Homenaje a Billy el Niño

Una obra que satiriza, desde el teatro-documento, los «cabos sueltos» de nuestra Transición, a través de la historia del inspector de policía Antonio González Pacheco

Homenaje a Billy el Niño - Foto de Laura Ortega
Foto de Laura Ortega

No han faltado en las últimas décadas —antes y después del 15 M— distintos cuestionamientos sobre el relato de la Transición. El borrón y cuenta nueva, la monarquía de partidos, el pragmatismo por encima de todo, el dejar atado el sistema controlando las estructuras y propiciando, a la postre, todo tipo de corrupciones y corruptelas que hemos padecido y lo seguimos haciendo. Entre las amnistías y el querer insistir en el olvido de muchas tropelías es muy comprensible que muchas víctimas de los zurriagazos del último franquismo quedaran desvalidas. Así quedó reflejado en el documental El silencio de los otros (2018), trayendo, sobre todo, a colación el tema de la Memoria Histórica. Otro documental, titulado Billy (2020), fue dedicado íntegramente a la figura de Antonio González Pacheco. Y, por lo tanto, podemos tomarlo como referencia también para observar la obra que firman Ruth Sánchez y Jessica Belda en el Teatro del Barrio. Ambas ya presentaron en su momento La Sección (mujeres en el fascismo español) y Españolas, Franco ha muerto, demostrando su interés por nuestro pasado más reciente. Reconozco que uno puede ponerse a la defensiva, a priori, por si el montaje termina en panfleto. Porque a veces parece que ya se cuenta con un público convencido y se cae en el populismo más rancio y poco crítico. Creo que, en esta ocasión, aunque se trabaja desde la sátira, el protagonista no ha lugar ni para la compasión ni para la duda. Otro asunto, como veremos, es hasta dónde se deben depurar responsabilidades de tanta aquiescencia política y judicial.

En cualquier caso, esta es una honorable propuesta teatral; aunque su factura requiriera un presupuesto de mayor enjundia (quién no lo quisiera) para que resultara más atractiva; ya que el atrezo y la propia pizarra digital que se usan resultan un tanto escuetos para el despliegue de las acciones que se intentan cohesionar. Porque sí que da la sensación de que el hilo conductor se desvanece por momentos y nosotros, como espectadores, debemos asumir que se están amalgamando historias, nombres, documentos de todo tipo, que remiten a hechos fundamentales; pero que entre tanto dato uno puede perder la noción de las distintas personas que se mencionan.

Como estamos en una propuesta de teatro documental (otra más en el panorama dramatúrgico español), seremos informados de la biografía de este macabro inspector de policía tan temido en aquellos años setenta de actividad deplorable en la Dirección General de Seguridad (DGS). Aunque la mascarada consigue atrapar enseguida, porque la pieza tiene mucho ritmo y sus intérpretes, a pesar de que el espacio se les quede un tanto pequeño, se manejan con soltura en sus actitudes performativas. Antonio Gómez carga con el personaje de Billy, sin ansias puramente imitativas (prueba de ello es su físico). Juegan esperpénticamente para adensar una atmósfera chabacana y cutre, verdaderamente zafia en la exposición de cómo se realizaban las torturas mientras los madrileños paseaban por la Puerta del Sol.

Que no se fuerce un orden cronológico nos deja por momentos con pocos asideros; pero eso también permite que la obra sea más compleja en su entreveración de temas y de subtramas que fuerzan las insinuaciones. En esto, Eva Redondo, en la dirección, sostiene lo justo las distintas líneas de fuga. Eso sí, desde el principio uno debe ser consciente de que el susodicho falleció por covid en 2020 y que cualquier investigación ya ha caído en saco roto. Que apenas puedan aparecer imágenes suyas, es todo un signo; pues se le pudo fotografiar en contadas ocasiones. En cualquier caso, comenzamos por la orden de busca y captura internacional que dictó la jueza Servini en 2013. El «No me acuerdo de nada» es tan repetitivo y elocuente como insultante, cuando lo emite después de cada uno de los nombres de aquellos trece vejados que sostienen la acusación. Después llegan los testimonios y las recreaciones, empezando por Lidia Falcón, la célebre abogada feminista, a la que en su momento se quiso vincular con Eva Forest y, por lo tanto, con el atentado de la Cafetería Rolando, donde fallecieron doce personas. Jessica Belda se inmiscuye en este y en otros muchos papeles, incluido el de narradora, el cual resulta un poco abusivo. De ella hay que destacar, el chulesco chotis con el que se cosifica al convertirse en Marietta, la metralleta, que se convierte casi en un interludio jocoso y vodevilesco muy satírico y magníficamente interpretado (me siento un tanto estafado por no encontrármelo en el texto impreso). El periplo de esta arma nos vale para situarnos en la masacre de los abogados de Atocha (llevada a esas mismas tablas en el último año). Otro de los protagonistas que más nos puede afectar emocionalmente es Chato Galante, quien, ironía del destino, también falleció de covid en 2020, con apenas unos meses de diferencia con su torturador y con casi los mismos años. A Galante lo hemos podido ver en todo tipo de entrevistas, documentales y reportajes televisivos en los últimos tiempos demostrando su entereza. Con él, en esta obra, recordamos el asesinato en 1969 del estudiante Enrique Ruano. Verdaderamente los detalles que vamos escuchando de todos estos afectados es espeluznante y merece la pena tenerlo en consideración. Porque uno de los objetivos manifiestos de esta obra, y creo que, en este sentido, las dramaturgas muestran su valentía, es realizar una acusación directísima sobre los encubridores de este tipo de represores (el susodicho no fue más que uno de tantos), hasta el punto de hacerle un homenaje y, como todos sabemos (para nuestra vergüenza como país), hacerle entrega de varias medallas por sus méritos, que únicamente se le consiguieron retirar una vez había muerto.

Diríamos que acusar a Rodolfo Martín Villa, al que encarna Jesús Barranco, con su habitual viveza (él contribuye con mucho oficio a la cohesión general del proyecto en escena), es algo asumido. Ahora, sacar las caretas de Zapatero, Aznar, Felipe o los sindicalistas Fidalgo y Méndez, como defensores del exministro cuando fue requerido por la justicia argentina, supone un ataque sin ambages y plantar no solo la sombra de la duda, sino esparcir una bruma que huele concretamente a cloaca. ¿Qué se ha callado tantos años? ¿A quién se ha encubierto, además, de a este González Pacheco? ¿Se puede construir sobre esos lodos un estado de derecho, también llamado popularmente democracia, o no queda otro remedio y, en realidad, estas pobres víctimas son los mártires inevitables? Si son los mártires inevitables con los que debemos contar para que la paz sea con nosotros; entonces, al menos, tendremos que seguir resarciéndolos moralmente. Desde luego, esta obra de teatro contribuye a ello.

Homenaje a Billy el Niño

Autoría: Ruth Sánchez y Jessica Belda

Dirección: Eva Redondo

Intérpretes: Jesús Barranco, Antonio Gómez y Jessica Belda

Escenografía y vestuario: Almudena Bautista

Iluminación: César Linares

Espacio sonoro: Ojo Último

Audiovisual: Mi Moto Alpina

Producción artística: Ana Belén Santiago

Producción: Lucía Rico

Comunicación: Paloma Fidalgo

Fotografía: Laura Ortega

Cartel: Jacobo Gavira

Técnica: Tony Sánchez

Una producción de Teatro del Barrio

Teatro del Barrio (Madrid)

Hasta el 30 de mayo de 2022

Calificación: ♦♦♦

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