Venus

Un montaje de tintes románticos que trastoca fantasiosamente el tiempo para descubrirnos un secreto

Foto de Javier Naval

Cuando menos sorprende que El Pavón Teatro Kamikaze haya programado una obra como esta. Digamos que Víctor Conde presenta una historia que parece destinada a adolescentes o a ese público hoy tan abundante que se pirra por las aventuras de amor relamido y que te evaden de cualquier preocupación. De esas tan inverosímiles que después traen berrinches y decepciones, cuando la realidad resulta mucho más compleja. Antonio Hortelano es el protagonista de un relato que parte de su vuelta al pueblo donde pasó su juventud para asistir al entierro de su padre, con el que parece que apenas tenía trato. Acude al bar que solía frecuentar, y es allí donde se encuentra con una antigua novia, interpretada por Ariana Bruguera. Ambos retoman su relación de amistad, aunque para ello nos regalan una colección de diálogos de esos que se caracterizan por su ampulosidad y con los que se espera que lo observemos en blanco y negro, y con humo de cigarrillo, y con la voz de Humphrey Bogart y el desprecio de Lauren Bacall. Esos diálogos en los que cada respuesta parece una sentencia indeleble. El resultado es un intercambio de reproches ejecutados con un estatismo —aunque contengan alguna ironía elocuente— que se arrastra durante toda la función. Sigue leyendo

Las crónicas de Peter Sanchidrián

Un pastiche trepidante de ciencia-ficción, aventura y romance que redunda en la parodia sardónica

Lo que nos presenta José Padilla en El Pavón Teatro Kamikaze es una mirada irónica, posmoderna y descacharrante de esa materia, englobada nostálgicamente, en lo que se ha venido a llamar Generación Xennial, esa panda de ochenteros de la EGB, esa bisagra que ha vivido con cierta comodidad e, incluso, jactancia el paso fulgurante hacia este mundo tecnológico que lo ha invadido todo. Las crónicas de Peter Sanchidrián son las parodias de aquella ciencia-ficción tipo El gran héroe americano más toda esta panoplia hipercientífica y poshumana que plantea a corto plazo la inmortalidad, la clonación masiva y la convivencia con inteligencias artificiales. Una broma, claro, pero no hace más que sacar a colación, por un lado, la atmósfera americanizante de la sociedad de consumo en la que vivimos desde hace décadas y, por otro, esa redefinición de la mitología clásica en las formas de los superhéroes que a través de los cómics trasladan subliminalmente los fundamentos religiosos como la lucha entre las fuerzas del bien y del mal. De hecho, asistimos en la obra a toda una defensa de los superhéroes «mortales» como Spiderman, frente al indestructible Superman. Algo así como sentirse identificado con Aquiles. Sigue leyendo

Barbados, etcétera

Pablo Remón presenta en el Teatro Kamikaze un tríptico pop sobre la relación de una pareja en fase de demolición

Foto de Vanessa Rábade

Seguramente la clave ya la expresa el propio dramaturgo cuando afirma: «una especie de «Cara B» de 40 años de paz». Porque según cuenta, esta Barbados, etcétera sería la consecuencia de los ensayos e improvisaciones que pretendían dilucidar si el personaje creaba su lenguaje o si era este el que creaba aquel. Por eso lo que nos encontramos en escena, en el ambigú de El Pavón, es un ejercicio de estilo, lo suficientemente vacuo en el contenido como para que la forma nos ocupe hasta donde lleguen nuestras ansias estéticas. Remón narra, le gusta narrar, se deleita en el narrar; pero resulta que es guionista y director y que sus palabras deben plasmarse en imágenes, encuadres, voces de protagonistas; y el tipo no se resiste a mostrarnos la virtud primordial de estos profesionales: el detallismo. Se nos entregan tres historias separadas y con unos puntos en común que dependen de nuestra buena voluntad, digamos que se hace referencia a Barbados y tampoco de una manera excesivamente simbólica. La primera es una anécdota sobre un tapicero, ya saben, el tapicero que recorre las calles con su megáfono a todo trapo ofreciendo sus servicios. Sigue leyendo

Arte

Una comedia burguesa sobre la amistad en nuestro mundo estetizado, dirigida por Miguel del Arco

Foto de Vanessa Rabade

Arte no va de arte, y es una pena que una obra teatral, aunque sea mediante la comedia no profundice sobre este hecho tan muerto como Dios (Arthur C. Danto dixit); sino de amistad. ¿Qué más da el cuadro blanco, absolutamente blanco, que se ha comprado Sergio? Ahí tenemos la pintura Blanco sobre blanco de Malevich de su serie de 1918. Sencillamente es llevarlo un poco más al extremo. Lo que quiero decir es que la discusión que ocupa gran parte del texto tiene como causante la envidia («Que Sergio se haya comprado ese cuadro me supera, me inquieta, me provoca una angustia indefinida.»), la irritación que supone que un amigo nos inflame con su soberbia, con su aparente saber, con su nueva adquisición: un coche, un chalé, un reloj; o con su nuevo viaje —siempre más lejos, más exótico, más inalcanzable. Por eso Marcos se parte de risa cuando sabe que aquella tela pulquérrima ha costado treinta mil del ala, porque está seguro de aquello no es arte, está plenamente convencido. El público se carcajea. Sigue leyendo

Ana Karenina

Una versión deshumanizada sobre el clásico ruso dirigida por Francesco Carril en el Teatro Kamikaze

No vale únicamente con atreverse a adaptar al teatro la popular novela de Tolstoi, es necesario una ambición que sea capaz de trasladar unas emociones que se fraguan lentamente en las cientos de páginas de la novela y que en las tablas deben ser sustituidas por la intensidad, la sutileza y el decoro. Es evidente que la extensión de la obra supone una gran dificultad; pero no se puede considerar que sea un relato excesivamente complejo, al fin y al cabo es realismo del siglo XIX. Pero lo que hallamos en la versión de Armin Petras es una reducción absurda, un deseo de recorrer toda la historia obviando múltiples detalles acerca de la personalidad de los personajes: Levin es un tipo atormentado que apenas saca a relucir sus intereses intelectuales; Karenin es un esbozo de un tipo del que no sabemos si es un anciano prematuro o un maquiavélico cornudo. Sigue leyendo

Iphigenia en Vallecas

María Hervás se mete en la piel de una «nini» para relatarnos el drama de su existencia

La Ifi es una choni de categoría. Es una de esas tías que vienen determinadas desde su nacimiento por la clase social a la que pertenecen. Ella es de clase baja. Ella vive con su abuela —no preguntemos por sus padres. Sale por su barrio como si fuera la reina de la calle, a ella no le chista ni Dios. Se hidrata el gaznate con todo lo pilla día sí y día también para cogerse unas buenas melopeas con su comadre la Silvi. Folla con Rique, un musculitos de risa ridícula —onda Beavis and Butthead— con quien tiene el miramiento de hacerlo con preservativo, a todas horas. Nada más, salvo reconocer que esto es una máscara, la gran pose de una piba que tiene muy difícil encontrar trabajo (suponemos que no tendrá estudios), que carece de contactos; que, a pesar de su soltura con los colegas, no sería capaz de cumplir con un horario y con una disciplina. Resulta fundamental comprender qué «utilidad» poseen este tipo de individuos en la sociedad y para ello debemos recurrir a uno de los ensayos que más ha dado en el clavo en los últimos tiempos y que, además, estudia el caso británico, de donde parte esta obra; y es Chavs, la demonización de la clase obrera, de Owen Jones. Sigue leyendo

Blackbird

Irene Escolar y José Luis Torrijos interpretan este drama de abusos sexuales en un montaje con sobresaliente factura escenográfica

Foto de Vanesa Rabade

Resulta ya pesado encontrarse con propuestas teatrales que caen premeditadamente en el gran error de toda creación cinematográfica, narrativa o dramática: contar, contar explicando aquello que se debería evidenciar a través de la vivencia, de la representación, del acontecimiento. Ante todo hay que mostrar, que para eso dispones de un lenguaje visual. Sigue leyendo

Juicio a una zorra

Carmen Machi se metamorfosea en una Helena de Troya humanizada para declamar el texto escrito por Miguel del Arco

Foto de Sergio Parra
Foto de Sergio Parra

La importancia de desmitificar los mitos mitificados a lo largo de la historia, los tópicos y las frases hechas que no paran de desvirtuar los valiosos elementos simbólicos que se soterran bajo la ficción, es uno de los principales baluartes de este espectáculo escrito y dirigido por Miguel del Arco. Contamos con un texto eminentemente posmoderno, donde la mezcla de discursos propende a sintetizar una alocución enérgica y eficaz. Desde mi punto de vista, le haría falta rebajar, principalmente al principio, ese populista deje que busca la complicidad de un público al que la protagonista ha otorgado el papel de jurado. En general, funciona ese baile dialéctico entre lo procaz y lo sentencioso, donde Helena de Troya va socavando la zafiedad que se esconde detrás de tanto héroe santificado por la literatura. La furibundia de la mujer más bella nos recuerda que antes de llegar a ese gloriado siglo de Pericles, el mundo helénico, como tantos otros, se edificó moralmente en el salvajismo. Sigue leyendo

La voz humana

Israel Elejalde dirige a Ana Wagener en una versión más contemporánea del drama de Cocteau

Foto de Vanessa Rabade
Foto de Vanessa Rabade

El teléfono ya no es lo que era, ni lo que fue en aquel París de 1930 cuando Jean Cocteau escribió La voz humana. Lo que había sido un enorme avance para la comunicación, esa posibilidad de charlar con alguien fácilmente, sin moverte de tu casa; ahora se ha transformado, gracias a los móviles, en el control absoluto de los otros. Aplicaciones tan populares como WhatsApp nos informan de si nuestro pequeño mensaje se ha recibido, cuándo se ha conectado por última vez la persona a la que nos queremos dirigir, etc. Pero, además, los smartphones nos permiten muchos otros modos de control, incluida la localización exacta de un individuo vía satélite. Estas nuevas circunstancias me llevan a pensar si la versión de Israel Elejalde no podría haber sido más ambiciosa en su modernización (él mismo la ha situado en el presente, con el aparatito de marras sonando sobre la cama y con referencias a gadgets como pendrive); puesto que el teléfono, para la protagonista, es un elemento metafórico y material de primer orden para agarrarse a la voz de su amado en esa última conversación. Sigue leyendo