Tercer cuerpo

El Teatro Infanta Isabel acoge la reposición de la exitosa obra del bonaerense Claudio Tolcachir; aunque esta vez con elenco patrio

Tercer cuerpo - FotoClaudio Tolcachir ya había degustado el éxito con La omisión de la familia Coleman, la cual dispuso un estilo que, en gran medida, ironizaba a Chejov, y que, a la postre, favorecía la creación de Tercer cuerpo (y luego Emilia) que fue presentada en España en 2009 también con halagos. Ahora el Teatro Infanta Isabel acoge de nuevo el montaje; pero con actores españoles y en español estándar. Este hecho, que permite que entremos antes en atmósfera, no es solo una cuestión idiomática, sino, además, una perspectiva tonal. Es decir, ¿el director se ha dejado «contagiar» por unos modos más directos y cortantes, y no tan «embaucadores» como los porteños? Ya que las diferencias existen, y el texto apenas cambia unos cuantos términos dialectales. En principio, si fuera en argentino lo tomaríamos con mayor extrañeza y, quizás, con más humor de otro tipo, más acibarado. En cualquier caso, uno puede llegar a la conclusión fácilmente de que está en una comedia de situación televisiva sin risas enlatadas. Porque se compone a través de una comicidad de giros bruscos, de equívocos y de encubrimientos que se desbaratan a cada paso para provocar nuestra risa. Desde luego, de fondo puede haber una intención más profunda; más, en este caso, existencialista, con la que podemos conectar; pero la capa que va compactando aquel trajín que observamos se concreta en el golpe de efecto humorístico al que tanto estamos acostumbrados.

La máxima responsable de que el público alcance la carcajada (ustedes se lo pasarán bien) es Carmen Ruiz, ya que ella domina el jugueteo del engaño y sabe rascar cada frase para que suene risible (como hizo en Ronejo). Pero, ante todo, tiene pose de mujer corriente que, por cargante, resulta insoportable. Su Moni es molesta y, a la vez, posee candor. Se repite, te busca las vueltas y se mete en tu terreno para ordenar el desorden y dejarlo parecido. Porque estamos en una oficina cochambrosa y traspapelada, donde se cuelan algunos elementos ajenos, como un butacón, donde se hospedan personajes de otro lugar; pero que conviven con el resto en el mismo espacio escénico, entreverándose. Esta disposición es el gran trabajo de Tolcachir; pero creo que se deja arrastrar por el formalismo, puesto que parece desentenderse de sus propios seres abandonándolos en unas historias algo anodinas y consabidas. Claro que los diálogos son fulgurantes, enriquecidos por suspicacias y absurdeces fenomenales, que deleitan por momentos. No obstante, Tercer cuerpo insiste en la reiterativa zozobra contemporánea de los individuos sobre el alambre, ya sea en el trabajo, en el amor o en una vida que no tiene mucho sentido dentro de la rutina imparable.

Por otro lado, tenemos a Nuria Herrero, una enamoradiza Sofía, que departe con su novio en su piso (imaginamos) y que le descubre su cariño, su pasión sin ambages en una seguridad tremenda de lo que siente. La actriz transmite ese punto juvenil y entrañable que concierta con templanza. Puesto que su pareja, al contrario que ella, manifiesta sus cuitas con cierta vehemencia. Esta subtrama que un tanto coja, porque el papel de ella no tiene suficiente desarrollo. Gerardo Otero expresa con el personaje de Manuel una pujanza y una angustia interior que después poseen algo de coherencia. Por otra parte, está el centro de la acción, la susodicha oficina donde se enfrascan unos administrativos que podemos deducir obsoletos entre carpetas y máquinas de escribir que no funcionan. Donde se ejecuta el susodicho efecto de simultaneidad, que vale más como gesto dinamizador, que como verdadero trasunto o enhebrador de otras posibilidades. En cualquier caso, Natalia Verbeke se mete en la piel de Sandra, una mujer, en apariencia, más fuerte que el resto, más feliz y más configuradora del estereotipo de atractiva fémina que encuentra mayores oportunidades de relación social; aunque viva frustrada por no concebir un bebé. Siempre esta actriz sabe sacarse partido; porque demuestra su carácter y su firmeza en cada frase y, luego, también controla el «tontorreo», el dejarse querer. La cuestión, desde luego, es que todos los personajes se aúnan en la catástrofe personal y ni siquiera se pueden apoyar unos en los otros; puesto que se retan con ocultaciones, mentiras y autoengaños. Así lo vemos en Héctor, un Carlos Blanco que configura con naturalidad al tipo que lleva y llevará la sombra materna, ahora que esta ha muerto. Por supuesto, requiere cuidados y cariños de sus compañeras, antes de que busque el candor en otros derroteros seguramente nunca antes explorados desde la esclavitud del nido. Es con él con quien se cohesionan los dos grupos, pues ha tanteado (y más) a Manuel, quien resulta prestarse a encuentros furtivos en la otra acera.

Una vez que no sienten enteramente su cuerpo, ni confían en los otros cuerpos, el mundo vibra como un tercer cuerpo que es una destilación de la despersonalización tan característica de la ansiedad de nuestros días. El subtítulo: «La historia de un intento absurdo», nos confirma la idea. Vemos en ello la clara metáfora que se nos quiere traslucir; pero creo que esta versión, a diferencia de la porteña, cae en cierto tono de comedia de puro entretenimiento, divertida, sin caer en lo insulso, desde luego; porque sí que tiene un trasfondo, una amargura y una pesadumbre existencial.

Tercer cuerpo

Escrita y dirigida por Claudio Tolcachir

Reparto: Natalia Verbeke, Carmen Ruiz, Carlos Blanco, Nuria Herrero y Gerardo Otero

Escenografía y vestuario: Almudena Bautista

Iluminación: Ion Anibal López

Diseño espacial: Claudio Tolcachir

Diseño gráfico: Javier Naval

Distribución: Producciones Teatrales Contemporáneas S.L.

Ayudante de dirección: Carlos Montalvo

Productores asociados: Jonathan Zak y Maxime Seugé

Producción ejecutiva: Olvido Orovio

Dirección de producción: Ana Jelin Texto y dirección: Claudio Tolcachir

Tercer cuerpo es una coproducción de Producciones Teatrales Contemporáneas, Timbre 4 y Sebastián Blutrach

Teatro Infanta Isabel (Madrid)

Hasta el 1 de mayo de 2022

Calificación: ♦♦♦

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