta el texto, sino más bien de lo que quiere expresar. El público posee tantos estilos como capas se imbrican en la escena; desde su lenguaje conceptista, barroco, de evocaciones oníricas, que configura el mimbre del resto de niveles, hasta el metateatro, no solo porque se representa otra obra, Romeo y Julieta, sino porque se habla del hecho teatral, como si los personajes fueran críticos de su propio oficio, pasando por saltos en el tiempo y el espacio repletos de un sensualismo que hiere entre la manifestación sincera, la evidencia del amor en los hombres y la defensa de las pulsiones. Es, en definitiva, un cuadro cubista, una deconstrucción del mundo lorquiano y, en manos de Àlex Rigola, una experiencia estética montada con exquisito cuidado y detalle. Sigue leyendo →