Chela De Ferrari ha creado una versión impetuosa del clásico chejoviano con la participación de actores invidentes

Junto con el Tío Vania, La gaviota se ha asentado como el clásico de la época contemporánea hiperexplotado en los últimos tiempos (y lo que queda de temporada). Eso sí, hemos asistidos a planteamientos verdaderamente peculiares. Simplemente recordemos tres: el de Oskaras Korsunovas, el de Rigola y el de Cyril Teste. Ahora, Chela De Ferrari propone un atrevido juego de espejos donde la invidencia y la visión se conjugan para destinarnos a un esfuerzo generoso de imaginación.
En las capas de integración artística se incluye la autodescripción no solo para aquellos que la requieran en sus oídos; sino, por momentos, para todos los presentes en un modo de recordar que el teatro, como así lo refleja su etimología, es el lugar al que se acude a ver. Por eso resulta chocante ─luego comprenderemos el coherente sentido─ que la escenografía de Alessio Meloni se desmonte en los primeros instantes. Macarena Sanz, en su infalibilidad como actriz, aparece como regidora. Le impone gracia y muchísima agilidad a la obra en esa labor metateatral que tan bien funciona en el engranaje. Su aporte es una gran idea de la directora para guiar, para ser suave Lazarillo.
En el espacio vacío, oscuro, la metáfora no hace falta explicarla, se situará Kostia, que es, sin duda, el personaje con más atrayente del montaje. Eduart Mediterrani me ha parecido extraordinario en la transmisión de su ansiedad, del sofoco vital con esas relaciones tan tortuosas. Primeramente, con su madre, una veterana actriz, exitosa, pero anticuada, que nos deja a una Lola Robles, con un rictus imponente en su seriedad, que provoca un choque totalmente verosímil. La otra relación controvertida de nuestro gran protagonista será con Nina, una joven provinciana, inexperta, que se ve, inicialmente arrastrada a interpretar la performance vanguardista que ha ideado su novio. Belén González del Amo sale briosa de este primer trance elaborando ese discurso modernista frente al micrófono y con la maravillosa máscara que le ha encajado Anna Tusell. Después, pienso que a la intérprete la dejan un tanto a la intemperie, sin asideros. Uno debe entender la peculiar forma de expresarse de las personas invidentes, la gestualidad tanto del rostro, como de las manos, eso es evidente; no obstante, se la observa, en ciertos instantes, algo sola. Más tarde, le toca, además, desarrollar una de las escenas más caóticas de la función. Momento en el que se «enrolla» con Boris Trigorin, ese escritor tan atractivo y que es pareja de Arkadina, un don Juan antojadizo que aprovecha la coyuntura. Él sí ve ─en este espectáculo se integra absolutamente la peculiaridad dentro del libreto─ y la seduce, y la arrastra por distintos lugares entre la fiesta con bastante desorden e inconsistencia. Desde luego, Agus Ruiz tiene el porte necesario; aunque, lógicamente, resulta discordante con el resto, quienes discurren de otra manera.
Después, los demás personajes encuentran su hueco especial, pues algunos discursos poseen la independencia suficiente como para que la escucha se paladee mejor. Así, por ejemplo, Miguel Escabias, que encarna al médico, a Eugenio, encuentra un tono sentencioso realmente confortable. Mientras que Domingo López y Emilio Gálvez, hacen de maestro y de tío respectivamente. Surgen desde las gradas, entre el público, en la primera escena para alentar esa atmósfera de dudas y de melancolía que permea en todo el espectáculo. Por otra parte, me ha resultado muy vivaracha y pujante la Mascha de Patty Bonet. Es una actriz con un control espacial notable. Cierran el elenco la rudeza de Antonio Lancis, que se transforma en sirviente, y el encanto de Paloma de Mingo tomando a Polina. No podemos olvidarnos, en cualquier caso, del DJ; porque aquí la música que pincha (y que ha creado originalmente) Nacho Bilbao es muy importante. Y hasta él se ve «obligado» a saltar a la jarana que se pegan todos. Es una delicia contemplar cómo bailan, abducidos por el desenfreno y el alcohol. El karaoke con Camilo Sesto es memorable. Reconozcamos que la letra de «Vivir así es morir de amor» es innegablemente el argumento de La gaviota. Un gran encaje, un divertimento irónico entre tanta tristeza e intensidad, con esas pullas que se lanzan, tan gustosas, sobre su invidencia. Es reconfortante verlos disfrutar.
La resolución de la obra es otro hallazgo de la directora. Kostia toma las riendas con una seguridad apabullante como un último hálito de pundonor. Se han despojado de sus vestimentas decimonónicas. Aguardan sentados en círculo, como si asistieran a una sesión de terapia. Hay diálogos cruzados, narración, pensamiento, regreso al hogar junto al lago y, sobre todo, transcurrir de la vida. La concentración dramática es máxima. Es una escena sencilla; pero transcurre con una organicidad magnífica que logra cerrar una propuesta sobresaliente.
Texto: Antón Chéjov
Adaptación y dirección: Chela De Ferrari
Dramaturgistas: Luis Alberto León y Melanie Werder
Reparto: Patty Bonet, Paloma de Mingo, Miguel Escabias, Emilio Gálvez, Belén González del Amo, Antonio Lancis, Domingo López, Eduart Mediterrani, Lola Robles, Agus Ruiz, Macarena Sanz y Nacho Bilbao
Escenografía: Alessio Meloni
Iluminación: David Picazo
Vestuario: Anna Tusell
Música original y espacio sonoro: Nacho Bilbao
Sonido: Kike Calvo
Vídeo: Emilio Valenzuela
Coreografía: Amaya Galeote
Asesoría en accesibilidad: Lola Robles
Ayudante de dirección: Adrián Saba
Ayudante de escenografía: Mauro Coll
Ayudante de vestuario: David de Gea
Apoyo en inclusión: Mónica Arenas y Sandra Gamero
Diseño de cartel: Emilio Lorente
Fotografía y tráiler: Bárbara Sánchez Palomero
Construcción de escenografía: May Servicios, Readest y Moquetas Roldán
Construcción de gaviota: Miguel Infante (Utilería-Atrezo S.L.)
Confección de vestuario: Gabriel Besa y Matías Zanotti
Realización de máscara: Eleni Chaidemenaki
Alquiler de vestuario: Peris Costume
Producción: Centro Dramático Nacional
Teatro Valle-Inclán (Madrid)
Hasta el 10 de noviembre de 2024
Calificación: ♦♦♦♦
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Un comentario en “La gaviota”