Mohamed El Khatib ha convocado a una serie de ancianos para que nos confiesen sus experiencias sexuales en el Teatro María Guerrero
Poco secreto encuentro a estas alturas en la sexualidad de los ancianos. Juan y Medio ha logrado con su programa en Canal Sur que ya nada nos sorprenda cuando abordamos la tercera edad. Otro asunto es que hallemos la misma dinámica con los hijos, muchos de los cuales desarrollan una vergüenza tremenda y se vuelven pacatos. De un tiempo a esta parte, una vez que se nos ha esputado una supuesta gerontofobia en este ambiente de juvenofilia extendida, vamos descubriendo más obras con personajes provectos y sus diversas cuitas sexuales. Así en el cine, por ejemplo, Maspalomas es muy significativa. Más todavía si se trata de homosexualidad. En este proyecto, el creador Mohamed El Khatib ha reunido a personas mayores de entre 85 y 100 años para recapacitar sobre sus relaciones íntimas. Sigue leyendo →
La traumática experiencia de Carolina África durante la borrasca Filomena se traslada con emotividad a la Sala de la Princesa
Foto de Bárbara Sánchez Palomero
Durante un tiempo pensamos aquí en Madrid (lo que sucede en el resto de España siempre es insignificante) que habíamos entrado en un proceso apocalíptico por fases, y que podíamos prepararnos para lo siguiente (un apagón nacional, por ejemplo). Tras meses de pandemia, con multitud de restricciones, nos llegó la nevada del siglo: Filomena. Carolina África, que acababa de dar a luz, se resbaló con una invisible capa de hielo y se partió una pierna nada más salir de la Maternidad de O’Donnell. Vuelta para adentro a pasar diez días sin su bebé recién nacido que lleva el nombre de la borrasca.
Pablo Menor Palomo ha diseñado una habitación de hospital con gran detalle; pero también abre posibilidades simbólicas, como ocurre con la ventana donde se posan ciertos pájaros; además de que hallamos sombras en un lateral de visitantes y un cuarto de baño en el otro extremo. Sigue leyendo →
El Conde de Torrefiel insiste en su concepción insulsa de las artes escénicas para crear una performance en siete episodios
Foto de Bárbara Sánchez Palomero
Para hacerse cargo de la práctica escénica de este tipo de creadores es muy necesario aproximarse a su teoría, que suele ser tan extensa como ridículamente abstrusa. Romper con la tradición, que cuestiona la llamada «posmodernidad», requiere un nuevo mapa de instrucciones capaz de ofrecer una consistencia compleja que se contraponga a milenios de simbolismo esotérico y adensado. Es decir, una catedral gótica es por definición un «acto performativo» colosal. Frente a eso, ¿qué brindan gentes como El Conde de Torrefiel? Si son unos bufones, unos satirizadores del arte contemporáneo que emplean sus mismas herramientas, todavía puedo concederles algo de ingenio; aunque sea ya bastante repetitivo. Sigue leyendo →
El texto de Alda Lozano resulta demasiado explicativo en su intención de reflejar la trata de mujeres
Foto de Bárbara Sánchez Palomero
La insistencia en ciertos procedimientos dramatúrgicos en nuestro presente nos deja con demasiada frecuencia proyectos insatisfactorios. El recurso narrativo como forma de avanzar y, peor, de explicar una historia, nos atenaza como espectadores. Esto ocurre con el texto de Alda Lozano. Lamentablemente, creo que es una mala obra, pues parece que no termina de cuajar. Confiemos en que algún problema que desconozco (falta de tiempo, por ejemplo) le haya impedido redondear la performance; porque no es comprensible que, en lugar de construir escenas donde los personajes crezcan y vayan matizándose, se incluyan discursos que relatan aquello que no se materializa dialécticamente sobre las tablas. Una función que debería durar más de noventa minutos se queda en apenas setenta. Sigue leyendo →
Alfredo Sanzol presenta en el Teatro María Guerrero un drama profundo y consistente sobre una mujer enferma de cáncer
Foto de Bárbara Sánchez Palomero
En la amplia obra de Alfredo Sanzol encontramos toda una serie de dramas de corte familiar, profundos e intensos, que se ven aliviados por un humor repleto de ironía e, incluso, de chocantes paradojas que sondean la vida con un poco de cinismo. Esta veta comenzó con La calma mágica, aquel texto que hacía referencia a su padre fallecido. Luego llegó La respiración, donde se puso un tanto cursi para discurrir sobre las separaciones matrimoniales. Fue, definitivamente, con El bar que se tragó a todos los españoles, cuando trazó el relato más serio y de largo recorrido. Ahora, en La última noche con mi hermano continúa incidiendo en aspectos esenciales de nuestra existencia. Sigue leyendo →
Ángela Ibáñez dirige a dos actrices sordas en un atractivo espectáculo sobre la obra lorquiana en el Teatro María Guerrero
Foto de Bárbara Sánchez Palomero
Reconozcamos que acudir otra vez a Bodas de sangre (en 2017 presentó arriba Pablo Messiez su versión y, también, como ahora, empleó el texto inicial de Comedia sin título) supone una reiteración, y que la sorpresa quedará constreñida. Por esto mismo, la dramaturgia de Iker Azkoitia (autor de la serie Romi) actúa como un revulsivo repleto de originalidad. Principalmente porque plantea la integración de las dos actrices sordas a través de todos esos lenguajes visuales que tanto van a favorecer su expresión. La dirección de Ángela Ibáñez es fundamental. Actriz sorda, como sabemos, que ha brindado su vigor y su energía en varios proyectos sobresalientes, como en Ricardo III o en aquel magnífico Tribus, comandado por Julián Fuentes Reta, que aquí ofrece su cobertura.
El encuadre tiene su lógica: dos muchachas se han quedado solas en su colegio concertado (van de uniforme), ya que el resto del grupo se ha marchado a ver un espectáculo que no contaba con ningún tipo de adaptación para ellas que tienen problemas de audición. Lo habitual. Me da la impresión de que el Centro Dramático Nacional es una institución que sí está cumpliendo con su cometido a la hora de ayudar a aquellas personas que requieren algún apoyo comunicativo. Y esta obra vuelve a ser un ejemplo de ello. Lo que vemos es una pura demostración de que su lingüística es muy válida artísticamente. Uno, en algunas ocasiones, se ve remitido a los orígenes del cine, y a esos gestos que tan bien aprovecharon cómicos como Chaplin o Keaton. Aquí ocurre igual.
Mari López y Emma Vallejo se nos presentan como dos chavalas inquietas, a las que les gustaría realizar su propia puesta en escena sobre algún drama de Lorca. Fantasean con ello hasta que llega un profesor a abroncarlas, mientras toma la determinación de que debe cuidarlas. Este es acogido por Josete Ordóñez, quien hace lo que puede con esas frasecillas que le han tocado antes de agarrar la guitarra. Verdaderamente, es un plus de esta representación toda la composición musical que corre a su cargo. Cómo empasta el flamenco con los movimientos de las actrices. Escuchamos poemas musicados del poeta granadino como «La Tarara». El artista es acompañado en la percusión (y luego con la guitarra), con notas de jazz, por Diego Illán, quien también contribuye al buen hacer general en la lectura de los signos traducidos, para que podamos entender qué se dicen estas chicas.
Sí que tiene primeramente mayor protagonismo Emma Vallejo, pues va hablando y traduciendo a su amiga. Será ella quien dé comienzo a esa función dentro de la propia función con esa presentación que anteriormente comentaba: «Señoras y señores: No voy a abrir el telón para alegrar al público con un juego de palabras». A partir de ahí, tenemos todo un engranaje teatral. Guiñoles, teatro de sombras, accesorios, vestuario alusivo para identificar a todos los personajes que van a incluir, ya sea un sombrero rojo para Leonardo o un pañuelo verde para el novio, más toda esa imperante gestualidad. Inicialmente, los pupitres nos descubrirán recortables que cobrarán vida para introducirnos en la historia.
Pienso que alguna escena se hace un tanto larga, quizás el prólogo merecería un recorte y, sobre todo, otro más preciso cuando la novia duda y duda mientras se viste. Por lo demás, ambas intérpretes se manejan con mucha sintonía en la recreación de esta tragedia. Después, Mari López va adquiriendo mucha más importancia e, incluso, es capaz de aportar ciertos tonos de humor cuando encarna a la criada. Que además bailen para conectar distintos momentos engrandece el dinamismo; porque uno de los inconvenientes que hallamos en esta dirección es el aprovechamiento del espacio. Ángela Ibáñez ha querido disponer de cualquier recoveco; pero las dichosas columnas de la Sala de la Princesa y su estrechez apiñan demasiado al elenco. La propuesta posee tantos elementos que cuesta apreciarlos todos como se debiera.
En cualquier caso, hasta las paredes, como grandes pizarras, nos descubren instrumentos y objetos, y sirven para reflejar dibujos lorquianos y frases que podamos leer para completar algunos mensajes que se nos escapan entre los signos. Por ello, nuestra atención queda más que satisfecha. Los cambios se suceden con prontitud y nos sorprenden. Por ejemplo, la muerte, esa mendiga que aparece de improviso, viene enmascarada y por tanto se renuncia a la expresividad del rostro para confiarnos a una pulsión más corporal.
En definitiva, han realizado un fenomenal trabajo, apabullante en los lenguajes que se imbrican y lleno de emotividad. Nos arrastran a través de un drama que todos conocemos; pero con unos procedimientos lúdicos que nos atraen fervientemente.
Pablo Remón se acoge al costumbrismo posmoderno para discurrir sobre la crisis de los urbanitas cuarentañeros en el Teatro María Guerrero
Foto de Geraldine Leloutre
En su anterior proyecto, Vania x Vania, Pablo Remón dispuso una dramaturgia sobre el clásico de Chéjov realmente especular, que le permitió trabajar sobre cuestiones existenciales del presente. Ahora regresa a una línea de trabajo que nos conecta casi con sus comienzos como dramaturgo en 40 años de paz. O sea, exprimir la narración frente a un micrófono en la casi soledad. Ahí el autor luce su pujanza y, sobre todo, esa ironía recursiva que tan bien maneja y que tanto atrae al público coetáneo matritense. No obstante, para presentarse en todo un Teatro María Guerrero ha sido bastante conservador en su argumento. Sigue leyendo →
Daria Deflorian lleva a escena la novela de Han Kang para ofrecernos una propuesta excesivamente narrativa y plomiza
Foto de Andrea Pizzalis
Después de aquel Sovrimpressioni, era de esperar que Daria Deflorian nos atenazara con somnolencia en el audiolibro. Acudir al teatro a escuchar durante poco más de cien minutos la narración extraída de la novela La vegetariana es desmotivador. Con esta obra, la escritora Han Kang, Premio Nobel de Literatura en 2022, ha tenido éxito. A mí no me parece que literariamente sea gran cosa; no hallo las virtudes técnicas que deberían ser ineludibles. De todas formas, sí que se encuentran ambientes y situaciones que deberían favorecer la representación teatral. Sigue leyendo →
Repaso a los espectáculos más sobresalientes de este curso que acaba de finalizar en la esfera teatral
Foto de Jean Louis Fernandez
Que la tendencia conservadora y buscadora de públicos más talluditos y fieles se va imponiendo en la mayoría de los teatros es ya una obviedad. De alguna manera, esta pulsión arrastra también a creadores que estarían dispuestos a arriesgarse más; sin embargo, ven que el propio ambiente lo ha hecho más complicado. Parece que ciertas líneas se van difuminando como, por ejemplo, esas ínfulas juveniles de otros años donde se nos esputaban consignas sobre su sacrosanta identidad; pero con tono victimista y ñoño. Sigue leyendo →
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