Romeo y Julieta. Estrellas cruzadas

La compañía Hysteria Teatro adapta el clásico de Shakespeare en un espectáculo potenciado por el movimiento

Todo el mundo conoce la historia de estos dos amantes; así que la sorpresa será prácticamente nula. Por ello es necesario buscar nuevas estéticas para trasladar la esencia de este drama. Contar con pocos medios también exige un ingenio desmedido y, en este sentido, el amplio elenco que encontramos en el escenario de Nave 73 nos traslada, a través del baile y de la música, la pasión desmedida de Romeo y Julieta. Pero también es cierto que adaptar una obra tan popular y que recoge una tradición potenciada por el romanticismo, requiere unos requerimientos artísticos que aquí, en algunos aspectos, se echan de menos. En el lado negativo, creo que sería necesario afinar algunas interpretaciones, lograr que la Alessandra Capuleto (la hermanísima), que vendría a sustituir la intolerancia del Viejo Capuleto (el padre) se pareciera menos a la madrastra de Cenicienta. O que Paris, el pretendiente, tuviera el empaque suficiente para compensar las artimañas de Romeo. Es decir, la reducción de personajes requiere que aquellos con los que cuentas tengan un potencial evidente. Me han gustado mucho las intervenciones de Silvia Larrauri en el papel de Mercucio, con matices y con gestualidad persuasivos; y, también, Alba Pineda, como Benvolio. Ambas mejoran las frases de un Romeo algo huidizo. Lo mismo podría afirmar de Cloti Fernández, la nodriza de Julieta; su gracejo da consistencia a las intervenciones de la muchacha enamorada. Por otra parte, Andrea Real pone sus buenas dosis de dulzura a su Julieta, y Nacho Almeida su correspondiente ardor henchido de valentía; pero cuesta creérselos como pareja, tanto estéticamente (tan alto él, tan aniñada ella), como por la sintonía erótica que deberían desprender. Aunque ahí está Fray Lorenzo para ayudar y crear confusión a partes iguales; porque Agustín Riveiro lo encarna con una mezcla de languidez y estupor. Esta versión firmada por Laura J. García destaca, ante todo, por ciertos guiños humorísticos y por su esencialidad, por su concreción y por un brío juvenil que impregna todo el montaje. Y, todavía más, porque Noelia Pérez en la dirección ha sabido darle un ritmo que apenas decae en unos apartes que son bastante cursis y esta obra, ya se sabe, está de cursilería hasta arriba. Apartes sobre el amor, la familia, la muerte, donde los actores dan su opinión en primera persona, parando la función. Quizás alguna coda, pueda encajar en un determinado momento; llevar este procedimiento hasta el final, desde luego que no; puesto que, esa interpelación de la voz en off que nos llega de lejos, se separa demasiado del argumento y de la acción. Y como digo, la dirección apuntala una organicidad que está fundamentada en el movimiento grupal, en coreografías que nos arrastran hacia las diferentes escenas, ya sea a través de peleas de gran potencia (Víctor Meléndez se ha encargado de organizarlas) o de gestualidades que mantienen el pulso de todos los intérpretes sobre el tapiz sin abandonarlo, para crear tensión dramática. En los cruces, en los solapamientos, en la sensualidad, en la complexión y en esa fruición tan propia de jóvenes ahítos de deseo carnal encontramos una propuesta que nos satisface visualmente. Además del uso de máscaras, no solo para el baile en casa de los Capuleto, sino también en otros momentos. Además, es destacable la música de Lutgardo y Giancarlo Domínguez, pues está presente en muchas escenas para dotarlas de un aire de modernidad con esas bases electrónicas. Este Romeo y Julieta. Estrellas cruzadas revitaliza el clásico de Shakespeare principalmente por el vigor de estos cuerpos amalgamando con sus danzas el pasto propicio para que fragüe el amor y lo haga explotar entre las rivalidades de unas familias destinadas a odiarse.

Romeo y Julieta. Estrellas cruzadas

Autor: William Shakespeare

Versión: Laura J. García

Dirección: Noelia Pérez

Reparto: Silvia Henares, Silvia Larrauri, Cloti Fernández, Andrea Real, Víctor Meléndez, Alba Pineda, Agustín Riveiro, Nacho Almeida y Javier Mira

Coreografía de lucha escénica: Víctor Meléndez

Composición musical: Lutgardo y Giancarlo Domínguez

Diseño de cartel: Cira Ascanio

Hysteria Teatro

Sala Nave 73 (Madrid)

Calificación: ♦♦♦

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