El alcalde de Zalamea

Un elenco de altura representa la obra de Calderón con verdadera profesionalidad

El-alcalde-de-Zalamea-31Ciertamente ha sido una forma inmejorable de recomenzar en el Teatro de la comedia que, aunque se va a quedar pequeño para muchas de las representaciones que se piensan acometer, no hace más que dar un marco a medio camino entre un imposible corral de comedias y un espacio absolutamente contemporáneo en el que abordar las obras de otra manera. El alcalde de Zalamea, por lo tanto, abre la temporada de la Compañía nacional de teatro clásico. La obra, que seguramente, se llamara originalmente El garrote más bien dado, según aparece en una colección de dramas calderonianos de 1651, cuenta, como es sabido, la historia de unos tercios que llegan al pueblo de Zalamea. Entre ellos se encuentra el caballero don Álvaro de Atayde que se encapricha de la hija de un villano de nombre Pedro Crespo, quien ya investido alcalde debe hacer justicia por el trato vejatorio que se le ha dado a la joven, Isabel.

En la poco intervencionista versión de Álvaro Tato que dirige Helena Pimenta, observamos una propuesta estética ruda pero efectiva, con momentos espectaculares que aportan un dinamismo y un color extraordinario a un texto que se recrea, en exceso, en el tema de la virtud y el honor: los pelotaris que preludian la función golpeando su pelota imaginaria contra un muro enormemente simbólico; el movimiento coreografiado y ralentizado de las luchas de espada que tan bien ha pergeñado Jesús Esperanza; y los cantes y bailes que van trufando toda la obra, tanto con la cantante Rita Barber, como los barullos del grupo con Clara Sanchis a la cabeza, con La chispa.

Desde luego la escenografía, en apariencia sencilla, es un elemento a remarcar, tanto por ese muro que separa las diversas clases sociales, al que se encaraman los chismosos y las hijas del villano, que debe ser destruido para impartir justicia; como por la arena y las bancadas de los laterales. Visualmente aporta cambios de perspectiva. Otro gran trabajo de Max Glaenzel. Al que se le añaden la labores en la iluminación de Juan Gómez Cornejo y el vestuario sobrio de Pedro Moreno.

Siendo una de las obras más conocidas de Calderón es necesario alcanzar no solo la profesionalidad que se le debe exigir a una compañía nacional, sino la exquisitez en la declamación y en el arrojo. Helena Pimenta ha podido contar con un elemento muy hecho, experimentado, donde, además, se nota la mano de Vicente Fuentes como asesor de verso. Carmelo Gómez vuelve a demostrar que es un actor de terruño, con los pies bien anclados al suelo y a su personaje, Pedro Crespo, y que sabe darle una fuerza apenas reprimida en su exposición. También destaca nuevamente Jesús Noguero (don Álvaro de Atayde), un magnífico actor caracterizado por la expresividad de su rostro como nos ha demostrado en múltiples ocasiones (la temporada anterior en Kafka enamorado). Igualmente, Joaquín Notario nos presenta un don Lope de Figueroa muy matizado. Sobresale el verso de Álvaro de Juan, aunque sea con pequeños papeles, como ya demostró en su labor dentro de la Joven compañía nacional de teatro clásico con La cortesía de España. De la misma forma, Nuria Gallardo y Alba Enríquez, como Isabel e Inés respectivamente, se muestran muy ajustadas al drama. En general, el elenco se mantiene compactado y con una caracterización coherente a la propuesta.

Nos quedamos con una lección de teatro clásico, repleta de grandes interpretaciones y con la labor de una compañía perfectamente engrasada, que sabe dejar patente el anacronismo que supone para el público actual la expresión dramática con otros usos y maneras.

El alcalde de Zalamea

Autor: Pedro Calderón de la Barca

Versión: Álvaro Tato

Dirección: Helena Pimenta

Reparto: David Lorente, Pedro Almagro, José Carlos Cuevas, Clara Sanchis, Jesús Noguero, Óscar Zafra, Francesco Carril, Álvaro de Juan, Alba Enríquez, Nuria Gallardo, Carmelo Gómez, Rafa Castejón, Joaquín Notario, Egoitz Sánchez, Alberto Ferrero, Jorge Vicedo, Karol Wisniewski, Blanca Agudo, Juan Carlos de Mulder, Manuel Minguillón y Rita Barber

Escenografía: Max Glaenzel

Vestuario: Pedro Moreno

Iluminación: Juan Gómez Cornejo

Selección y adaptación musical: Ignacio García

Coreografía: Nuria Castejón

Asesor de verso: Vicente Fuentes

Maestro de esgrima: Jesús Esperanza

Teatro de la comedia (Madrid)

Hasta el 20 de diciembre de 2015

Calificación: ♦♦♦♦♦

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