La asepsia permea esta versión sobre la novela de Choderlos de Laclos en el Teatro Marquina
David Serrano se ha ido asentando como director durante estos últimos años con proyectos de lo más variado. El año pasado presentó Un tranvía llamado Deseo, aunque la obra que ahora tenemos entre manos puede vincularse mejor con La Venus de las pieles, una función de 2014 que se representó en el Matadero. Las novelas de Choderlos de Laclos y de Sacher-Masoch las separan unos cien años, sin embargo, están conectadas por la tortuosa perdición del anhelo amoroso y de la seducción como juego macabro.
Las amistades peligrosas han dejado su huella principalmente a través de la visión de Heiner Müller con Cuarteto, ya sea con aquella propuesta plúmbea de Los gatos mueren como las personas o, sobre todo, con Barroco, el espectáculo dirigido por Tomaz Pandur, creador con el que trabajó el propio Roberto Enríquez en Fausto. Sigue leyendo






Cuando Lluís Pasqual ciñó la corona a la Espert y Ricardo Iniesta hizo lo propio con Carmen Gallardo, en la versión de
Que conozcamos de sobra el desenlace, no quita para que la batalla dialéctica nos dé un impresionante morbo. El resto de personajes pueden quedar en la sombra y en silencio. Los avatares bélicos propician el movimiento de las piezas en la partida erótica, y el erotismo es una máscara aviesa por sujetar un poder muy quebradizo. ¿Quién hace más teatro? ¿Cleopatra o Marco Antonio? Nuestra mirada romántica nos hace crédulos ante tales arrumacos en los primeros instantes; pero ahí se dirime mucho más. En concreto, la supervivencia política. La reina de Egipto había hecho lo propio con Julio César y ahora no tendría inconveniente en volver a «venderse» a otro romano.