El lugar donde rezan las putas

La última obra de Sanchis-Sinisterra pretende dar voz a aquellos que han permanecido silenciados en la historia

Foto de Javier Naval

No creo que sea conveniente recordar alguna de esas obras de carácter metateatral que en las últimas décadas han poblado los escenarios y de las que el propio autor es uno de sus exponentes. En ellas, ha sido frecuente encontrar a personajes que son actores y que pretenden construir una obra. El teatro en el teatro. Es ya un tópico. A él recurre Sanchis-Sinisterra; pero con un tono entre naíf y descreído que parece lanzarnos al costumbrismo inocente de épocas pasadas. Con elementos humorísticos cargados de inocencia y muy timoratos en la posible actitud crítica (como si hubiera un exceso de prudencia). Paula Iwasaki se queda con Patri, una joven actriz medio ilusionada por las ideas que le rondan en la cabeza. Su expresión aún arrastra una candencia algo dulcificada y cantarina (como si no se hubiera deshecho de la Finea de La dama boba); aunque su energía va encaminada a demostrar su ambición artística. Su compañero, Guillermo Serrano, hace de Rómulo, y se muestra un tanto contrariado, con una leve excitación sobre los dos temas a los que finalmente han llegado y sobre los que tendrán que decidir. Charlan, discuten, auscultan el espacio polvoriento y repleto de cachivaches; no obstante, sin ese aspecto dramático que nos sitúe antes dos individuos envueltos en profesionalidad y en responsabilidad ante un reto en el que se la juegan. En definitiva, treinta minutos de prólogo tedioso en el que ni se desarrollan los personajes, ni tampoco el contenido que se supone primordial; puesto que el dramaturgo da la impresión de querer despistarnos con cuestiones tangenciales hasta que nos topamos casi con el desenlace. Se lanzan propuestas sobre la filósofa Hipatia y su discípulo Sinesio, y, también, sobre Artur y Lise London. Todo ello en una especie de almacén abandonado al que según dicen antes acudían las putas a rezar. Juan Sanz se ha esforzado en crear un espacio naturalista, trufado de detalles y de recovecos que permitan imbuirnos en una situación creíble. Si el cariz era de comedia ligera y suave, se le van añadiendo gestos de fantasía; pues los espíritus que por allí pululan tienen algo que decir y necesitan cuerpos que poseer. Así que dicho y hecho. Con la función inmersa en un tedio inconsecuente y un rumbo que cuesta verdaderamente atisbar; se llega al que debemos tomar como destino y que sería dar voz —que no representación— a los olvidados y marginados, que emiten —en off— sus quejas y agravios. ¿Cómo hemos llegado hasta ahí? Pues en un proceso sin el más mínimo interés. ¿Qué contexto ha perfilado el dramaturgo para dar coherencia a esos fantasmas? El que cada espectador desee poner según sus pálpitos políticos. El lugar donde rezan las putas es una obra desconcertante, porque se demora de forma insulsa desde el inicio. Los minutos pasan y nada de lo que ocurre nos dirige a un cometido razonable. Uno se interroga sobre qué habrá querido contarnos Sanchis-Sinisterra; pero de las preguntas que él mismo ha escrito en el programa de mano: «¿Qué teatro hacer en este aciago siglo XXI?», «¿Espectáculos de puro entretenimiento, que aumenten todavía más “la modorra política de nuestra sociedad consumista y cibermema”?», seguro que nadie dará, visto lo visto, unas respuestas trascendentales. Reclamar utopías que no fueron como el comunismo o el republicanismo. Añoranzas diversas que se esputan en un espectáculo que se anquilosa y que se vuelve estático y al que deberíamos atender profusamente; sin embargo, algunos ya estamos para entonces fuera de la onda; porque con pinceladas de aquí y de allá no se puede uno poner tan serio. En conclusión, aunque los actores se afanan en ofrecernos un montaje fértil; me parece un texto fallido en estructura, en intención y en tono.

El lugar donde rezan las putas

o que lo dicho sea

Dirección y autoría: José Sanchis-Sinisterra

Intérpretes: Paula Iwasaki y Guillermo Serrano

Escenografía: Juan Sanz

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo (A.A.I)

Vestuario: Helena Sanchis y Tania Tajadura

Espacio sonoro y composición musical: Pablo Despeyroux

Vídeo: Daniel Ramírez

Fotos: Javier Naval

Ayudante de dirección: Eva Redondo

Una Producción del Teatro Español

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 15 de abril de 2018

Calificación: ♦♦

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