El Teatro Español recupera obra del dramaturgo madrileño Miguel Mihura. Una historia sencilla en la que prima el humor absurdo y la rebeldía de su heroína en el chismoso ambiente de un pueblo costero

En primera instancia, no parece que «actualizar» La bella Dorotea, estrenada en 1963, situándola en los años setenta, sea suficiente como para que nos pueda decir algo que no resulte tan ingenuo como caduco. Y eso que el tema del chismorreo y el critiqueo generalizado se ha revitalizado en los últimos años debido al uso patológico de las redes sociales. Pero Amelia Ochandiano se ha quedado en una década que estéticamente se nos hace pop y nos colorea la ferroviaria costa cantábrica. Por lo tanto, el entretenimiento naíf se impone sobre un texto que ha envejecido mal. Esto ocurre, desde mi modesta opinión, porque lleva un ritmo interno muy desigual, y el humor que se destila requiere en nuestras acostumbradas percepciones audiovisuales una vivacidad insolente que en el Teatro Español decae en el suceder de las escenas. Sigue leyendo


Claudio Tolcachir ya había degustado el éxito con La omisión de la familia Coleman, la cual dispuso un estilo que, en gran medida, ironizaba a Chejov, y que, a la postre, favorecía la creación de Tercer cuerpo (y luego
Me viene ipso facto El séptimo continente de Michael Haneke. Esta es una película de 1989 y el desenlace y el misterio resultan muy similares a lo que Milo Rau pretende exponernos. O sea, trasladar a escena un paralelo simulado (esto es importante) de aquel suicido grupal que cometió la familia Demeester en Calais allá por el verano de 2007. «Normales» se afirma que eran. La pregunta, entonces, que me interesa responder es: ¿tiene nuestro dramaturgo una historia que contarnos o apenas cuenta con un hecho inexplicable? No querer saber o no poder saber o no poder desentrañar esta estupefacción no quiere decir que no podamos intuir, aunque sea atisbándolo, el sentido de la autodestrucción. En primera instancia, la fuerza del compromiso, que tan potente es en las sectas que se «despeñan» en los suicidios colectivos de hálito trascendente. Algo parecido se puede aseverar de los terroristas suicidas (la incapacidad para decirle «no» al grupo es apabullante) o como en esas reuniones de jóvenes japoneses que hacen quedadas mortales en coches asfixiantes.
De un tiempo a esta parte, el filósofo Javier Gomá ha estado pergeñando su teoría de la ejemplaridad. Y esta tiene que ver con la dignidad y con la emulación, atravesada por la admiración. Si bien ya afirmé con aquel debut suyo titulado
Esta obra ya se ha interpretado de múltiples maneras, casi tantas como 
