Al Galope

Una Carme Elías impostada hacia el pijerío hace inverosímil el personaje de Diana Vreeland

Al GalopeHoy todo el mundo conoce la revista Vogue, la Biblia de la moda, la publicación que más ha influido en la forma de vestir en el mundo entero, aunque, siendo realistas, ahora mismo haya perdido poder, que no aura. También es muy popular su directora estadounidense, Anna Wintour, sobre todo desde el éxito del film El diablo viste de Prada. Pues antes hubo otra mujer en la cúspide de esta industria tan aparentemente paradójica, Diana Vreeland. El documental dirigido por su nieta en 2011 recuperó el trabajo de esta mujer; y, ahora, en escena, Al galope, muestra el momento en el que tras ser despedida de Vogue es tentada para trabajar en el Metropolitan (con el tiempo será la iniciadora de lo que hoy es uno de los eventos más populares de Nueva York). La protagonista ha viajado durante cuatro meses por diferentes países. A su regreso se encuentra con problemas económicos y la imperiosa necesidad de reactivarse. Hay que reconocer que lo que cuenta el documental está repleto de interés sociológico, pero lo que se plasma en las tablas es el tedioso transcurso de una señora muy satisfecha de ser quien es, aunque no transmite el supuesto poder que ha ostentado. La cuestión es que hemos podido escuchar la voz real de Vreeland, su acento quemado por el tabaco, su energía y, también, ver su rostro poco agraciado (como ella misma reconocía). Con Carme Elías, tenemos a una dama de movimientos sutiles, elegantes y un rostro bello; además, posee una voz que se imposta hacia el pijerío y la superficialidad abusiva. Es una composición del personaje muy chocante y poco verosímil, que se acentúa con una interpretación levemente fallona y sin el empaque que se necesita para meterse en la piel de una mujer tan enérgica como Vreeland. Sigue leyendo →

El Príncipe

Una lección magistral sobre la ideología recogida en El príncipe, carente de recreación dramática

El príncipe - fotoA priori, no parece sencillo llevar a escena un texto de filosofía política tan célebre como El Príncipe de Nicolás Maquiavelo. Pero si se opta por convertir la función en una especie de clase magistral frente a expectantes alumnos, entonces la incógnita está resuelta. Aún me pregunto qué ha buscado Juan Carlos Rubio con este montaje, máxime si carece de creación dramática y de intervención imaginativa. Quizás transmitir las enseñanzas del pensador florentino o, seguramente, volver a insistir en lo actual que resulta el libro (¿cuándo no lo ha parecido?). Lo que nos encontramos verdaderamente es a un hombre vestido de traje dentro de un despacho, mientras se va autodictando cada uno de los capítulos como si estuviera preparando una conferencia. Ya bastante avanzada la función encontramos un giro, una leve transformación, sin duda el aspecto más interesante de lo que se va viendo. Resulta una aproximación hacia la vida de Maquiavelo, a su desdichado cautiverio motivado por unas falsas acusaciones. Si Juan Carlos Rubio hubiera optado desde el principio por esta línea más autobiográfica, evidentemente, tanto lo narrativo como lo dramatúrgico hubieran ganado en persuasión. En cuanto a la propia doctrina del filósofo, tan mal interpretado en términos generales con aquello de maquiavélico (la publicidad de la propia obra contribuye a ese tópico), sí que se manifiesta su insistencia en la virtud, en el desarrollo del líder virtuoso. Moralmente no era Kant y no iba a defender la verdad por encima de los fines necesarios para el estado, pero su pragmatismo no olvidaba aquellas enseñanzas aristotélicas sobre la prudencia, la fortaleza, la templanza y la justicia. Nada original, pero conviene recordarlo. Sigue leyendo →

Los caciques

La versión de Los caciques que se presenta en el Teatro María Guerrero se muestra falta de ritmo

Foto de MarcosGpunto
Foto de MarcosGpunto

Es muy difícil presentar el teatro de éxito popular de los años veinte y treinta al público actual, precisamente porque ese teatro se basa en el gusto concreto de una masa de espectadores. Las exigencias y capacidades de aquellos que ocupan las butacas en cada función han aumentado o, más bien, quienes acuden a las salas pertenecen, en general, a un grupo sociocultural distinto. Hoy, el espectador de ese teatro popular, está en el cine. Se ha querido presentar una versión de Los caciques, de Arniches, más moderna, ágil y estetizada. Se han anulado algunas escenas, se ha cambiado el lenguaje vulgar y pueblerino por uno más sibilino y urbano, y han desparecido bastantes personajes; sin embargo, la trama permanece apenas alterada. Se espera la llegada de un inspector de hacienda (como aquella obra de Gógol en la cual se inspira, y que Miguel del Arco llevó a escena hace pocos años con una versión muy inteligente), y el alcalde del pueblo, un corrupto rodeado de untados adláteres, prepara todo para embaucarle con mentiras, pero antes se presentan, por casualidad, dos truhanes en busca de la sobrina del mismísimo regidor. Sigue leyendo →

Splendid´s

Al texto de Jean Genet se le suma su única película como director en una función repleta de sugerencias autobiográficas

Foto de Frederic Nauzyciel
Foto de Frederic Nauzyciel

No es una decisión azarosa de Arthur Nauzyciel incluir, como preludio a la función, el cortometraje de 1950, Un chant d’amor, del propio Genet; es más, se debe observar como un todo. La cinta, en blanco y negro, y muda, expone la situación de varios presos en sus celdas mientras sus prácticas onanistas y sus ensoñaciones sexuales se mezclan con el voyerismo de un guardia. Sirve, sin duda, para plantar una estética de los tópicos autobiográficos que arrastró en sus creaciones el escritor parisino; el eterno ejemplo de ser marginado que se aúpa al estrado del arte desde la sordidez. Después comienza en sí la obra teatral. Unos hombres, unos gángsteres permanecen atrincherados en el hotel Splendid. Es el cuarto día de secuestro y la hija del millonario retenida, con la que pretendían obtener un buen botín, ya ha muerto. La suerte está echada, la banda de la Ráfaga, ha sido sentenciada a muerte, ellos mismos saben que la escapatoria es imposible. Sigue leyendo →

Stockmann

Oriol Tarrasón presenta una adaptación libre de Un enemigo para el pueblo recortada en exceso

Foto de María del Río
Foto de María del Río

No falta quien se apresura a la hora de afirmar que Un enemigo para el pueblo es una obra absolutamente actual. En realidad, lo que es actual es el tema eterno de la corrupción política y de la avaricia; pero el lenguaje de Ibsen es el de una sociedad puritana del siglo XIX. Para que verdaderamente pudiera relacionarse con nuestra situación presente habría que inyectar altas dosis de cinismo. Hoy la hipocresía y la mentira más satisfecha campan a sus anchas. Las declaraciones de los políticos imputados, de los ex tesoreros encarcelados o de los ex banqueros se construyen con juegos verbales en un alarde de peripecias falaces. Sigue leyendo →

El arquitecto y el emperador de Asiria

Pese al esfuerzo de Corina Fiorillo en la dirección, el espectador se agota a la media hora. El resto es pura repetición

Foto de Carlos Furman
Foto de Carlos Furman

La temporada anterior se valoró muy positivamente en este diario la última obra de Fernando Arrabal, Pingüinas, tanto por el despliegue espectacular como por la originalidad del texto. En esta ocasión, con El arquitecto y el emperador de Asiria, una obra que se recupera tras casi cincuenta años, no se puede afirmar que su pretendida procacidad y su insistente afán provocativo sean capaces de suscitar en el espectador de hoy la agitación de entonces. Volvemos a contemplar sobre el escenario los temas predilectos del teatro pánico arrabaliano, pero mientras que en el inicio uno puede quedar estupefacto ante la incomprensión y ante el desparpajo de dos seres deslavazados, luego se cae en una reiteración inocua. Las interpretaciones acerca del cometido de los dos protagonistas han sido variadas. Por un lado está el autonombrado Emperador de Asiria, un déspota que parece haber caído de un avión a una isla prácticamente desierta. Fernando Albizu vuelve a desplegar esas dotes para moverse por el escenario con la comodidad de alguien absolutamente seguro de lo que quiere interpretar. No hace falta más que recordar su actuación en la fallida Trágala, Trágala de hace unos meses, para comprobar hasta qué punto implementa con sus capacidades textos inconsecuentes. Sigue leyendo →

La Estrella de Sevilla

Una obra histórica del Siglo de Oro, con Sancho IV de protagonista, envuelta en una sugerente escenografía

LaEstrelladeSevillaLo primero que cabe afirmar sobre La Estrella de Sevilla es que, según los argumentos del profesor Rodríguez López-Vázquez, si de alguien es esta obra, es de Andrés de Claramonte; un autor, desde luego, mucho menos célebre que su coetáneo Lope de Vega. Después hay que continuar declarando que, a pesar de que el argumento no ofrezca mucha originalidad respecto a otras obras sobre reyes despóticos, sí que resulta interesante, tanto por la estructura, tan bien equilibrada, como por la creación de personajes que se deben redondear con el paso del tiempo. Pero si por algo merece la pena el espectáculo que han pergeñado Alfonso Zurro y su equipo, es por su gusto escénico. El trabajo de Curt Allen con el vestuario, tan anacrónico y a la vez adecuado para el diseño de la escenografía, con apenas unas varas enormes que se van clavando en el suelo luminoso, según las necesidades de la acción, creando espacios invisibles, compone una Sevilla imaginaria que recibe la luz simbólica y rotunda que ha preparado Florencio Ortiz. Luego, apenas unos elementos muy bien seleccionados como un trono ligeramente esbozado. Además, se le suma una música que encaja exquisitamente. En verdad que la estética de esta obra es admirable. Sigue leyendo →

Darling

ricci/forte crean una performance agónica sobre la Orestíada en un espectáculo cargado de potencia física

Foto de Piero Tauro
Foto de Piero Tauro

Un hombre, henchido de impotencia, grita entre los aplausos finales: «¡mierda!», entiendo que esputa: «¡mierda!». Volvemos de nuevo al problema del arte moderno, del arte conceptual, de toda la estética de lo performativo y, sobre todo, la estética de la recepción. Si uno termina de ver un espectáculo con esa idea del «todo vale» rondándole la cabeza, es cuando la estupefacción se imprime en los rostros de unos espectadores que la semana anterior habían contemplado La gaviota de Chéjov. Sobre el escenario se erige un contenedor de mercancías metálico, iluminado por decenas de fluorescentes (es necesario que en nuestra cabeza ronden las fotografías surrealistas de Gregory Crewdson para aproximarnos al punto de partida). Tres hombres enfundados con una manta llegan al lugar: un pantano, una charca, una laguna Estigia. Sigue leyendo →

Liberto

Un libreto de Gemma Brió cargado de entereza sobre una tragedia personal y dirigido con inteligencia

Foto de Felipe Mena
Foto de Felipe Mena

En cuanto comenzó la función en el Teatro de La Abadía, me vino a la cabeza la película francesa de 2011 Declaración de guerra. En esta, una pareja relata la dura experiencia de ver cómo su hijo pequeño debe sobrevivir a una enfermedad. Me vino a la cabeza, digo, por la hiperrealidad. La directora y actriz Valérie Donzelli más su novio Jérémie Elkaïm realizaban completamente el film interpretando su propia historia. En Liberto ocurre algo parecido: partimos de una experiencia real y de una meticulosa descripción de las emociones y los protocolos que se abalanzan sobre la madre protagonista. Escribir un texto bajo la premisa del conocimiento auténtico de lo ocurrido conlleva el peligro de caer en un lacrimógeno acontecimiento de defenestración emocional. Pero Gemma Brió ha logrado trazar una línea finísima entre la catástrofe de observar a tu bebé con daño cerebral irreversible y la forma esperanzadora de acoplarlo a tu personalidad, a tu futuro. Confirmemos que es un ejemplo de cómo alguien es capaz de crear todo un protocolo alternativo y vitalista ante la pena inflamada. Para ello se rodea de sus dos amigas más íntimas: Tátels Pérez, quien debe interpretar otros tantos personajes que pululan por ese espacio entre familiar, hospitalario y burocrático, incluido una especie de homenaje a Pepe Rubianes metiéndose en la piel (en el alma) de un San Pedro grosero y macarra que se caga hasta en el Grandioso. Sigue leyendo →