El sueño de la vida

La Comedia sin título es completada de la mano de Alberto Conejero en una propuesta que vislumbra la esencia del arte teatral

Foto de Sergio Parra

Un ejercicio imposible que debe materializarse con el ingenio de otro artista. No creo, en absoluto, que deba tomarse El sueño de la vida como una continuación de la Comedia sin título; debe ser más bien un motivo para embarcarse en un proyecto personal ―aunque auspiciado por el espíritu de Lorca―. El resto de especulaciones, mientras no aparezca ningún vestigio arqueológico que lo desmienta, es una tarea inútil. El propio primer acto, el único conservado del dramaturgo de Fuentevaqueros, es ya una especie de incompletud, una mise en abyme, un caos de proclamas y remisiones al teatro como arte que debe trascender en lo político, que debe provocar reacciones en el público. Una clara defensa del denostado binomio Alta Cultura / baja cultura. Así observamos cómo el Espectador 1º se solivianta desde la platea y no aguanta en su butaca: «No he venido a recibir lecciones de moral ni a oír cosas desagradables», esputa César Sánchez; mientras su esposa, inicialmente, se siente abochornada. Cuando se marchan defendiendo el Teatro de La Latina (como un espacio para la escena de puro entretenimiento, que ya no corresponde con nuestra estricta actualidad) se percibe en el respetable la carcajada del clasismo satisfecho. Antes ha irrumpido de improviso, desde su asiento entre los espectadores, Nacho Sánchez, quien se enmascara en el Autor. Sigue leyendo

La tristeza de los ogros

La obra del belga Fabrice Murgia construye el umbroso sufrimiento de dos jóvenes sometidos por la maldad

Foto de Luz Soria

Adentrarse en la conciencia y en el relato de algunos adolescentes que han visto su vida truncada o trastocada por circunstancias adversas es un campo de tinieblas que remite directamente a la experiencia onírica. Por eso es absolutamente acertado estéticamente que Fabrice Murgia haya adoptado esta perspectiva para subsumirnos en dos historias que corren paralelas y que se relacionan conceptualmente; aunque mantienen contextos muy distintos. Lo esencial de este espectáculo es vivificar la atmósfera de perturbación mental, intentar ponerse en la mente de dos individuos que observan la realidad con la misma duda que adoptamos nosotros como espectadores. Lo imaginario y lo real batallan sin cuartel. La verdad del arte, redunda en lo real. Inspirado por los diarios de Natascha Kampusch, aquella niña austriaca que fue secuestrada cuando tenía diez años durante 3096 días por un criminal que se suicidó al poco de que la joven se escapara; y por la biografía de Bastian Bosse, el postadolescente que hirió a varios alumnos en su antigua escuela en Alemania a finales de 2006; para después suicidarse. Sigue leyendo

Iván y los perros

Nacho Sánchez engrandece con su interpretación una historia demasiado infantilizada para el público adulto

«Fue una historia real, la historia de Iván Mishukov, que con solo cuatro años fue consciente de que tenía que escapar de su propia casa, de su madre alcohólica, de su padrastro que lo maltrataba, de los humanos…». Esto lo suscribe el director Víctor Sánchez Rodríguez, quien ha versionado, junto a Juanvi Martínez Luciano, este texto de Hattie Naylor. Podemos aceptar que fue real que se escapara de casa y que sobreviviera en la calle; pero su historia, evidentemente, es la invención de la dramaturga. Por otra parte, ¿qué nos importa? Aquí la cuestión es que lo que presenciamos en escena no es, ni por asomo, verosímil. Es un cuento infantil, lineal y pacato, que pretende evidenciar la bondad de los perros (callejeros, pero no salvajes) y la maldad de los humanos. Debemos contar con que un chaval tiende a olvidar sus experiencias más traumáticas; por lo tanto, es labor de la creadora rellenar lo que supuestamente debió pasar, puesto que no es aceptable dejarlo todo en manos de la memoria del muchacho como si de verdad comprendiera lo que debía o tenía que hacer. Sigue leyendo

He nacido para verte sonreír

Pablo Messiez sube a escena una dolorosa despedida maternofilial escrita por Santiago Loza

Foto de Sergio Parra

¿Qué le ocurre a ese muchacho de mirada perdida que parece disfrutar del bolero que suena en la radio? No sabemos dónde está su pensamiento, pero desde luego no convive con su cuerpo, algo espástico, dubitativo, lento y antojadizo. Nacho Sánchez se recuesta en un mutismo expresivo que marca distancia. El actor, después de su memorable interpretación en La piedra oscura, se cuela en este personaje para otorgarle una gestualidad compasiva a través de un rostro casi congelado en un mundo lejano. Nos seduce desde el principio y nos conmueve hasta el final. Desconocemos qué pudo ocurrirle durante su adolescencia para que ahora un trastorno mental lo incapacite para la comunicación normal. Se deja caer que era capaz de sumirse horas y más horas en lecturas interminables de libros voluminosos y profundos («Eran libros ásperos. Aburridos. No sé cómo llegaste a leer ese tipo de cosas. No toda lectura es saludable. Yo tendría que haberte quitado los libros a tiempo. Sigue leyendo

La piedra oscura

Reponen la exitosa obra de Alberto Conejero sobre la fatídica historia del último amante de Lorca

la-piedra-oscura-foto«¿Cómo vais a vivir el resto de los días?», pregunta retóricamente Rafael Rodríguez Rapún ya muy avanzada la función. Solo frente a un inocentón que no frisa los veinte y que le ha tocado del bando nacional, que apenas lee de corrido y que su vida en la Cantabria de los años treinta había transcurrido en el tajo y la tozuda labor en el campo, solo, digo, frente a un timorato muchacho, Sebastián, como el santo patrón de los gays, que sujeta el fusil con el mismo temblor con el que expele sus palabras, se puede mantener un diálogo áspero, una conversación anodina y hasta una charla emotiva y trascendental para la memoria, la literatura y la dignidad de este país.

La pieza de Alberto Conejero ha logrado concitarnos nuevamente frente a esa colección de tópicos que arrastramos desde que se han vuelto a tratar ciertos temas. Regresamos a la guerra civil, a los bandos, y nos trae de vuelta a ese mártir en que hemos convertido a Federico García Lorca. Son motivos que nos conmueven, que reconocemos cercanos y que atravesamos con esa sensación misteriosa del desvelamiento. ¡Cuántas historias nos quedan por conocer y cuántos relatos aguardan en las cunetas! La piedra oscura pudo ser un drama del poeta, similar a El público, donde trataría de forma algo más sencilla el tema de la homosexualidad, según comenta Ian Gibson. Apoyándose en este hecho, Conejero ha recreado los últimos momentos de Rapún inventándose un encuentro con un joven soldado en un hospital militar. Dos vectores de enganche propician el devenir de la función. Sigue leyendo

Los temporales

Un coach visita a los empleados de una ETT para una sesión que desencadena todo tipo de conflictos internos

Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Ya sabemos que lo último de lo último es que seas feliz en el trabajo. El nuevo mantra ha sustituido aquel otro de que el trabajo dignifica al ser humano (y el stajanovismo fortalece a la patria). Alienaciones. El mundo laboral se ha desencorsetado estéticamente para que te sientas como en casa. Se han tirado las paredes, han llegado los colorines, la música relajante (o acelerante, dado el caso), las ludotecas para mayores con piscinas de bolas, dianas con dardos, mesas de ping pong y de billar, gimnasio. La confraternización profunda con todos tus compañeros como si fuera una secta con propósitos trascendentales. Viste como quieras, todos somos hipsters. Tu jefe es tu colega. Siéntete como en casa. Quédate 14 horas seguidas, somos un equipo (somos tu familia). Cuando el estrés crece en tu interior hasta que te ves sentado frente a un siquiatra recetándote unos ansiolíticos, entonces puede que ya no haya marcha atrás, has quedado atrapado por un modo de vida similar al engranaje de una gran maquinaria. En una muestra de lo que podría ser este ambiente, nos encontramos en una empresa de trabajo temporal. Cuatro empleados reciben la visita de un joven coach, alguien avalado por las ventas de su libro-milagro, de su método de transposición de personalidades, un psicodrama en el que se intercambian los papeles y cada uno debe hacer de su compañero; un sistema, al fin y al cabo, para insuflarles altas dosis de absurda positividad, que es lo que hacen estos mercachifles que se nos cuelan por todos los lados. La cuestión es superar las crisis, fundamentalmente la de Olivia, una mujer desquiciada que ha sufrido un desvanecimiento y que parece dispuesta a tirar la toalla. Sigue leyendo