La vegetariana

Daria Deflorian lleva a escena la novela de Han Kang para ofrecernos una propuesta excesivamente narrativa y plomiza

Foto de Andrea Pizzalis

Después de aquel Sovrimpressioni, era de esperar que Daria Deflorian nos atenazara con somnolencia en el audiolibro. Acudir al teatro a escuchar durante poco más de cien minutos la narración extraída de la novela La vegetariana es desmotivador. Con esta obra, la escritora Han Kang, Premio Nobel de Literatura en 2022, ha tenido éxito. A mí no me parece que literariamente sea gran cosa; no hallo las virtudes técnicas que deberían ser ineludibles. De todas formas, sí que se encuentran ambientes y situaciones que deberían favorecer la representación teatral. Lástima que nuestra actriz y directora italiana, por su propia concepción dramatúrgica, renuncie a la composición dialógica, a la plasmación corporal (todo esto no tiene por qué pasar por el naturalismo) y al sometimiento de público que, en lugar de conmoverse o verse compelido por lo que ocurre, sospecho que se aplatanará en su butaca.

Mucho tenemos que poner de nuestra parte. Bastante es que lo acontecido no se haya trasladado a la cultura italiana, europea, y se tenga que aceptar como licencia poética que el reparto no sea coreano; aunque todo transcurra allá. Comidas, monedas y modos se quedan tal cual. Creo que a nosotros hoy, el machismo surcoreano nos rechina más en España. Y este es fundamental para elucubrar sobre el misterio de fondo. Porque se intuye ─y esta es una de las soluciones al enigma─ que el padre, un excombatiente condecorado de la guerra de Vietnam, ha ejercido su poder, su violencia, su disciplina con las dos hijas que conocemos. Mujeres que han aceptado la sumisión y se han adaptado. Ante nosotros, el marido de Yeonghye se impone delante de nosotros para expresar estéticamente el panorama acerca de los nuevos hábitos culinarios de su esposa. Ha dejado de comer carne, y se afana en vaciar por las noches el frigorífico. Gabriele Portoghese desarrolla una ironía satisfactoria; sin embargo, se desvanece delante de nuestros ojos y su punto de vista se alarga demasiado en ese primer capítulo. Ella casi funcionará como un espectro que recorre la función. Monica Piseddu pone al servicio de la propuesta su delgadez y los gestos insinuantes de su pesadilla interior; pero no nos lleva a la mortificación.

Todo transcurre en una atmósfera grisácea y kafkiana. Desde luego, la escenografía de Daniele Spanò, en cuanto que resulta dura y áspera, deja a los personajes ante una gélida intemperie. Apenas un colchón asqueroso contra la pared y un inquietante baño que surge, de vez en cuando, tras el muro corredizo. La iluminación de Giulia Pastore domina esa plomiza aura. El lector sentirá que se le han usurpado escenas verdaderamente esenciales que ya habría imaginado. ¿A qué acudimos al teatro si se trata de la adaptación de una novela y nos dan novela? Que el progenitor no acontezca a introducir a la fuerza a su hija el cerdo agridulce en su gaznate y que simplemente tengamos que captar la descripción es dejarnos anonadados.

En el segundo acto, coge el mando el cuñado de nuestra vegetariana. Para forzar todavía más la narraturgia, monologa, en tercera persona. No encuentro mucho arranque interpretativo en Paolo Musio. Es un tipo que se dedica al videoarte y que se desentiende bastante de su mujer. Se ha comenzado a obsesionar sexualmente con Yeonghye y por eso se las ingeniará para visitarla ─esta se acaba de divorciar─, y para proponerle que se desnude ante la cámara. En la economía de medios con la que se procede ─entendemos que es llevar el estilo hasta las últimas consecuencias─, lo que debería ser inicialmente una escena repleta de sensualidad ─unas flores pintadas habrían aparecido sobre su piel y sobre su mancha mongólica del glúteo, toda una obsesión erótica─, que acabara en unos coitos un tanto forzados y hasta pornográficos, termina por elaborarse con una proyección de trazos azarosos sobre su cuerpo. Por allí, en otra omisión, no aparece un colega para contribuir al arte con su propia desnudez, ni el susodicho cuñado se esfuerza en el abuso sobre esa muchacha desorientada. El tema floral no parece baladí, desde luego, pues las conexiones de la enferma con la naturaleza parecen acuciantes.

Alcanzada la última parte, ya no se puede suponer que el asunto remonte. Toma la palabra la hermana. Daria Deflorian es la única familiar que empatiza con esa anoréxica encerrada en un hospital. La falta de mejoría nos destina a un final esperable. En cierta medida, que este personaje también reflexione de maneras similares sobre su vida, con su hijo aún pequeño, nos da más pistas sobre la educación recibida en el hogar. No obstante, todo es tan frío y distante que sus percepciones no nos hacen conectar con ellas.

Sinceramente, creo que se podía haber exprimido dramatúrgicamente mucho más la novela de Han Kang. Este planteamiento, aunque genera una atmósfera angustiosa bastante elocuente, no nos adentra en la vivificación de esas oscuridades sicológicas.

La vegetariana

Autora: Han Kang

Adaptación: Daria Deflorian y Francesca Marciano

Dirección: Daria Deflorian

Reparto y colaboración en la creación: Daria Deflorian, Paolo Musio, Monica Piseddu y Gabriele Portoghese

Escenografía: Daniele Spanò

Iluminación: Giulia Pastore

Vestuario: Metella Raboni

Sonido: Emanuele Pontecorvo

Ayudante de dirección: Andrea Pizzalis

Colaboración artística: Lisetta Buccellato

Colaboración con el proyecto: Attilio Scarpellini

Asesoría dramatúrgica: Eric Vautrin

Dirección técnica: Lorenzo Martinelli y Micol Giovanelli

Diseño de cartel: Emilio Lorente

Producción: INDEX con Emilia Romagna Teatro ERT / Teatro Nazionale, La Fabbrica dell’Attore – Teatro Vascello con Romaeuropa Festival, TPE – Teatro Piemonte Europa, Triennale Milano Teatro, Odéon–Théâtre de l’Europe, Festival d’Automne de París y Théâtre Garonne, scène européenne – Toulouse

Con la colaboración de: ATCL / Spazio Rossellini e Istituto Culturale Coreano en Italia

Con el apoyo de MiC – Ministero della Cultura

Teatro María Guerrero (Madrid)

Hasta el 12 de octubre de 2025

Calificación: ♦♦

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