Entre chien et loup

La directora Christiane Jatahy no aprovecha las virtudes estéticas de la película Dogville, de Lars von Trier en esta adaptación deconstructiva

Entre chien et loup - Foto de Magali Dougados
Foto de Magali Dougados

Aceptaremos que Christiane Jatahy cinematografía en el teatro una de las películas más teatralizadoras (a mí también me fascina La comuna, Peter Watkins) de la historia del cine. Uno se pregunta si sencillamente (y esto hubiera supuesto una comprensión de las complejidades internas del argumento en relación a la estética) la dramaturga hubiera trasladado la película Dogville con los procedimientos similares a los del film. Pero como ya ocurrió en la última propuesta que nos presentó Jatahy el año pasado (O agora que demora), parece empeñada en no meterse a fondo en sus propias obras, en discurrir por los márgenes, en darle más importancia al marco que a la pintura, en insistirnos, artísticamente en sus técnicas y en reforzar de manera insolente sus proclamas políticas que, por muy loables que sean, nos merecemos como espectadores un trato más maduro y lógico con nuestra propia forma de entender una obra de arte.

Ante todo, el director danés jugó con la fórmula de la fábula, con su moraleja incluida, con una narración detallista y con un modo de forzar la imaginación en el espectador verdaderamente magnífica, tal y como ocurre en la literatura oral. Aunque nosotros en escena vemos cómo se recalcan de manera maximalista las actitudes y los diálogos, cuando no solo vale lo que acontece delante de nosotros, sino que se simultánea con las mismas acciones grabadas y proyectadas en una gran pantalla, además de la inclusión de las propias grabaciones que se hacen en directo con una cámara que va de acá para allá. Los personajes, por otra parte, son monigotes. Ninguno, ni siquiera la protagonista, tiene tiempo de crear un arco dramático. Tampoco son personajes planos, como se suelen emplear en los cuentos tradicionales, es que directamente, apenas podemos atender a las relaciones que se establecen entre ellos. O sea, nos debemos quedar con un personaje colectivo, el propio pueblo, casi expresándose al unísono, por mucho que su líder vaya unos pasos por delante. Este es Tom, un Matthieu Sampeur que demuestra seguridad y que comanda a esa tribu en el juego de creador teatral e intérprete dispuesto a escapar con Graça. Esta es la auténtica protagonista, una mujer que ha llegado de un lugar lejano —de hecho, la actriz, Julia Bernat, se oculta en el patio de butacas—, acusada de pertenecer a una banda de bandoleros (o algo por el estilo). En realidad, lo que se nos quiere transmitir es que viene huyendo del fascismo de Bolsonaro en Brasil. Claro que, ahora que ha ganado las elecciones el bueno, Lula, la obra ha necesitado acomodarse —también alguna frase se interpola en este sentido—. La joven se deja bandear por esas gentes, se ajusta enseguida a sus normas, intenta agradarlos, hasta que va surgiendo el mal de improviso, pues el envilecimiento de esos individuos no procede con la coherencia conveniente como para que sea verosímil. Sí, las envidias, las rencillas; pero falta tensión.

Las manzanas que se reparten por doquier, y con las que hacen sidra, nos insisten en la idea del mal. Ya saben aquello de la incorrecta traducción bíblica cuando ‘malum’ no quedó como mal, sino como manzana. Para el caso, simbólicamente, nos ha dado lo mismo. Lars von Trier se había molestado en indagar cómo la tentación, la novedad que «corrompe» la paz de un grupo, puede dejar el cesto podrido al completo. Nada que no podamos comprobar a diario y que podemos extrapolar a nuestros propios amigos, a los colegas del trabajo, a los inmigrantes, a los veraneantes llegados a una zona rural y un largo etcétera que se está estudiando mucho en los últimos tiempos por gente como Robert Sapolsky (el dilema del yo y los otros, del nosotros y el vosotros).

Luego, el grupo, ya se ha dicho, pretende aportar su granito de arena, como Vincent Fontannaz, un tipo blandito, o Philippe Duclos, un anciano ciego, que nos debe remitir a Tiresias. O Véronique Alain, que es la responsable de la tienda, y es la primera en demostrar que esa chica recién llegada no es igual a los demás. Y sí, podemos adentrarnos en el tímido cuento, cuando votan sobre si se queda, o cuando deciden bajarle el salario y entendemos que es tratada como una extranjera que debe integrarse pagando un alto precio, tanto como ser violada —aunque no haya ningún análisis ulterior sobre el tipo de régimen político que hay constituido—. Luego, también nos salimos de la historia con detalles como utilizar el tema «Sobreviviré», de Gloria Gaynor; pues otra pueril remarcación de los motivos centrales del artefacto. Además de que la potente luz que se usa a lo largo de la función tampoco permite una ambientación demasiado adecuada como para concitarnos al drama, salvo cuando Tom y Graça traman su huida.

No obstante, es el epílogo, con todo el elenco sentado frente a nosotros, el que trata al público de una forma innoble; pues las ideas políticas de Jatahy pueden ser todo lo respetables que se quiera, pero emplear su obra para convencernos de los mecanismos del fascismo en Brasil debe ejecutarse, según mi visión, dentro del drama. Ya seremos nosotros los que analicemos de qué manera eso se puede trasladar de un modo sofisticado a las realidades que se están dando con los movimientos populistas de derechas en distintos lugares del mundo. No olvidemos que aquí se habla del mal; pero quien esté libre de pecado, o lo vaya a estar siempre en todo contexto, que tire ya la primera piedra. ¿O de verdad nos vamos a salvar de encontrarnos al anochecer entre el perro y el lobo?

Entre chien et loup

Basada en la película Dogville de Lars von Trier

Adaptación, dirección y realización fílmica: Christiane Jatahy

Intérpretes: Véronique Alain, Julia Bernat, Delphine Hecquet, Paulo Camacho, Azelyne Cartigny, Philippe Duclos, Vincent Fontannaz, Viviane Pavillon, Matthieu Sampeur y Valerio Scamuffa

Colaboración artística, escenografía e iluminación: Thomas Walgrave

Dirección de fotografía: Paulo Camacho

Música: Vitor Araujo

Vestuario: Anna Van Brée

Vídeo: Julio Parente y Charlélie Chauvel

Sonido: Jean Keraudren

Colaboración y coordinación: Henrique Mariano

Ayudante de dirección: Stella Rabelo

Producción: Gautier Fournier

Regidor: Aymrik Pech

Jefe de iluminación: Serge Levi

Jefe de vídeo: Jérôme Lecomte

Jefe de sonido: Nikita Scalici

Con la participación de Harry Blättler Bordas

Gracias a Martine Bornoz, Adèle Lista y Arthur Lista

Producción: Comédie de Genève

Coproducción: Odéon Théâtre de l’Europe (París), Piccolo Teatro di Milano – Teatro d’Europa, Théâtre National de Bretagne – Rennes i Maillon – Théâtre de Strasbourg scène européenne

40º Festival de Otoño

Teatro María Guerrero (Madrid)

Hasta el 27 de noviembre de 2022

Calificación: ♦♦

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