La señora y la criada

Un Calderón apenas conocido en una propuesta escénica de aire italiano que Miguel del Arco promueve con gran desenfado y dinamismo

Foto de Sergio Parra

Llevar una comedia palatina, ingeniosa y tópica a partes iguales, intrascendente en cuanto que todo propende al tradicional desenlace feliz; pero, a la vez, evidenciadora de luchas políticas y amorosas bien sustanciales; de esta forma tan vivaz, demuestra un enorme mérito por parte de todo el grupo y, principalmente, de Miguel del Arco. El director ha demostrado con creces su capacidad para aunar espectacularmente elementos diversos de la cultura y de la dramaturgia para sintetizarlos en montajes llamativos. La versión de Julio Escalada respeta mucho el lenguaje calderoniano (con dobles sentidos altamente jocosos) e interviene el texto reelaborando mínimamente algunas caracterizaciones que, después, Del Arco remata con una acentuación de los gestos, de las carnalidades y de las exageradas intemperancias de varios personajes. Ahora, lo que auténticamente nos entretiene y nos produce atracción es exactamente la criada, Gileta. Porque el enredo de parejas pertenecientes a la nobleza italiana tiene poco de original, pues se quiere resolver con un habitual juego de equívocos. La cuestión es que Alba Recondo se convierte en la estrella de la función al caricaturizar con desparpajo a esa rústica libidinosa, lúbrica y sicalíptica que ríe con gruñidos. Metamos en la coctelera la corporalidad italiana de Sofia Loren o de Anna Magnani, salpimentemos con un poco de Antonia San Juan y ensoñémonos con Terelu Campos en la deglución de un grasiento churro. Todo el argumento parece accesorio a los devenires de esta tipa grotesca, procaz y tan divertida. Convoca anacronismos buscando el divorcio de su malhadado esposo, un tal Perote, que Mariano Estudillo acoge con esa desesperación de tener que soportar a una casquivana que a cada requiebro le puede insertar los toriles en la cocorota. Antes hemos conocido a Crotaldo, heredero del ducado de Mantua, que está locamente enamorado de Diana, hija del duque de Parma. Alejandro Pau combina con pericia las artes donjuanescas con temores infantiles al verse emparejado —hasta que las disputas políticas se resuelvan—, con su prima Flor, que encarna Aisa Pérez, con sarcasmo empoderado y con la furia que expresa en la cachonda escena de la caza. El amor dolido, petrarquista y ansioso, está alojado en Diana, una Irene Serrano ágil y dispuesta a jugar sus bazas con inteligencia. Los enamorados establecen el consabido baile de las negociaciones amoriles, manteniendo álgido el pulso; con la intromisión del otro pretendiente, Fisberto, el hijo del duque de Milán, al que Pau Quero dota de chulería inofensiva. Mientras, todos ellos pierden algo de protagonismo entre los ires y venires de los criados, colaboradores necesarios y otros intervinientes peculiares. De esta forma actúa Lisardo, un siervo de Crotaldo, fiel en grado sumo, un Víctor Sainz que maneja con astucia su apostura para tontear con Gileta, para raptarla sin querer. Luego tienen sus momentos de gloria tanto José Cobertera (se traviste con folclorismo y chispa en una ragazza), como Anna Maruny, quien, como ama, adopta un «terrorífico» acento austriaco y militar. José Luis Verguizas transforma su Fabio (en realidad, un viejo) en un papel algo más complaciente. El actor invitado —muy conveniente, si no se quiere caer, como en otras ocasiones, en el choque inverosímil que supone contemplar a un joven disfrazado de anciano— es José Luis Martínez, que hace estupendamente de los dos duques, favoreciendo un ramalazo muy cómico con el de Mantua. Es justo reconocer que, en un determinado momento, en el tercer acto, una vez se ha creado el embrollo de las confusiones, se pretende desenredar con unas explicaciones puntuales de Diana (rompen un tanto la cadencia general) sobre la treta que se va a llevar a cabo (devolver a la criada a su ser, fuera de su collar y de su vestido; para que aquella se reintegre en su nobleza). Todo ello para que los padres consientan en casar a cada cual con quien verdaderamente quiera; aunque después, como es tópico en las comedias, se establezcan repentinos enlaces con tal de aumentar el final festivo. Para el espectador, sin lugar a dudas, supondrá una experiencia del todo satisfactoria, porque la puesta en escena está cargada de elementos que fomentan una atmósfera enormemente atractiva y que no permiten ni tomar aliento. Fundamentalmente por la música, pues suena el «Tanti Auguri» de Raffaella Carrà y el reescrito «Mambo italiano», muy a la Carosone para enlazar escenas. El ánimo, así, se mantiene con una predisposición al divertimento, a la dislocación y a la ironía irrefrenable. ¿Se pasa de frenada? Pues un poco; pero es aceptable en esta modernización que nos lleva a la Italia de los 60 y los 70. Además, la escenografía de Amaya Cortaire, un guiño a la Catedral de Milán, con puertas giratorias que nos trasladan a las zonas limítrofes del norte, cumple con sencillez y sin estorbo su cometido. Igualmente, el vestuario de Sandra Espinosa, inspirado por las susodichas décadas, propicia ese aire mediterráneo y desenfadado. Esta es una nueva demostración del gran trabajo que lleva realizando la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico en sus sucesivas etapas y, concretamente a este elenco, que ha expresado su buen hacer en la reciente recuperación de La vida es sueño (en versión de Juan Mayorga) o, la temporada anterior, en El desdén con el desdén. En conclusión, el concepto que Miguel del Arco ha logrado materializar nos depara un disfrute cargado de ingenio y saber hacer.

La señora y la criada

Autor: Pedro Calderón de la Barca

Versión: Julio Escalada

Dirección: Miguel del Arco

Reparto: Víctor Sainz, Alejandro Pau, Aisa Pérez, José Luis Martínez, José Cobertera, Mariano Estudillo, Alba Recondo, José Luis Verguizas, Irene Serrano, Anna Maruny y Pau Quero

Asesor de verso: Vicente Fuentes

Espacio sonoro: Sandra Vicente

Música: Arnau Vilá

Iluminación: Juanjo Llorens

Vestuario: Sandra Espinosa

Escenografía: Amaya Cortaire

Teatro de la Comedia (Madrid)

Hasta el 2 de febrero de 2020

Calificación: ♦♦♦♦

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