La vida es sueño

Los ingleses Declan Donnellan y Nick Ormerod ofrecen una visión desenfadada de este clásico, a través de una modernización que rebaja la hondura filosófica del dramaturgo español

La vida es sueño - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Donnellan y Ormerod llegan con todo su bagaje modernizador de clásicos a emprenderla con nuestro Calderón, y creo que es un manierismo, un estilo repetido, que devalúa las cuitas barrocas. Sus dramaturgistas, en buena lid, corrompen la duda imperante en el autor español para trasladarnos hacia un mundo onírico que, en cierta forma, anhela la evasión ante la zozobra del devenir. Para ello nos sitúan en un contexto que podríamos hallar en los años cuarenta, durante el final de la Segunda Guerra Mundial, a caballo entre Europa y Estados Unidos. Puesto que la comicidad del vodevil se adentra de manera muy sorpresiva e inédita sobre las tablas, para producir un choque que es de lo más meritorio. Y esto lo podemos asumir, porque tenemos integrado en nosotros el drama, nos lo sabemos y, si mantenemos la mente abierta, podemos encontrar derivas por las que colarnos imaginariamente.

La musicalidad, el juego de puertas y de guiños payasescos propios del slapstick (incluido el lanzamiento por la ventana del lacayo) vienen remarcados una y otra vez, como una reiteración surrealista, por el tema «Cuánto le gusta», de Carmen Miranda. Esa atmósfera de diversión se conjuga con la parálisis y la estupefacción del máximo protagonista: Basilio. Sigue leyendo

Los mundos del Price

La fantasía, la naturaleza, el circo, la danza y la música se aúnan para desarrollar un espectáculo de gran factura para deleitar a todos los públicos

Los mundos del Price - FotoEl año pasado pudimos disfrutar en el Circo Price de un gran espectáculo titulado La vuelta al mundo de Cometa. El montaje combinaba a la perfección el humor, el circo y unas interpretaciones muy atractivas para cautivar tanto a niños como a mayores. Pero este mes de diciembre nos hemos encontrado con dos propuestas parecidas que se extraen de lo que debiera haber sido una continuación del que pudimos contemplar la temporada anterior. Es fácil deducir que se ha dado una ruptura entre las distintas partes que configuraban la idea. Así que Cometa soy yo está por un lado, con Carla Pulpón como gran protagonista; y Los mundos del Price están por aquí ocupando este extraordinario espacio público. Digamos que los espectadores hemos perdido con esta situación. Los mejores números circenses (y la producción general) están en el Price y la comedia más chispeante y ágil está allá en la carpa.

Porque la gran pega de esta función es que el relato es muy endeble. A los más peques, cuando aún están acomodándose en sus asientos se les cuenta que cinco amigos vivían en un lugar idílico, en un lugar mágico rodeado de la naturaleza. Ahora, por qué ese mundo de armonía se convirtió en un desastre, no alcanza a quedar muy clara, más allá de que nosotros somos los culpables, con lo que habría un mensaje ecologista. No obstante, la cuestión es que esa degradación no se llega a representar en escena y resulta bastante raro que se hable de ello sin que se entienda muy bien qué pasa a lo largo de la obra. Por eso, los vemos viajando a los diferentes mundos de cada uno de los protagonistas.

Digamos, por tanto, que el libreto es un tanto escueto en ese sentido y que lo más sobresaliente de este espectáculo es el dinamismo que han propiciado Lola González y Bob Niko en la dirección. Pues las coreografías fluyen tanto como las transiciones entre las distintas escenas, la esfera del circo se aprovecha en su máxima amplitud provocando la participación de los asistentes y «adentrándolos» cuando los personajes discurren entre los pasillos y las filas, y luego, en el juego de luces-láser, se genera toda una fascinación. También se gana en las actuaciones musicales, sobre todo en aquellas comandadas por Dani Reus que, además de dirigirlas, se encarna en Maestro Dante.

Aunque el líder del grupo es Tomy Álvarez, que hace de Tom, un tipo disfrazado de piloto, y que lleva su ímpetu por doquier para recuperar la vitalidad de la naturaleza. Y así se deja arrastrar por su fuerza la divertida Lucía Castro, que se imbuye en el rol de Tatín, una payasa que posee un elixir capaz de hacer reír a cualquier. Como es el caso de Lucas, un tipo bien engreído, que siempre quiere tener razón en todo y que se va ablandando según llegamos al desenlace. Mario Méndez lo caracteriza con altivez risible y es un buen contraste dentro del elenco. Finalmente, Leyla Nichols se queda con la princesa Lai, para llevarnos por el territorio candy, un destino repleto de dulces, y para resultar ella misma candorosa con todos los niños allí reunidos. Ciertamente forman un buen grupo y animan mucho con sus diálogos de humor blanco y alguna alusión a nuestra sociedad actual que los adultos entenderán mejor. A ellos se le suman hasta seis duendes que pululan sin fin y que van ataviados con un original vestuario diseñado por Emilio Salas (con los complementos ineludibles de Manuel Noli), quien ha realizado un magnífico trabajo con cada uno de los peculiares seres que vamos conociendo y que propicia una factura general extraordinaria.

En cuanto a lo puramente circense, en la primera parte resultan muy llamativas las actuaciones de Daniela de Mar Díaz y Susana Casas en la suspensión capilar y van caldeando el ambiente, pues la fuerza y la habilidad de Fabián González en la rueda cyr es alucinante; pero creo que los espectadores disfrutaron, sobre todo, con la velocidad increíble de pies y, principalmente, de manos, que demostró Alan Sulc con sus malabares. «¿Cuántas bolas manejaba?». U: «Uf, once mil». Sí que en la segunda mitad llega el plato fuerte, que será la rueda de la muerte, una atracción que implica suspender una gran estructura giratoria. No obstante, antes, para preparar ese fin de fiesta, harán las delicias del respetable un grupo de acróbatas formidable en la palanca.

Los mundos del Price es un buen montaje y se percibe una gran satisfacción en el público. Los números circenses ofrecen una dificultad considerable y las diferentes escenas están realizadas con mimo. Así que resulta del todo recomendable. «¿Verdad, U?». «Absolutamente».

Los mundos del Price

Idea original y dirección: Lola González y Bob Niko

Protagonistas: Tomy Álvarez, Fran del Pino, Dani Reus, Leyla Nichols y Lucía Castro

Duendes: Pedro de la Torre, Lucia Sevillano, Elena Zancajo, Javier Tapia, Néstor Chaves y Luis Lázaro

Bailarinas: Catalina Cesanelli, Iris Juerzas y Natalia Garcia

Covers: Mario Mendez (Lucas) y Falco Cabo (Dante)

Suspensión capilar: Daniela de Mar Díaz y Susana Casas

Malabarista: Alan Sulc

Rueda de la muerte: Fabio Mimoso y Hans Vilhena

Báscula troup palanca: Sebastian Krefeld, Felipe Lugo, Sebastián Medina y Kossyl Amara

Rueda cyr: Fabián González

Producción ejecutiva: Bob Niko

Diseño de vestuario: Emilio Salinas

Diseño de complementos: Manuel Noli

Diseño de iluminación: Ezequiel Nobili

Diseño de sonido: Javier Perujo

Libreto: Zenón Recalde y Lola González

Dirección musical: Dani Reus

Producción musical: Jeansy Auz

Letrista: Víctor Martin

Contenidos audiovisuales: Juan Jose Palacios y Javier Perujo

Maquillaje: Alberto Dugarte

Diseño escenográfico: Lola González y Bob Niko

Coreografía: Lola González

Producción: Susana Lopezosa

Maquillaje: Alberto Dugarte

Teatro Circo Price (Madrid)

Hasta el 7 de enero de 2022

Calificación: ♦♦♦

U: ♦♦♦♦

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Del teatro y otros males que acechan en los corrales

La compañía Morboria se adentra en los entresijos del teatro áureo para propiciar una comedia que va más allá de lo metateatral

Del teatro y otros males - FotoParece que el reto se ha establecido entre La Abadía y el Fernán Gómez por ver quién monta la fiesta barroca más espectacular. Allá, con Vive Molière, el asunto parece más fino y versallesco, y acá no tienen problemas en adentrarnos hasta el caos, la vulgaridad y la pillería propios de la capital. Mucha mierda se huele en el desparpajo de los Morboria hasta sondear la astracanada adelantada a su tiempo, acogiéndose al ritmo del entremés y de la comedia de enredo lopesca. Con sus dosis de metateatro, evidentemente, que es lo que toca hoy en día y parece que es un tamiz inapelable por el que se debe pasar. Aunque aquí viene muy a cuento; puesto que nos vale para descubrir la precariedad sempiterna de aquellas compañías que veían imposible establecerse con cierta normalidad en alguno de los corrales madrileños. Sigue leyendo

Vive Molière

La compañía Ay Teatro hace revivir al dramaturgo francés a través de sus personajes más célebres en un espectáculo brioso

VIve Molière - Foto de David Ruiz
Foto de David Ruiz

Con los montajes que firman Álvaro Tato y Yayo Cáceres se pierde y se gana, y el público, amplio y gozoso, ya sabe que ahí, sobre la escena, será embaucado por un ritmo trepidante; aunque deberá renunciar a una incidencia mayor en los motivos, en los conceptos, en las historias. Todo, quizás, no se puede, si de lo que se trata es de antologizar o de trocear o de popularizar teatros que fueron, por aquellas, populares; pero que a nosotros se nos pueden abalanzar algo escurridizos por falta de contexto. Esta misma temporada ya hemos podido comprobar todo esto con Malvivir y, ahora, con Vive Molière, volvemos a disfrutar del portentoso engranaje de cuadros que vienen de diferentes obras del dramaturgo francés más célebre en este cuarto centenario de su nacimiento, el cual nos ha deparado un buen ramillete de propuestas (le ha ido mucho mejor que a Galdós, por ejemplo), como el montaje de Flotats o el Tartufo, de Caballero. Por otra parte, coincide en la cartelera madrileña esta pieza con otra titulada Del teatro y otros males que acechan en los corrales que, con un estilo muy distinto, también comparte marco metateatral y homenaje al barroco. Y precisamente los de Morboria nos dieron cuenta ya hace meses de El enfermo imaginario, que se vuelve a recordar en el desenlace sobre las tablas de La Abadía. Sigue leyendo

Sweet Dreams

El dramaturgo Alberto Velasco recurre a los reiterativos procedimientos de la autoficción teatral para descubrirnos sus traumas personales y la época de fracaso que acaba de atravesar. La sala del off madrileño, Nave 73, acoge este espectáculo.

Sweet Dreams - Alberto VelascoPuede que debamos aprovechar esta autoficción de Alberto Velasco para reflexionar sobre cierta deriva del arte dramático y sobre las ínfulas de esos seres especialísimos que últimamente nos atenazan con sus peculiaridades deslumbrantes. El reflejo de esta egolatría encuentra su hábitat en el precario off teatral a través del cajón desastre tildado de postdramático, puesto en marcha hace ya décadas, donde el pastiche nos deja cientos de propuestas que redundan en algunos procedimientos y, sobre todo, en la insustancialidad (salvo excepciones). Porque la cuestión está en epatar, en diferenciarse como sea, en usar mucho el griterío en el micrófono y, principalmente, en salvaguardarse del discurso potente con la ironía. La ironía es la máscara imperante del presente desencantado. Sigue leyendo

El peso de un cuerpo

La dramaturga Victoria Szpunberg ha puesto su experiencia personal para plasmar el trato a los ancianos enfermos en nuestro país

El peso de un cuerpo - David Ruano
Foto de David Ruano

Que Victoria Szpunberg haya querido trasladar su propia vivencia a través de una incursión onírica, nos sitúa en ese kafkiano camino hacia una resolución que se anticipa con creces y que está repleta de dolor. La Ley de Dependencia es una broma de mal gusto, como otras tantas normas y derechos adquiridos que se inmaterializan en nuestra sociedad de consumo. El «vuelva usted mañana» es un martillo pilón en el sistema burocrático.

Cuando el padre sufre un ictus y la hija que vive con él ha de hacerse cargo de un cuerpo moribundo que no parece que vaya a encontrar una salida conveniente, todas las cuitas sobre la mejor muerte se agolpan, mientas aún queda la esperanza de que salga de esta. El peso de un cuerpo es la historia de un ensañamiento moral y social, donde no da la impresión de que tengamos las cosas claras. Sigue leyendo

Pieces of a Woman

Kata Wéber y Kornél Mundruczó mezclan cine y teatro para hablar de la pérdida terrible que sufre una mujer

Pieces of a Woman - Foto de Natalia Kabanow
Foto de Natalia Kabanow

Durante el 2020, la película Fragmentos de una mujer, protagonizada por Vanessa Kirby, ganadora de la Copa Volpi en Venecia, tuvo muy buena aceptación entre la crítica y el público; pero, a tenor, de lo observado en el Teatro María Guerrero, podemos considerar que su plasmación dramatúrgica supera con creces aquel film. Lo que puede resultar más interesante es contemplar ambas obras a la par, con sus enormes diferencias en el contenido y en la forma, y eso que sus pergeñadores son los mismos, es decir, el matrimonio formado por la dramaturga Kata Wéber y el director Kornél Mundruczó. Aquella se sitúa en Boston, y la familia protagonista es sofisticada, con alto poder adquisitivo y donde uno es capaz de entender a qué moda y a qué valores se adscribe esa joven para desear que su bebé nazca en casa con los riesgos que eso conlleva en el caso de que se presenten dificultades. Ese es un debate. Mientras que nosotros nos encontramos en Varsovia, en un pequeño apartamento, donde una pareja de lo más corriente aguarda la llegada de su primer hijo. Para saber por qué han decidido tenerlo allí, tendría que hacerme una idea del sistema sanitario polaco. Pero uno no tiene la sensación de que se un empeño de la esfera woke. Sigue leyendo

Cometa soy yo

Una nueva entrega navideña del espectáculo comandado por la extraterrestre más castiza del universo, donde se conjuga la música, el circo, el teatro y el baile

Cometa soy yo - FotoDesde hace ya unos años, las Navidades nos traen un espectáculo que mezcla teatro, circo y danza para toda la familia, y que tiene como protagonista a Cometa, una extraterrestre que ya la temporada anterior decidió empadronarse en Madrid. Carla Pulpón es el gran atractivo de este montaje; una actriz que se ha hecho célebre gracias al personaje de Mapi, la protagonista del programa de TVE.

La intérprete posee un desparpajo inconmensurable. Su dominio escénico es sobresaliente, no hay más que ver cómo se maneja con el público, con ese tono chulesco y macarra que tanto divierte al personal y, sobre todo, cuando tiene que sacar a un espectador para que contribuya con su «buen hacer» a la propuesta. Sigue leyendo

Un animal en mi almohada

Vanessa Espín traza un breve y poetizado drama con aires lorquianos sobre una mujer maltratada

Un animal en mi almohada - FotoNo sé si podemos tener en consideración intelectualmente a una dramaturga que toma para sí la siguiente afirmación: «La violencia machista mata más que el cáncer. La violencia machista mata más que el terrorismo de ETA». Aceptar comparación tan espuria puede indicarnos por qué se discurre en esta obra de la manera que lo hace. Es decir, no intentar comprender las implicaciones sociales, culturales, económicas, biológicas, legales, morales y políticas del hecho para atinar con la solución más precisa.

Viene esta propuesta, estrenada hace unos pocos años, a sumarse a una serie de montajes cargados de buenas intenciones, con pretensión de denuncia en relación a la violencia ejercida contra las mujeres en el ámbito familiar. Piezas que se ofuscan tanto en el límpido objetivo, que terminan por ser enormemente simplificadoras. Me refiero, por ejemplo, a Ana, también a nosotros nos llevará el olvido o El grito, con las que encuentro similitudes dramatúrgicas y éticas. Sigue leyendo