El sueño de Segismunda

El protagonista de Calderón deviene heroína para alzarse con el trono que pueda salvar el mundo a través de su feminización

La compañía teatral Contando Hormigas lleva bastantes años produciendo obras en las que se cuenta con actores invidentes. Esta circunstancia tan significativa para un arte escénico, nos lleva a plantearnos desde qué punto de vista ha de ser juzgada su propuesta. Ante todo, creo, que sin condescendencia; porque se realiza desde la profesionalidad. Aunque desde la perspectiva diegética (el relato imaginario en sí), si la actriz protagonista, Mariu del Amo (una mujer ciega) se mete en el papel de Segismunda, un personaje que asumimos que ve, ¿qué hacer? Sigue leyendo

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Romeo y Julieta. Estrellas cruzadas

La compañía Hysteria Teatro adapta el clásico de Shakespeare en un espectáculo potenciado por el movimiento

Todo el mundo conoce la historia de estos dos amantes; así que la sorpresa será prácticamente nula. Por ello es necesario buscar nuevas estéticas para trasladar la esencia de este drama. Contar con pocos medios también exige un ingenio desmedido y, en este sentido, el amplio elenco que encontramos en el escenario de Nave 73 nos traslada, a través del baile y de la música, la pasión desmedida de Romeo y Julieta. Pero también es cierto que adaptar una obra tan popular y que recoge una tradición potenciada por el romanticismo, requiere unos requerimientos artísticos que aquí, en algunos aspectos, se echan de menos. Sigue leyendo

#LaIRA

Teatro documental para situar sobre las tablas una colección enorme de asesinos de muy corta edad

No hace más que unos meses reseñaba por aquí la obra de teatro documental de Jordi Casanovas titulada Port Arthur, y que transcribía con exactitud el interrogatorio realizado a un joven asesino de Australia. Ahora, la Sala Nave 73 acoge un espectáculo que abunda en esa idea; aunque la lleva por otros derroteros dramatúrgicos. Con #LaIRA podemos salir abrumados de la cantidad de casos ―hasta trece― a los que se quiere hacer referencia. De hecho, la estructura ya clarifica que perfectamente el montaje podría quedar reducido a la mitad (se marca el interludio con un baile) o, incluso, multiplicarse ―no será por criminales a nivel mundial―. Creo que esta decisión supone una rémora y que tiene, al menos, dos consecuencias negativas. La primera es la superficialidad, no entrar al fondo de cada espécimen para descubrir ―si se dieran―, sus auténticas motivaciones o las bases que nos permitieran conceptualizar el mal, que es el verdadero tema de esta función. La otra consecuencia ―determinada por la anterior―, es que algunos personajes resulten casi indistinguibles, sobre todo si la caracterización es mínima o nula (apenas una impostación de voz o algún leve signo visual).  Que vayan vestidos con un mono verde, como futuros presidiarios de algún país inconcreto, fuerza la sensación de que la interpretación se reduce y de que se convierten en relatores, en narradores. Todo ello forzado porque no se hace distinción, en ocasiones, entre personajes masculinos y femeninos (quizás hubiera estado bien un equilibrio entre chicos y chicas en el elenco). Sigue leyendo

Mauthausen. La voz de mi abuelo

Pilar G. Almansa dirige el conmovedor recuerdo de Manuel Díaz Barranco, interpretado por su propia nieta

A cuenta de la Historia como asignatura en los institutos, un profesor, hace unos días afirmaba que los alumnos saben mucho más del Holocausto nazi que de la Guerra Civil española o del franquismo. Hay temas que se han abandonado y otros que no tienen freno. Lo cierto es que, si nos sigue pareciendo interesante y persuasivo, bien podemos continuar escudriñando la Segunda Guerra Mundial; puede ser un gran antídoto contra los agoreros y los quejicas de nuestro tiempo. Hace poco hablaba por aquí de Mi niña, niña mía que aún se representa en el Teatro Español; y hace unos meses se proyectaba la película de Mar Targarona, El fótografo de Mauthausen, sobre la vida de Francisco Boix y sus peripecias heroicas para salvar los negativos que propiciarían algunas de imágenes más terroríficas del siglo XX. Al hilo de aquellos españoles que fueron «concentrados» en aquel campo austriaco, ya tuvimos en 2014 una obra teatral que remitía al asunto, El triángulo azul, de Laila Ripoll y Mariano Llorente. Ahora es Pilar G. Almansa quien ordena la historia de Manuel Díaz Barranco para propiciar este drama. Sigue leyendo

La fierecilla domada

Una versión sobre la comedia shakesperiana que torna en un descabalado espectáculo sobre violencia machista

Cualquier excusa es buena para soltarte el discursito y desbarrar a gusto. Shakespeare les dura media hora y lo demás viene a ser una colección de performances con más o menos sentido simbólico y con más o menos efectividad dramatúrgica. Lo que nos hacen ver los de La Dalia Negra, es que ellos se han instalado en la Nave 73 a llamar la atención. Qué daño ha hecho Almodóvar, Rodrigo García y hasta Declan Donnellan. La lectura que aquí se hace de La fierecilla domada es tan torticera que uno muchas veces piensa que es mejor hacer borrón y cuenta nueva, y dejar en el olvido todas y cada una de las obras que no cumplan estrictamente con los dogmas del esquema sobre lo políticamente correcto que hoy impera (y encima promovido por gente tan joven). ¿Qué pasa cuando habitualmente se lleva a las tablas esta comedia del dramaturgo inglés? Pues que se interpreta como farsa, que se observa a dos protagonistas bien broncos y extremos, abrazándose para conformar un matrimonio sui géneris, tan tóxico como bien avenido (la maravilla que presentaron los Propeller en los Teatros del Canal en 2013 ―representada toda por hombres―, es una referencia ineludible). Sigue leyendo

El año que mi corazón se rompió

Una comedia irreverente con un gran trasfondo crítico sobre los homosexuales de los años 80

Es fácil estar cansado de que el tema «homosexual» en las obras artísticas sea, en la mayoría de los casos, la revelación del secreto y el consiguiente conflicto social y familiar que supone dentro de una sociedad que no acepta con comodidad tal hecho. Si nos fijamos en el cine de este cariz, ciertamente, existen películas que indagan ya en otras cuestiones de interés humano; aunque las cintas que resultan más populares parece que le están comunicando a la gran parte del público que el trance por el que deben pasar, siempre ha sido angustioso (no lo pongo en duda). Lo que plantea Iñigo Guardamino es volver sobre esa bomba nuclear que estalla en el centro de las familias que deben «lidiar» con un acontecimiento del todo imprevisto («esto siempre le pasa a otra gente»); pero lo ha llevado a cabo con su estilo particular (muy genuino dentro del panorama teatral): el sarcasmo desorbitante, el humor negro (negrísimo, a veces) y esa forma de sinceridad hiriente e «inapropiada» que nos saca permanentemente de contexto (o todo lo contrario) y que nos lleva a la carcajada estentórea. Sigue leyendo

Ejecución

Xus de la Cruz presenta su visión de la brutalidad en una breve pieza con tintes valleinclanescos

Cuando uno acude a ver las propuestas de nuevos creadores que desean arrojarse a este mundo tan complejo de las artes escénicas, espera, evidentemente, que se abran vías de exploración al menos extrañas; pero también espera que el ímpetu por epatar no destroce la función. Xus de la Cruz lanza un artefacto genuinamente español, carpetovetónico, una pieza con aires de retablo valleinclanesco. Al son de una marcha semanasantera de cornetas y tambores, procesiona un matrimonio; mientras una virgen kitsch, de manto verde casi fluorescente como si fuera de Lourdes, de sonrisa tétrica y preñada, adicta a los milagros,  entona la «Nana de la hierbabuena» de Carmen Agredano (con la que ganó el Goya a la mejor canción original para La voz dormida, y con la que tanto tiene que ver esta obra). Sigue leyendo