Amanda T

El Teatro Fernán Gómez acoge un drama que documenta un caso de ciberacoso a una adolescente canadiense

Lo viral es el concepto que implementa un plus —muchas veces estratosférico— a diversos acontecimientos que nos llegan como un eco fulgurante desde lugares que antes resultaban vedados o ignotos. En algún aspecto, las causas de esa viralidad —en ocasiones— nos son desconocidas; otras, sin embargo, son consecuencia de características que bien ha explotado la publicidad. El suicidio de la joven canadiense de quince años Amanda Todd en 2012 fue excepcional precisamente porque su vídeo de despedida en Youtube logró una tremenda repercusión. Lo macabro y, de nuevo, lo irónico en nuestra postmodernidad, son que hasta una agónica declaración de sufrimiento tuviera la pátina del producto pop. Ella misma se había preocupado de grabar su pequeño film de casi nueve minutos utilizando unos carteles —recuerdan, de alguna manera, al videoclip «Subterranean Homesick Blues», de Bob Dylan— que sustituyen las palabras que Amanda podría haber pronunciado. Así ganó en efectividad y capacidad de difusión en otras lenguas, ya que favorecía su traducción. Ante esta circunstancia, uno supone que si este caso debe ser paradigmático del acoso sexual a través de la red, es porque existe una peculiaridad más allá de lo explicado. Pero creo que la función que ha preparado Álex Mañas está repleta de errores, tanto de concepción como de resolución. Primeramente tendrá que reconocer que la escenografía de Marc Salicrú, además de ser bastante pacata y simplona, no se adapta adecuadamente a la Sala Jardiel Poncela; muchos espectadores de los laterales fueron incapaces de leer —tal y como se recrea en la pantalla— los susodichos carteles y otros mensajes. Por otra parte, algo parecido ocurre con ese recurso tan propio de funciones escolares que es escribir en una hoja el nombre de objetos que no llegan a aparecer en escena, como «espejo» o «agua». En otro orden de cosas, la estructura caótica del montaje, con pequeñas escenas sobre la vida de esta muchacha, no terminan de perfilar un personaje que se presume inmerso en una depresión profunda. Greta Fernández lanza sus frases con seguridad y con un tono ingenuo y un cariz sutil; pero no nos trasmite es punto abismal de verdadera desesperación. Y todo ello porque se concede mucho terrero a lo narrado —sobre todo en el epílogo—; puesto que las conversaciones que mantiene no traslucen esa soledad y esa angustia que la llevó al suicidio. Aunque, lo que me parece más destacable negativamente es la colección de personajes que debe interpretar Isak Férriz (un novio, el padre…); entre ellos un profesor de instituto de voz impostada y estereotipado al máximo que roza el ridículo. Esos roles son un desastre en su mayoría y aparecen en exceso. Máxime cuando lo esencial transcurre a través de contactos en distintas webs (la foto de sus pechos que desencadenó todo), con un acosador holandés al que se cree haber identificado, que descubrió datos íntimos sobre Amanda y los publicó. Todo ese mundo virtual es de enorme importancia para atisbar el retrato psicológico de alguien que es engañada por medios que hasta hace poco eran inéditos —además de la relación con sus padres, sus escapatorias a diferentes ciudades y el bullying en su instituto. Por otro lado, tengamos en cuenta que el aislamiento de esta chica frente al ordenador ocuparía la mayor parte de horas de su día a día. Esa introspección catastrófica no la encontramos en este drama; es más, en algún momento, hasta se suaviza con algún guiño cómico, como pedirle a un espectador que construya un vaso. Hace bien poco disfrutábamos de La tristeza de los ogros, de Fabrice Murgia, y justamente los recursos escenográficos lograban esa manifestación de la oscuridad y el desamparo en habitaciones asfixiantes delante de una pantalla. En definitiva, pienso que para ser teatro documental, Amanda T produce confusión; cuando, paradójicamente, su historia viene reseñada en miles de páginas de internet. Si alguna utilidad ética y estética debiera tener esta propuesta dramatúrgica es la de contactar íntimamente con los sentimientos de una adolescente maltratada sin fin y que nos debe servir de ejemplo para señalar que los nuevos medios también han traído nuevos horrores. Al menos reflexionemos sobre la deshumanización que expelen estos ambientes.

Amanda T

Dramaturgia y dirección: Álex Mañas

Reparto: Greta Fernández y Isak Férriz.

Ayudante de dirección: Paula Mariscal / Sarah Lena.

Escenografía: Marc Salicrú

Vestuario: Marina Soteras.

Diseño de luces: Marc Salicrú

Fotografía cartel: Kiku Piñol.

Comunicación y prensa: Anna Bellorbí.

Proyecciones-grafismo: Sergi Rejat.

Proyecciones-edición: Lola Errando

Producción ejecutiva: Helena Font y Gina Aspa.

Producción: En Cursiva y Álex Mañas.

Jefe técnico de la compañía: Rubén Homar

Jefe técnico en Madrid: Andrés Conesa

Carteles y papel: Núria Pagès y Gina Aspa

Teatro Fernán Gómez (Madrid)

Hasta el 29 de abril de 2018

Calificación: ♦♦

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