Por toda la hermosura

Un drama escrito por Nieves Rodríguez sobre la esperanza que surge en una familia que se resguarda de una guerra

Foto de marcosGpunto

Si hace unas semanas lo fabulístico se imponía como procedimiento en La rebelión de los hijos que nunca tuvimos en el Teatro María Guerrero; aquí también la narración poética que quiere escapar del contexto concreto vertebra un relato que permea en lo distópico. Por toda la hermosura (cartografía textual para un jueves) presenta el encapsulamiento de una hija, su madre y su abuelo enterrados en una piscina inútil, donde se refugian de una guerra. Hacia ellos regresa un joven en busca de su padre, asesinado por aquella mujer que parte nueces y que alzó la escopeta desesperadamente, intentando defender a su familia, y que Ester Bellver sostiene como un fulcro justiciero, transformada en materfamilias y que responde con esa mirada franca que la actriz domina. De alguna manera, lo importante, parece, es generar ese contraste entre un ambiente desolador y la fuerza expresiva de sus palabras, de su memoria selectiva acogiendo los buenos momentos; esa hermosura, producto del bien, hacia la que deben viajar de nuevo. Por otra parte, me recordó a La carretera, de Cormac McCarthy. Nada como plantarse en un futuro apocalíptico que pareciera que a nadie extraña. Lo que funciona verdaderamente es el movimiento dialéctico entre aquellos individuos y el otro. Atrapados por su propio refugio, donde la hija grita por la libertad, ahora que ha cumplido dieciocho años y que no puede esperar más por vivir fuera de ese cenagal. Esther Isla, quien ha demostrado su extraordinaria vis cómica en trabajos como Los desvaríos del veraneo o Tartufo, desarrolla en este montaje un proceso dramático de gran consistencia, con una credibilidad vocal que agradecemos. Mientras, el abuelo, Jesús Berenguer, aparece con ese aire chejoviano del puro acontecer, sin pesadumbre e, incluso, con cierto vitalismo a pesar de sus incapacidades. Nos expone su sabiduría y esa apostura bondadosa de quien asume estoicamente que todo está hecho. El otro se establece como espectro que convive con ellos, como una especie de recordatorio mordaz de quien aún recoge en sí el rencor y todo ese dolor acumulado —y producido— por el conflicto bélico. Javier Carramiñana acepta ese doble papel de fantasma que pulula y de hombre movido por el deber y la venganza. Su entrega física y su pertinaz rabia nos muestran a un personaje hondo. Lo vemos escarbar en la tierra buscando el cuerpo de su padre y hallando en su lugar prendas sueltas. Porque otro elemento fundamental de la obra es la escenografía creada por Alessio Meloni (con la inestimable ayuda de los utileros del CDN). Ese estanque barroso, como un protocementerio o una fosa que los irá devorando, nos da buena cuenta de las fuerzas telúricas que los anclan. Los símbolos prestan sentido al devenir lento de la acción. El ajedrez, como en El séptimo sello de Bergman, se juega contra el pasado, desde un presente endeble. Luego, el empeño inane por lavarse, por deshacerse inútilmente de la suciedad pegada a su piel; aunque curiosamente no cejan en el intento.

Por toda la hermosura, como el verso de san Juan de la Cruz, esboza líricamente unas líneas de encuentro, unas sinergias que se encierran sobre sí mismas prematuramente, a las que no se les da suficiente respiro o camino para que nos devuelvan el entramado complejo de los humanos en el humus de la guerra. Es loable la dirección de Manu Báñez en cuanto que ha sabido disponer el coro de emociones que se plasman en escena. Igualmente, el texto de Nieves Rodríguez posee encanto y cadencia; aunque las partes narrativas nos disuaden de las verdaderas tensiones entre los personajes. Es un trabajo con la elipsis tan conciso como excesivo, al que se le echa en falta mayor vuelo, mayor longitud, mayor despliegue para que el público no se quede con esa sensación de que se le ha usurpado parte del acontecimiento.

Por toda la hermosura

(Cartografía de textual para un jueves)

Autora: Nieves Rodríguez Rodríguez

Director: Manu Báñez

Reparto: Ester Bellver, Jesús Berenguer, Javier Carramiñana y Esther Isla

Escenografía: Alessio Meloni

Vestuario: Guadalupe Valero

Ayudante de dirección: Irene Calabuig

Diseño de cartel: ByG / Isidro Ferrer

Fotografías: marcosGpunto

Producción: Centro Dramático Nacional

Teatro Valle-Inclán (Madrid)

Hasta el 2 de julio de 2017

Calificación: ♦♦♦

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