Ilusiones

La ineficacia de la narraturgia se despliega en una decepcionante propuesta de Miguel del Arco sobre el texto del ruso Ivan Viripaev

Foto de Vanessa Rabade

De un tiempo a esta parte las narraciones han invadido la escena. Principalmente nos hemos topado con ellas en el circuito off. Los apóstoles de Sanchis Sinisterra (no hay más que revisar su última obra, El lugar donde rezan las putas, para comprobar la ineficacia de algunos procedimientos) se han lanzado al ruedo a evangelizarnos con la buena nueva: la narraturgia (revisen lo último de Eva Redondo). No pararé de quejarme sobre este retroceso teatral. Ahora uno acude a una sala a que le cuenten una historia, como a la antigua usanza. Narraciones, por lo común, explicativas en exceso, descriptivas sin parangón. Un teatro que anula los roles y la representación. También la pasión de ver a un actor sentir aquello que nos desea transmitir. Bien, pues, parece que desde Rusia llegan los mismos ecos con Ivan Viripaev. Y a Miguel del Arco le ha convencido —digámoslo ya directamente— un texto insulso e insustancial. Sigue leyendo

Elvira

El actor italiano Toni Servillo presenta estos ejercicios de interpretación en un teatro parisino antes de la ocupación nazi

Parece que el atractivo que produce Toni Servillo en los espectadores españoles permanece álgido. Así ha ocurrido esta vez, al igual que en las anteriores, cuando presentó en 2009 la Trilogia della villeggiatura, de Goldoni, o, en 2014, Le voci di dentro, de Eduardo di Filippo. Uno percibe que está situado frente a uno de esos actores inconmensurables que llenan la escena con su sola presencia. Lo que tenemos garantizado, por lo tanto, es una interpretación sublime. En esta ocasión, el italiano se encarna en Louis Jouvet (1887-1951), el director de teatro y actor francés, durante sus clases en 1940, poco antes de que los nazis ocupen Francia. Ensaya denodadamente una de las escenas finales del Don Juan, de Molière; el momento en el que Elvira acude a perdonarlo y a rogar por él, pues sabe que va destinado al abismo. Sigue leyendo

El tratamiento

Pablo Remón firma esta espléndida comedia sobre el mundo del cine a través de un proceso de autoficción

Foto de Vanessa Rabade

Lo normal era llegar a un montaje como este, donde se lograran aunar certeramente cada uno de los elementos que han ido definiendo el estilo de Pablo Remón. A saber, una propensión, desde mi punto de vista, desmedida por la narración, una incisiva ironía que se alimenta de nuestra historia cercana y de aspectos de la cultura popular próximos a su generación (nos acordaremos de la serie V o de los Héroes del silencio o del Titanic), una fabulación que deja correr la imaginación hasta chocar con lo absurdo y un despliegue de técnicas propias de un guionista profesional (como es él). Quizá El tratamiento, por su temática, llega demasiado pronto para un dramaturgo que apenas ha estrenado cuatro obras. Es en sí una paradoja, mientras que la función rezuma impás, crisis, devaneo existencial y remembranza desde la madurez (cuarenta añitos de nada); la realidad es que no para de cosechar éxitos (véase la reciente película No sé decir adiós o sus anteriores trabajos teatrales). Sigue leyendo

Escenas de caza

Una fallida propuesta que busca denunciar la persecución a la que se ven sometidos los diferentes

Después de atender a varias de las obras de María Velasco, uno entiende —cuando baja el telón de Escenas de caza— que su estilo parece desistir de manera recalcitrante a la representación, a la dramaturgia (aunque ella misma la firme) y al desarrollo de estructuras que podamos denominar teatrales —comprendo que desea marcharse por la tangente. Su profesión es el discurso verborreico, como una interminable poesía neobarroca, como una nueva adalid de aquellos novísimos que jugaron a lo clásico y a lo contemporáneo (sin renunciar al humor, al pop y a otros devaneos esteticistas). Me reafirmo en lo que escribí sobre Petite mort o La soledad del paseador de perros, las virtudes de la escritura de María Velasco son múltiples, su sarcasmo, su dominio de la metáfora, tanto de la ocurrente, como de la trascendente y crítica, su despliegue de implicaturas sociales y culturales, y una comicidad vitriólica; pero su comunicación teatral con el público es un empeño por alejarse, por hacer inviable su atención. Sigue leyendo

Tebas Land

Un drama sobre las fronteras de la ficción y el parricidio, protagonizado por Israel Elejalde y el joven Pablo Espinosa

Foto de Vanessa Rabade

Otra vez el ir haciendo, otra vez el metateatro, otra vez bordear los márgenes de la realidad y de la ficción. Vía agotadora de los últimos cien años, que en los tiempos presentes ha ahondado en la autoficción, que resulta más periodismo y documental que otra cosa. En Tebas Land, además de trabajar con las herramientas mismas del acto de representación, se aborda el tema del parricidio. El gran problema con el que nos encontramos, una vez ha finalizado la función, es aceptar que todo el andamiaje sobre la elaboración de la propia obra teatral no acaba de estar ni al servicio de su propia reflexión, ni al servicio de una profundización interesante acerca del caso que nos compete: un hijo ha matado a su padre. Para empezar, contamos con tres personajes a los que les falta redondearse. Primeramente, Israel Elejalde se enmascara en un dramaturgo que se hace llamar S, que pretende escribir una obra de teatro sobre un chico (uno concreto y conocido), que ha matado a su padre y que está recluido en la cárcel. Se dirige a nosotros a modo de presentación, para explicarnos lo que pretende hacer: básicamente, entrevistarse con el muchacho, pergeñar los diálogos y, mientras tanto, intentar que El Pavón Teatro Kamikaze le acepte las diversas propuestas; siempre y cuando se puedan sortear las trabas del Ministerio del Interior. Sigue leyendo

Smoking Room

Adaptación teatral de la exitosa película sobre las suspicacias laborales de unos empleados dentro de su empresa

Foto de Geraldine Leloutre

Cuando Roger Gual y Julio Walovits presentaron su primera película allá por 2002 y que tan buenas críticas cosechó, además de premios como el Goya a la mejor dirección novel, asumieron parte de la exitosa estética Dogma para trasladarnos un enjambre de hombrecillos que monologan frente a otros sus disquisiciones. En la versión teatral que ahora se presenta en El Pavón Teatro Kamikaze, las técnicas cinematográficas como los primeros planos, la cámara al hombro y el sonido ambiente, se sustituyen —más allá de la reducción a seis personajes— por un ritmo menos entrecortado, donde cada escena está mucho más marcada y con unos parlamentos más extensos. Aunque más allá de la estructura, fundamentada básicamente por un ensamblaje algo azaroso de sketches que funcionan autónomamente, que se cierran sobre sí mismos; lo verdaderamente atractivo del montaje es el discurso general que se adopta, particularizado en seis tipos subsumidos por la jerarquía y por una autojustificación vital mezquina (con matices, claro), y por unas interpretaciones, como vamos a ver, exquisitas. Nos situamos en Madrid, en la sede de una empresa estadounidense, sus trabajadores deben salir a fumar a la calle o subir a la azotea. Sigue leyendo

Un cuerpo en algún lugar

Gon Ramos nos vuelve a someter a una experiencia plenamente cautivadora sobre la búsqueda de un amor sublime

Foto de Samuel García

No es fácil situarse ante el planteamiento aparentemente sencillo de Gon Ramos. La complejidad aparece en cuanto uno se da cuenta de que ninguno de los interlocutores es fiable y de que debemos reconocer que el discurso parte del interior. Inicialmente, a modo de prólogo o de manual de instrucciones, Luis Sorolla —él mismo como actor o como demiurgo o como narrador o como conciencia o como trasunto del dramaturgo— nos avisa de que una vez iniciada la acción, una vez ese cuerpo arrojado en el suelo (Fran Cantos) que ahora no es nada, todo transcurrirá como un rizoma. Como conceptualizaron Deleuze y Guattari, pensar rizomáticamente significa auscultar el sistema desde fuera del supuesto centro que lo sustenta. Se apoya en la filosofía hegeliana de proceder dialécticamente a través de la historia arrastrando el Todo hasta llegar al Saber Absoluto. ¿Dónde queda el individuo ante tal tesitura? Pues encima de un escenario; o bien como un loco o bien como una conciencia que pretende observarse desde fuera, cuando inevitablemente solo puede mirarse desde dentro. La solución es el espejo o, mejor, enfrentarse a la diferencia, a lo que uno no es, para asumir la repetición. Sigue leyendo

Ensayo

Pascal Rambert presenta una obra política bajo la aparente disolución de una compañía teatral

Foto de Vanessa Rábade

A esta obra que se presenta en El Pavón Teatro Kamikaze se puede acudir con la experiencia previa de La clausura del amor o sin ella. Para los que sí han visto aquella, esta puede resultar espectacularmente menos atractiva, más previsible estructuralmente y, en algunos momentos, hasta aburrida. Para los otros, el impacto de la perspectiva dramatúrgica les puede acompañar hasta el final. Ensayo es una función engañosa y compleja que trabaja simultáneamente en varios planos; y aunque puede comprenderse de forma superficial, la decepción puede ser importante si nos quedamos solo con eso. Contamos primordialmente con tres vértices esenciales: un texto entreverado de significancias, unos actores apabullantes y una escenificación exigente para el oyente. En un acercamiento poco esforzado se nos presentan cuatro individuos que componen una pequeña compañía desde hace veinte años. Nos situamos en su sala de ensayos, el día en el que todo va a saltar por los aires, el día en el que cada uno va a explotar con todo lo que lleva dentro para proceder a la implosión del conjunto. Pascal Rambert vuelve a recurrir al monólogo como procedimiento fundamental (las interacciones entre los personajes son mínimas). Sigue leyendo

El amante

Nacho Aldeguer y Álex García presentan este drama sobre el tedio de un matrimonio burgués precedido de una propuesta gastronómica

Foto de Vico Vang

Debemos considerar seriamente si el preámbulo gastronómico es lo más idóneo para asimilar una obra de Pinter. En la propuesta de Nacho Aldeguer, quien se ocupa de versionar y dirigir, y de Álex García, que se encarga de la dirección artística, se pretende introducir al espectador en la etapa previa de esa pareja, Richard y Sarah, antes de que observemos su devenir diez años después. Es decir, se nos invita a su boda, y para ello subimos al ambigú de El Pavón Teatro Kamikaze para degustar una cerveza, un cóctel y un aperitivo hipersofisticado a cargo del chef Diego Guerrero. Si en un primer instante los dos inductores, más algunos cómplices, intentan darle al asunto algún toque de verosimilitud, con algún juego de apariencia espontánea y una visita exprés de los novios; pronto se convierte en un sarao de media hora donde los espectadores entran en «calor» hasta que llega el momento de la función en sí. No se puede afirmar que verdaderamente contribuya a darle amplitud al espectáculo; porque el evento no da más que para un acto de marketing. Sigue leyendo