Trabajos de amor perdidos

Una comedia, escrita por Shakespeare en su primera etapa, sobre los conflictos entre la razón y el amor

Trabajos de amor perdidos 007No es fácil enmendarle la plana a Shakespeare, si es que debe hacerse, aunque con todo derecho, pienso yo, cualquier autor puede intervenir en las obras archiconocidas de otros. En esta ocasión se nos ofrece un Trabajos de amor perdidos recortado, simplificado, edulcorado y hasta tergiversado en su final para darle otro aire. ¿Se logra el cometido? En cuanto a la reducción, pues, ciertamente, es más compleja la tesis defendida y el lenguaje empleado por el bardo que la trama en sí, un enredo no tan logrado como en otras de sus posteriores comedias, por ejemplo, Medida por medida, pero con dos horas es suficiente. La premisa de la que partimos es clara. El Rey de Navarra ha decidido, junto con sus caballeros, retirarse al estudio filosófico durante los próximos tres años, para lo que ha impuesto una serie de estrictas normas, entre las que se encuentra permanecer sin contacto alguno con las mujeres. Sigue leyendo →

Placenta

Recorrido vital de una joven el día que España quiso reclamar la mayoría de edad

Foto de Alicia López
Foto de Alicia López

Si para algo debe servir un Festival como el Surge es para comprobar hasta qué límite están dispuestos los creadores a tocar. En este caso, Julio Provencio presenta su obra Placenta en el Teatro Guindalera. Digamos que es el claro ejemplo de alguien que ha escrito una historia, que tiene estipulado lo que quiere contar, de dónde quiere partir y adónde quiere llegar, pero que ha sido «víctima» de ciertas convenciones que no le han permitido dar cuenta de todas sus concepciones. Placenta se basa prácticamente en el esquema de las tragedias clásicas. Cumple con las tres unidades tal y como Aristóteles lo expuso en la Poética. Contamos con una única acción destinada a la catarsis. Una joven procedente del País Vasco, huérfana de madre y con un policía nacional como padre, llevan un tiempo viviendo ya en Madrid después de verse obligados al exilio por las presiones terroristas. La protagonista es apaleada en una carga llevada a cabo por los antidisturbios durante las concentraciones del 15M en 2011; magullada y dolorida recibe el socorro de una vieja prostituta con quien mantiene una entrevista reveladora. La unidad de tiempo es evidente, aquella famosa fecha de las reivindicaciones políticas en España. Mientras que la unidad de espacio es el entorno casi callejero de la vivienda donde vive la meretriz. Sigue leyendo →

Aquiles y Pentesilea

De cómo el amor puede frenar las ansias guerreras a las puertas de Troya

Foto de marcos G punto
Foto de marcos G punto

El Centro Dramático Nacional ha decidido reponer la obra que compuso en los 90 Lourdes Ortiz. Un texto este de Aquiles y Pentesilea que, apreciado sobre las tablas, enseguida se adivina que el espacio se le queda pequeño, no solo porque participen en la función trece actores sino porque la acción queda demasiado encorsetada en la Sala Francisco Nieva. Los dos bandos enfrentados, las amazonas contra los griegos, las mujeres contra los hombres, el amor contra la guerra, se miran frente a frente sobre la arena con la furia de aquellos que reconocen en su ser la hybris guerrera, pero, en el caso de Aquiles y Pentesilea, también pulsión erótica. Ocurre que en la disposición de los elementos, del contrabalanceo de las fuerzas, uno espera que el liderazgo de los protagonistas conlleve la suficiente energía como para contradecir las tradiciones y los designios; es decir, se aguarda a un héroe como el de los pies ligeros, no solo enamorado, sino, también, seguro de su porvenir con esa mujer; pero no es el caso. Sigue leyendo →

La lista

La Sala Cuarta Pared lleva a escena este premiado monólogo de la dramaturga Jennifer Tremblay

La lista - fotoCada uno se las compone para conducirse en la vida. El número de personas que recurre a las listas en este devenir tremebundo y agitado debe ser infinito. El uso de todas esas citas, recuerdos, propuestas o encargos, también tiene multitud de usos; uno de ellos, quizás el principal, es postergar aquello ineludible que en algún momento se apuntó. «Llevo una lista rigurosa / detallada / la sigo al pie de la letra / y más desde que…». Escrito como si fuera un poema en verso libre, un chorro de ideas y pensamientos que buscan ordenarse, como una oda whitmaniana al olvido de las cosas importantes, a esos bloqueos mentales como surgidos del inconsciente para revelarse en catástrofe. Algunos dirían que para provocarse cambios abruptos imprescindibles antes de caer en el desconcierto o en el tedium vitae. Una mujer de unos treinta y cinco años que ha decidido marcharse a vivir fuera del mundanal ruido pasa los días cuidando de sus tres vástagos, en el transcurrir de unas semanas, unos meses y unos años que se van calcando unos a otros. Sigue leyendo →

El jurado

Un montaje, repleto de ritmo, muestra las disquisiciones morales de los ciudadanos que configuran un jurado popular

Foto de Luis Castilla
Foto de Luis Castilla

Acudir a una función como El jurado con prejuicios lógicos sobre este tipo de obras, ya se sabe ─aparición de todos los tópicos y prototipos de nuestra sociedad con un fin claramente aleccionador acerca del papel de la justicia─ y salir no ya solo satisfecho de su habilidad y agilidad, sino reconfortado con que, desde ciertas perspectivas, todo es aún peor. Acotando la obra dentro de un contexto que se circunscribe a lo judicial, al entramado que se conduce a través de dilemas (en apariencia), que se pretende realista y hasta racionalista, se exprime virtuosamente tanto en el propio texto como en la dramaturgia que ha dispuesto su director Andrés Lima. No es fácil escribir un caso que como tal no se expone ─al menos de forma concisa─ y, a la vez, trazar unos diálogos en los que se dibuja un recorrido donde cada sesgo cognitivo y cada pecado oculto de los nueve participantes en el jurado, es una quiebra por la que el interfecto (desde luego, no presente) pasa de presunto culpable a presunto inocente y a no se sabe qué más. Conseguir esto sin caer en lo demagógico es verdaderamente complicado, máxime cuando debes proponer un acto teatral que persuada al respetable, es decir, debe contener personajes que sean difusos en el estereotipo (sin estereotipos no se puede construir un thriller así). Por eso, Luis Felipe Blasco Vilches (de quien recordamos su obra política El encuentro) ha situado a unos tipos que si bien ocupan un lugar dentro de la variedad social de nuestra época, se manifiestan en una línea de cinismo que va desde la plena vastedad, hasta la torticera manipulación, pasando por la inocente ignorancia de quien repite lo que ha escuchado a alguien en otro lugar. Sigue leyendo →

Quijote. Femenino. Plural

Un tributo a Cervantes y a las mujeres que pueblan las aventuras del ingenioso hidalgo

quijote-2Entre los homenajes que ha recibido don Miguel (quizás en escena es donde mayor consideración se le ha tenido) está este Quijote. Femenino. Plural; una pieza llevada a cabo con mucho cariño, se nota, que sin mayores pretensiones, pienso yo, cumple eficazmente con esa visión teatral del cuidado por las viejas usanzas, por la cercanía, por el entretenimiento bien entendido, por lo didáctico, lo instructivo y lo agradable. Aquí no hay un gran montaje, pero sí dos actrices que durante una hora te sumergen en la remembranza de ese mundo imaginario que todos debemos conocer. Las mujeres que aparecen en las páginas de El ingenioso hidalgo… recobran vida en un relato que a turnos, pero sin caos, van exponiendo las dos juglaresas, las dos Marías que, inicialmente, a modo de preludio, nos introducen en sus avatares (metaliterarios) como cómicas en nuestros días. Lo interesante comienza en el mismo instante en el que sacan de un baúl a la primera muñeca, a la gran protagonista, Sanchica, encomendada por su madre a seguir al tozudo escudero al que parece que pronto, también, se le irá la cabeza. De esta forma, muñecas en mano, Ainhoa Amestoy y Lidia Navarro inundan un espacio escénico prácticamente vacío con sus movimientos, sus bailes y sus gestos. La primera, escritora a la sazón del texto, más tendente en su interpretación a la ingenuidad, a cierta dulzura infantil y algo a rebufo de su compañera, que se muestra más experimentada, con mayor gracia en la disposición del cuerpo, más volcada en marcar y hasta caricaturizar con su potente voz y su rostro las emociones de los personajes. Desde luego, lo importante es que funcionen rítmicamente ambas y eso lo logran con creces. Sigue leyendo →

Así que pasen cinco años

El grupo Atalaya vuelve a dar una lección estética en su versión de la obra lorquiana

Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

Después del buen sabor de boca que nos dejó su reciente Madre Coraje, ahora los de Atalaya se han plantado en el Centro Dramático Nacional con una mirada sobria y onírica sobre uno de esos textos de teatro imposible de Federico García Lorca. También este año hemos podido disfrutar ─y lo hemos contado por estos lares─ de El Público, con una visión del simbolismo lorquiano absolutamente diferente del que aquí, con Así que pasen cinco años, ha imaginado Ricardo Iniesta. Escorado hacia una estética, por un lado, expresionista, donde la arquitectura se maximaliza y las escaleras conducen hacia la nada o el vacío y, por otra, hacia Magritte: objetual, directo y metafórico. Cuando la función se vuelve aún más onírica, también podemos encontrar esas líneas de fuga que imprimió Orson Welles en su adaptación de El Proceso. Partimos, por lo tanto, de una escenografía con pocos elementos, pero de una funcionalidad evidente, que juega con el beneficio de una iluminación donde Miguel Ángel Camacho ha sabido provocar nuestra atención. Es una virtud de esta compañía la capacidad para dinamizar los textos cuando se ponen en escena, aprovechando todos los espacios posibles de tal forma que nada entorpezca el paso de un acto a otro, de una escena a la siguiente. Lo vemos, por ejemplo, cuando aparecen delante del telón el niño y la gata, para después adentrarnos de nuevo en ese despliegue de escaleras dobles, de armario de espejos donde se multiplican las personalidades reflejadas o de los objetos que se reparten por el suelo como las tijeras, como símbolo de impotencia en el más amplio sentido del término. Sigue leyendo →

Celestina

José Luis Gómez se encarna en la vieja alcahueta para ofrecernos una función llena de aciertos

Celestina - FotoAunque se haya discutido mucho acerca del género al que pertenece la Tragicomedia de Calisto y Melibea ─podemos considerarla una comedia humanística destinada a ser leída en voz alta─, sea drama o novela, el caso es que contiene una serie de dificultades rítmicas que en escena son difíciles de solventar. Digamos que la trama se evade, que se va por los cerros de Úbeda en un intento profuso por caracterizar unos modos de vida que la convierten en una obra transgresora. Debemos ser conscientes de que la grandiosidad de La Celestina radica en el foco que Fernando de Rojas establece sobre la clase social más baja de la sociedad. Aceptamos que el primer acto, en verdad, es anónimo (también aquí continúa la discusión, aunque se da casi por seguro); y, en el resto, vemos cómo enseguida cobran vida los criados de los señores y, sobre todo, la vieja alcahueta, digna sucesora de la Trotaconventos creada por el Arcipreste de Hita. La puta Celestina es un personaje grandioso de la literatura universal que recoge en sí los gérmenes de la picaresca y las habilidades donjuanescas, puestas al servicio del amor y la lujuria, también de la avaricia, pero, sobre todo, del juego. En nada disfruta más la zurcidora de virgos que repartiendo cartas, disponiendo las fichas y moviendo a su antojo a sus marionetas en su fruición lúdica. Sigue leyendo →

Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín

Una farsa agridulce sobre el amor desigual, superada por el ingenio de su protagonista

Foto de David DíezAl paso que vamos en esta temporada, cualquiera que se haya aproximado a estos tres enormes Lorcas que hemos disfrutado, unos de teatro irrepresentable (El público y Así que pasen cinco años), y, este (Amor de Don Perlimplín…), una pieza engañosa, habrá recompuesto sus prejuicios sobre el teatro del granadino después de tanto ver representar su «Ciclo trágico». Su obra dramática, como ha quedado demostrado, da para todo, en ese afán por mezclar lo popular y lo vanguardista, por trabajar sus temas predilectos como son la muerte, el tiempo y el amor, hasta de la forma menos propicia como es la farsa. Lo primero que debemos celebrar de esta propuesta es la versión que ha ideado Alberto Conejero. Cierto es que el texto podía quedar un poco rácano y era una buena oportunidad para darle aún más vuelo. Por eso entramos inicialmente con el Poeta (encarnado por Kees Harmsen, con un nerviosismo que se torna instantáneamente espontaneidad), que nos introduce, como si fuera un presentador con cierto aire periodístico, los avatares que en su momento vivió la susodicha pieza para intentar representarse; luego, además, se han querido incrustar unos fragmentos del Retablillo de don Cristóbal, un acierto inconmensurable que le da un tono alocado, onírico y humorístico a la obra, que el espectador agradece enormemente. Porque si bien la trama parece bien sencilla, las láminas que la componen son múltiples. Tenemos un caso de matrimonio desigual. Sigue leyendo →