Las brujas de Salem

Puesta en escena del célebre texto de Arthur Miller, quien se propuso crear una alegoría del macartismo

Foto de David Ruano

Actualmente, cuando se habla de una «caza de brujas», se pretende dar a entender que algún poder imperante se dedica, de modo inquisitorial, a perseguir a cierto grupo de individuos por razones políticas, morales, religiosas, económicas, etc. Es decir, ya se ha extendido la cuestión estrictamente supersticiosa a cualquier ámbito cultural. De todos es conocido, principalmente porque competió a estrellas de Hollywood, el proceso por el cual el senador Joseph McCarthy emprendió una cruzada contra todo lo que oliera a comunismo y, por lo tanto, a antiamericanismo. El propio Arthur Miller se vio enredado en aquellos juicios y esto le sirvió como acicate para tomar los hechos acaecidos en Salem en 1692 como alegoría de lo que estaba ocurriendo en su país. Este asunto, evidentemente, no es baladí, puesto que nos podemos inclinar hacia motivos concretamente políticos (por mucho que se haya instigado a ciertas poblaciones a ver a los rojos como seres que llevan cuernos y cola), depurando el componente religioso. Sigue leyendo →

Los Gondra

El Centro Dramático Nacional presenta una saga vasca que recorre más de cien años de historia a golpe de fratricidio

Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Sostengo desde hace tiempo que la identificación es el mayor vicio del ser humano. Es muy difícil defender la libertad de un individuo que vive subsumido en una religión, un partido político, una corriente de pensamiento o en una tradición. Él no es él, sino el eslabón de la idea o su defensor más fiero. El poeta bilbaíno Gabriel Aresti versó: Nire aitaren etxea / defendituko dut. / Otsoen kontra,…; es decir: Defenderé / la casa de mi padre. / Contra los lobos,… O, si preferimos: Harmak kenduko dizkidate, / eta eskuarekin defendituko dut / nire aitaren etxea; es decir: Me quitará las armas / y con las manos defenderé / la casa de mi padre;… Ahí lo tenemos pues. Borja Ortiz de Gondra sale al escenario para introducirnos en la historia que se va a representar —los meandros de su árbol genealógico— un hecho que cobra verdadero sentido cuando él se funde en el propio elenco para participar, aunque sea brevemente, en varios momentos de la representación. Un toque muy interesante de realidad-ficción que fluye y que establece un marco que recoge una estructura que nos lleva al pasado a través de tres periodos muy distantes, de tres generaciones, para regresar al 2015. Sigue leyendo →

La soga

El famoso film de Hitchcock se traslada a las tablas del Teatro Fígaro, de Madrid, en pos del crimen perfecto

La soga imagenLa película que todos recordamos de Alfred Hitchcock siempre redundó con su propuesta  entre magnificarla por las habilidades técnicas (el maestro hizo todo lo que pudo para que diera  la sensación de que estaba rodada en tiempo real, aunque materialmente fuera imposible en  aquella época) o, por el contrario, infravalorar el discurso macabro y eugenésico que se disponía  a esbozar. Está claro que la obra de teatro debe ser otra cosa. Aquí no existe esa doble  subjetividad del punto de vista (Hitchcock nos arrastraba constantemente con la sucesión de  planos-secuencia, mientras nosotros intentábamos poner nuestra inteligencia a la hora de  descubrir otros resortes en la imagen), aquí se pierde el movimiento de cámara y eso provoca  estatismo en una cena que está destinada al fracaso por incompatibilidad de caracteres; si,  además, le quitas el personaje de la señora Kentley (y algún actor más), entonces, debes acelerar  el ritmo para que no se amalgamen los silencios. Y esto ocurre en el trabajo que nos presenta  Nina Reglero. Se echa de menos algo más de movimiento entre los invitados a la cena, más chispa, cierta alegría a pesar de la tensión que se va respirando. Sigue leyendo →

Escena: Fin de temporada 2014-2015

Repaso a las mejores obras teatrales que hemos podido disfrutar en las salas madrileñas

Escena de InvernaderoLa burbuja teatral en Madrid no para de hincharse, uno ya es incapaz de contar cuántas salas se abren y en cuántos lugares se monta una obra buscando llamar la atención de un público que ya no sabe dónde acudir, y que no se puede repartir más. Si no se adopta una estrategia efectiva (debe pasar por la pedagogía, por construir nuevos espectadores) el pastel no va a dar para tanto. Pierden los actores en sus derechos laborales y pierde el teatro en esa complacencia por agradar y buscar el éxito a cualquier precio. El filtro se ensancha y muchos textos se representan de cualquier manera. Otro tema que las pequeñas salas no deberían dejar pasar por alto es la comunicación. Sigue leyendo →

El loco de los balcones

Fallos de estructura en El loco de los balcones, tercera obra del Nobel sobre los escenarios en los últimos años

el-loco-de-los-balcones-teatro-espanol-hoyenlacity-dentro-1-1024x799La obra comienza con el profesor Brunelli subido a uno de los balcones que trufaban Lima aún en los años 50 y que durante gran parte de su vida se ha dedicado a proteger, a defender frente a las autoridades y los nuevos arquitectos. Su cometido es puro romanticismo; su empresa, por lo tanto, está destinada al fracaso desde el primer instante y, ya se sabe, al final los daños colaterales resultan impredecibles. Como bien le gusta a Vargas Llosa, la narración de los hechos juega con el tiempo entre un presente de desesperanza y un pasado en el que transcurren sus andanzas en pos de esa lucha titánica por preservar el patrimonio local. Desde mi punto de vista, la obra fracasa en la estructura, aunque paradójicamente el premio Nobel sea un maestro en estos cometidos; pero, mientras el protagonista se deleita en exceso, fundamentalmente en la primera parte Sigue leyendo →

Los nadadores nocturnos

Una función que se zambulle con algún desvarío en las vidas de unos individuos golpeados por los avatares de la modernidad

Ya es un tópico de nuestra contemporaneidad. Lo veíamos el otro día con Sé de un lugar. La vida cuesta. La vida urbana con sus reglas tremebundas y nuestra incapacidad para adaptarnos a los ritmos del mundo moderno conlleva hecatombe emocional. Acostumbrados a que nos lo hagan todo, tanto en casa como fuera (mediante pago, por supuesto), nos predisponemos hacia la irresponsabilidad y hacia el sufrimiento de la incomprensión. Los nadadores nocturnos, en realidad, son un grupo de avestruces que meten la cabeza debajo del agua, unos buceadores de algodón huyendo del ruido atroz de la existencia compleja. Sigue leyendo →

Atchúusss!!!

Un elenco de altura y una dirección precisa avivan las piezas chejovianas más humorísticas

Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Lo que Carles Alfaro se ha atrevido a montar en el Teatro de La Latina, después de su éxito con Éramos tres hermanas, es una mezcla entre la búsqueda del humor paradójico y kafkiano y la enseñanza moral en el cuadro de costumbres. Atchúusss!!! se compone de cinco piezas interpretadas por cinco actores hiladas por un marco en el que un viejo actor, ahora convertido en un taciturno acomodador, nos va a dar pie a unas remembranzas ilusionantes. Quizás el preludio transcurre un poco lento hasta que Ernesto Alterio, como musical maestro de ceremonias, pone en marcha su plan para divertir al personal con las historias de ese hombre que nos predispone a un juego de metateatro. Advierte que vive en un teatro y que al público de un teatro auténtico se dirige. Que este público ansíe encontrarse con la risa rápidamente puede hacer que se vea desconcertado, puesto que lo verdaderamente gracioso se hace esperar. Sigue leyendo →

Invernadero

Mario Gas monta la célebre obra de Harold Pinter acerca de un inquietante sanatorio

Foto de Ros Ribas
Foto de Ros Ribas

¿No es, acaso, el fin que el mundo hiberne bajo los dictados de los poderosos? No hace falta ningún electroshock, vale con leves dosis de trending topic. Harold Pinter se imaginó una especie de cotolengo o un sanatorio (nada que ver con el de La montaña mágica) que recluyera a toda una serie de burócratas enfermos de su propia maquinaria. Invernadero es una especie de engranaje basado en el control que, auspiciado por la deshumanización del paciente (es designado únicamente a través de un sofisticado código numérico), produce la consiguiente reverberación en sus ejecutores. Nada más comenzar, Gonzalo de Castro, metamorfoseado en el Director Roote, un antiguo militar, desconoce — mientras reclama furibundamente observancia— que uno de los internos ha muerto y que, además, él mismo ha firmado el acta de defunción. Por si esto fuera poco, una mujer ha parido en la propia institución, siendo esta una casquivana conocida por todos (de la que tampoco parece tener noticia). Ambos hechos resultan inéditos. Ahí comienza el discurso paradójico que Gonzalo de Castro emprende con firmeza y enorme vis cómica (un humor inglés pavoroso que, ciertamente, no embelesa a todo el personal), y que arrastrará hasta el final de la obra desencadenando diversas subtramas. Su claro antagonista, Tristán Ulloa, Gibbs, se planta simultáneamente como mano derecha y, de forma torticera, como candidato al puesto de máxima responsabilidad; un ser ordenado, diligente y estrictamente cáustico que va trenzando su maléfico plan entre los efluvios de un ambiente cínico. Sigue leyendo →

La calma mágica

Alfredo Sanzol presenta su último ingenio en el Valle-Inclán

la-calma-magica_06Suele ocurrir que las comedias se toman por intrascendentes y se juzgan más por el divertimento que procuran que por sus engranajes ocultos. Pero los maestros, como lo fue Billy Wilder, conseguían conjugar la melancolía y la nostalgia con el escape humorístico decorado con ironía. De la misma forma, Alfredo Sanzol va construyendo con mimbres propios toda una carrera en este género. Si en sus primeras obras (Sí, pero no lo soy o Días estupendos) optó por el tejido de escenas casi independientes, casi de sketchs, de un tiempo a esta parte (Aventura!, la temporada anterior), sus textos se ofrecen abigarrados y mucho más serios; preparando la conflagración. En La calma mágica —tras un preludio musical absolutamente sugeridor de las comedias y teleseries anglosajonas de larga tradición—, partimos de una entrevista de trabajo y de unas setas alucinógenas que el entrevistado traga sin muchas contemplaciones, como si tal ofrecimiento fuera casi lo que necesitaba. A partir de ahí, el discurrir enteógeno, inspirado, no por un dios, si no por su padre fallecido, lo lanza a una experiencia que parte de la insignificante grabación de un vídeo en el que él mismo sale durmiendo para, bastante después, terminar en Kenia, tras haber luchado con su némesis, un empresario sin demasiados escrúpulos. En pleno ascenso onírico, los símbolos se suceden, ocultos, en la concatenación de situaciones cómicas y extrañas, trufadas de tópicos de nuestra modernidad como el ecologismo, la defensa de los animales, la transgresión de nuestra intimidad, los miedos a la vida adulta y el turismo de advenedizos. Entre la simbología más evidente, un elefante rosa, el Ganesha hindú, cuerpo de hombre, cabeza de paquidermo, ahuyentador de obstáculos. Sigue leyendo →