La cocina

Sergio Peris-Mencheta comanda un montaje grandioso sobre la Europa convulsa de los años cincuenta

Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

La Bestia, igual que el Leviatán de Hobbes, es un mini-estado en forma de cocina, donde todos sus habitantes deben cumplir con las reglas que han aceptado para que sea posible alcanzar la armonía. Sergio Peris-Mencheta, con sus 41 años, se juega, con esta oportunidad que le ha brindado el Centro Dramático Nacional, obtener un prestigio que lo lleve a la élite española de la dirección escénica. Desde mi punto de vista, antes de analizar el resto de elementos, el madrileño ha logrado dar un aldabonazo con esta propuesta tan ambiciosa y tan sugerente. Ha sabido plasmar con maestría ese espíritu inasible del perspectivismo, de la amalgama que forman toda una serie de personajes muy distintos que se van compactando a través de la angustia vital, la esperanza ensoñadora y la perceptible alienación. Nos encontramos en Londres, el 8 de agosto de 1953, el día que los germanos verían condonada parte de la deuda contraída por aquel doloroso y humillante Tratado de Versalles, y las posteriores condenas. Mangolis, un pinche chipriota, el trabajador más joven de todos, un tipo vitalista, sin el peso de la tradición y la amargura sobre sus hombros, una especie de símbolo conciliador de los nuevos tiempos, es el primero en llegar al curro del Marango’s. Sigue leyendo

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Muñeca de porcelana

La última obra del prestigioso dramaturgo David Mamet, interpretada exitosamente por José Sacristán

muecaporcelana_fotosergioparra_002La historia del ricachón, del mafioso, del macho alfa bañado en pasta gansa, del millonario caprichoso en perpetua competición con sus congéneres por la fanfarronada mayor, la hemos escuchado y visto en multitud de ocasiones. Es un tópico y uno espera que la peculiaridad le reporte algún interés; pero aquí, en Muñeca de porcelana, David Mamet, que se sabe su oficio como el ebanista que cincela un chifonier con los ojos cerrados, ha empleado sus recursos afilados de guionista y dramaturgo para construir una pieza destinada únicamente al lucimiento de aquel que se ponga en la carne de Mike Ross, ya sea Al Pacino o José Sacristán. Por debajo vislumbramos un guion medido en espacio y tiempo. Una estructura de vaivén que modula nuestras emociones para desembocar en un final que, sea el que sea, a nadie le va a extrañar, puesto que Mamet se rige por los principios de la verosimilitud, aunque nos engañe con sus trucos de cadencia.   Sigue leyendo

La Estrella de Sevilla

Una obra histórica del Siglo de Oro, con Sancho IV de protagonista, envuelta en una sugerente escenografía

LaEstrelladeSevillaLo primero que cabe afirmar sobre La Estrella de Sevilla es que, según los argumentos del profesor Rodríguez López-Vázquez, si de alguien es esta obra, es de Andrés de Claramonte; un autor, desde luego, mucho menos célebre que su coetáneo Lope de Vega. Después hay que continuar declarando que, a pesar de que el argumento no ofrezca mucha originalidad respecto a otras obras sobre reyes despóticos, sí que resulta interesante, tanto por la estructura, tan bien equilibrada, como por la creación de personajes que se deben redondear con el paso del tiempo. Pero si por algo merece la pena el espectáculo que han pergeñado Alfonso Zurro y su equipo, es por su gusto escénico. El trabajo de Curt Allen con el vestuario, tan anacrónico y a la vez adecuado para el diseño de la escenografía, con apenas unas varas enormes que se van clavando en el suelo luminoso, según las necesidades de la acción, creando espacios invisibles, compone una Sevilla imaginaria que recibe la luz simbólica y rotunda que ha preparado Florencio Ortiz. Luego, apenas unos elementos muy bien seleccionados como un trono ligeramente esbozado. Además, se le suma una música que encaja exquisitamente. En verdad que la estética de esta obra es admirable. Sigue leyendo

La puta enamorada

La belleza, el amor y el poder suben a escena de la mano de Velázquez y la Calderona

A1-34055290.jpgLa certeza es el cuadro de La venus del espejo (actualmente expuesto en la National Gallery) y la ficción, mucha ficción, es la vida imaginada de Diego Velázquez y de María Calderón, la Calderona (amante de Felipe IV), en el Madrid maloliente donde transcurre el encuentro entre los dos personajes.

Digamos que el texto es una gran juego barroco al que no hay que buscarle razones a sus anacronismos, porque de lo que se trata es de crear un mecanismo donde la belleza, el amor y la picardía quevedesca establezcan una dialéctica a tres bandas bajo el contexto del siglo XVII, cuando Calderón de la Barca comenzaba a despuntar y la Plaza Mayor humeaba interminablemente. Sigue leyendo