El ángel exterminador

Blanca Portillo dirige una versión sobre la cinta de Buñuel más festiva y espectacular que surrealista

Foto de Sergio Parra

Hace un par de años asistíamos a una versión de esta misma obra recogiendo el título de aquel cuadro de Gericault, La balsa de Medusa, en el que se inspiró Buñuel; un montaje mucho más coqueto, aunque seguramente más efectivo que este que nos presenta Blanca Portillo. Tanto su perspectiva como la versión de Fernando Sansegundo sobredimensionan el film de 1962 para trasladarlo a la actualidad en un teatro, el Español, en absoluto idóneo para que los espectadores lleguen a adentrarse en la asfixia absurda de sus protagonistas. Para empezar, señalaremos varios hándicaps que entorpecen la función. Primero, los personajes quedan lejos, más de lo debido; puesto que se recluyen tras dos mamparas que el escenógrafo Roger Orra, a quien hay que valorar por el espacio grandioso —todo un salón de diseño contemporáneo, luminoso y amplio—, ha situado en el medio de las tablas y que me parecen un error garrafal por dos razones. Una, porque evita que la voz llegue clara a nuestros oídos; y otra, porque anula uno de los símbolos primordiales de la atmósfera que imaginó el cineasta, ese velo invisible, esa cuarta pared que, sin saber muy bien cómo, bloquea la salida de los comensales. Ya que, como todo el mundo sabe, el argumento es de una sencillez pasmosa, no tanto su interpretación. Un grupo de burgueses es invitado a cenar a una especie de palacete tras salir de la ópera y resulta que cuando llega la hora de marcharse, una extraña fuerza les impide largarse. Es probable que el hecho de que teatralmente pudiera caerse en el tedio, al ver cómo poco a poco se degradan las formas y las convenciones de individuos tan educados, haya llevado a Sansegundo a dar mayor presencia a lo que ocurre en la calle. He de reconocer que lo que transcurre en el pasillo me parece torpe, máxime si una especie de encarnación del ángel exterminador se sienta entre los espectadores molestándolos cada vez que busca su sitio. Por otra parte, los diálogos del policía, interpretado por Juan Calot y otros personajillos, no aportan gran cosa. El actor está mucho mejor como juez, puesto que juega simbólicamente como tipo cabal en esa feria de las vanidades. Por otra parte, se percibe una intención más lúdica en esta propuesta, despojada de surrealismo (lo onírico está desaparecido) y de algunas de sus metáforas más potentes, como la aparición de las ovejas y de los osos. Se han buscado guiños más complacientes para homenajear al genio aragonés, como el sonido de los tambores de Calanda o el cerrado acento maño de una sirvienta. Igualmente los invitados se adentran jugueteando a congelarse como si se quisiera suavizar el futuro drama; por cierto, les falta tono aristocrático, algo pijos y nada más (ahí la crítica social se resiente). También, ciertas puntualizaciones sobre la situación en la que se encuentran, sus divagaciones sobre la posible justificación de tal acontecimiento, rechinan un poco. Entre los aciertos, las recurrentes repeticiones de escenas y de acciones; el epílogo en el rezo del Te Deum, con botafumeiro redentor suspendido del techo y, sobre todo, un conjuntado elenco repleto de pinceladas de buen hacer. Valga destacar a Víctor Massán, un imponente mayordomo que sostiene esa posición intermedia entre el personal de servicio —que abandona con instinto el barco antes de que se hunda— y la firmeza de aguantar y cumplir con su deber. Luego, entre los invitados, me ha parecido magnífico Daniel Muriel como Casanova impetuoso. O Alberto Jiménez, lanzado hasta el patetismo. También fenomenal Francesca Piñon, una anfitriona pelín casquivana. Sin olvidarnos, de Alex O’Dogherty, en un papel más meditado y sostenido que otros suyos, como médico que lucha por la supervivencia de esos imprevistos pacientes. En general, como he afirmado antes, la dirección de actores y sus interpretaciones poseen gran solvencia; al fin y al cabo es un grupo de gente experimentada en estas lides. El ángel exterminador sigue causando interés, su alegoría indaga en la vaciedad existencial de la alta burguesía, con tintes religiosos; pues su hipocresía y su alejamiento de la virtud merecen un castigo ejemplarizante. Es necesario despojarlos de sus vestimentas —aquí el trabajo de Marco Hernández es pertinente para denotar el nivel económico—; para observarlos fuera de la cobertura que da la cortesía y el saberse libres de cualquier tipo de precariedad. Extraer su esencia sometiéndolos a las mismas desdichas de hambre, sed, frío y de la falta de espacio que sufren los de abajo. Sí, ciertamente, el montaje que nos muestra Blanca Portillo es demasiado largo y decepciona en algunas de sus decisiones artísticas; pero también es verdad que contiene un pulso espectacular irreprochable.

El ángel exterminador

De Luis Buñuel

Dramaturgia: Fernando Sansegundo

Dirección: Blanca Portillo

Reparto: Hugo Alcaide, Dani Muriel, Juan Calot, Alfredo Noval, Inma Cuevas, Alex O’Dogherty, Abdelatif Hwidar, Francesca Piñon, Ramón Ibarra, Cristina Plazas, Alberto Jiménez, Camilo Rodríguez, Juanma Lara, Irene Rouco, Víctor Massán, Mar Sodupe, Anabel Maurín, Mª Alfonsa Rosso, Manuel Moya y Raquel Varela

Escenografía: Roger Orra

Iluminación: Juan Gómez Cornejo

Vestuario: Marco Hernández

Espacio sonoro: Mariano García

Fotografías y cartel: Sergio Parra

Ayudante de dirección: Carlos Martínez-Abarca

Ayudante de iluminación: David Hortelano

Ayudante de vestuario: María Arroniz

Una producción del Teatro Español

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 25 de febrero de 2018

Calificación: ♦♦♦

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.