Cris Balboa ocupa la Sala de la Princesa en el Teatro María Guerrero para organizar una performance autoficcional junto a su sintetizador

Como bien nos tienen acostumbrados en el Centro Dramático Nacional sus máximos responsables, ya tenemos aquí la insignificancia de la temporada. Propuesta surgida dentro del programa de residencias de esta insigne institución. Por lo tanto, aquí tenemos un proyecto previsto y evaluado, al que se le ha concedido el honor de incluirlo en la programación para que ocupe la Sala de la Princesa durante un mes. Ahí es nada. Habrá que culpar del estropicio, entonces, a Fefa Noia, adjunta a la dirección, que parece tener sus favoritismos gallegos. Sigue leyendo


El mundo se ha vuelto tan complejo que bosquejar al proletariado como si nos avanzaran un futuro encadenante desde un pasado orwelliano resulta insuficiente. Quiero decir que estos riders, estos mensajeros que exprimen la energía joven de sus piernas, como Sísifos en ese engranaje kafkiano e inasible, son ellos mismos consumidores en su microclase, no son unos vagabundos ajenos a las dinámicas simbólicas, son esclavos que portan logotipos, fetiches de cartón piedra en el cosmos low cost, donde quien más y quien menos se da un capricho para resignificarse de alguna forma frente a los demás o contra el espejo donde nos reflejamos. 


¿Ha intentado David Trueba hacer un refrito de su cine más costumbrista para ir sobre seguro en su primera aproximación a las tablas? Apostemos a que sí. Rebuscar en el pasado para describir a gente de su generación. Fijémonos en Casi 40. Tengamos, también, en cuenta que ambos actores trabajaron a las órdenes del director en A este lado del mundo. Además, podríamos considerar algunas de sus novelas, como Cuatro amigos. Ciertamente al autor le gusta penetrar en la realidad española y abordar aspectos a veces desapercibidos. Por eso es capaz de incluir elementos humorísticos extraídos de sus admirados Berlanga y Azcona. Aunque en esta obra teatral se eche de menos esa comicidad un tanto paradójica. 