Un repaso por lo mejor y lo más destacado del curso que termina dentro del panorama teatral
Ha llegado la hora de valorar lo más estimable del cada vez menos convulso mundo teatral. No llega la renovación de público (ni políticas públicas efectivas, ni acciones privadas lo suficientemente potentes) y el riesgo se resiente. Las influencias gubernamentales trastocan iniciativas como el Frinje, que solían mostrar proyectos persuasivos, para ser sustituidas por nada. Sigue leyendo →
Una comedia vitriólica sobre las cargas sociales de las familias burguesas en nuestra contemporaneidad
Viene como una pequeña vuelta de tuerca a las comedias de situación, aunque la televisión hace mucho tiempo que entrega sarcásticas series con sus dosis de cinismo y de violencia más que aceptable e, incluso, si nos detuviéramos a deconstruirlas minuciosamente, superarían con creces lo políticamente correcto. Ahora mismo, por ejemplo, La que se avecina cumpliría perfectamente los parámetros de crítica social soterrada por un humor que no se anda con contemplaciones. A este éxito televisivo se le añaden cantidades ingentes de webseries y de sketches en YouTube que sencillamente desactivan las etiquetas «postdramaturgia» o «nueva dramaturgia alemana» (en este caso). No es más que otra etapa de la comedia americana que se lleva viendo en los hogares desde los años sesenta y que se alimenta de la comedia burguesa que llenaba los teatros estadounidenses desde principios del siglo XX. Dicho esto, Pieza plástica parte de un texto escrito por Marius von Mayenburg en el que destaca fundamentalmente la predisposición hipócrita de los personajes, plantados como muñecos tipo Barbie, que se enfrentan al público frontalmente, con un hieratismo insolente, como verdaderos vendedores de la teletienda sacando a relucir las virtudes de su modélica familia. Sigue leyendo →
Una versión del clásico de Shakespeare que profundiza en la dimensión metateatral de la interpretación
Foto de Dmitrij Matvejev
La posición de la que parte Oskaras Koršunovas es la del propio actor, que bajo ese imposible de considerar su mente como una tabula rasa que debe ocuparse de experiencia, del encuentro y del descubrimiento de su cuerpo en el personaje. «¿Quién eres?», se gritan sin parar los ocho intérpretes frente a un espejo, como si estuvieran calentando la voz antes de entrar a escena; pero también reconociéndose, como el salvaje que se encuentra por primera vez con su propio rostro. El director lituano, que ya estuvo por Madrid en el 2015 con su versión de La gaviota (la recordamos con satisfacción, sobre todo por las dificultades técnicas) realiza un planteamiento fronterizo de Hamlet, cercano, por momentos, al working progress —el vestuario que ha preparado Agne Kuzmickaite combina la ropa de calle (negra) con vestidos acordes al devenir del asunto, como el traje blanco de Ofelia— al empaste metaliterario del príncipe que duda, interpretado por un actor que constantemente debe volver sobre sí para autoafianzar su avance, su plan actoral, sometido por el impulso del personaje que lo ha poseído. Sigue leyendo →
La nueva propuesta de Rodrigo García es una performance desencantada construida con sus habituales procedimientos espectaculares
Foto de Marc Ginot
«Llega la noche como una mierda», comienza. Una mierdra. Pero Jarry queda muy lejos de este mejunje, colección de tópicos y copias del propio artista, tan seco de ideas como la sociedad que pretende criticar con su verborrea seudoirreverente. 4 va, ante todo, de la soledad del individuo en el mundo urbano contemporáneo. Hay que reconocer que varios de los fragmentos escritos por Rodrigo García son poemas pertinentes y sagaces que acentúan la desidia, la abulia y la proximidad del abismo («Flotará entre cráneos sin / certezas, cada cual / sabio a su manera y digno de piedad y / respeto»). Se combinan con elementos del futurismo: «La implosión por dinamita es el / tic tac del corazón de Dios / Hay más belleza en la demolición […]/ que en sinuosas formas constructivas de hoy»; y nihilistas: «Lo artificial es veneno del bueno». Toda la obra se sustenta básicamente en un prólogo a cuatro voces, un epílogo similar y una semblanza bien extensa sobre los recuerdos de infancia de un tipo. El resto es puro aparataje de relleno. Sigue leyendo →
Carles Alfaro plantea en los Teatros del Canal una perspectiva esencialista de la obra calderoniana
Siempre es interesante volver sobre la obra maestra de Calderón; el drama que mayor complejidad filosófica entraña del siglo XVII español (y diría que europeo). Se nos presenta una versión donde se hace referencia explícita a esos dos famosos versos del dramaturgo madrileño: «qué delito cometí / contra vos naciendo»; un hipérbaton que es toda una declaración de intenciones moral. Aunque en la propuesta de Carles Alfaro ante todo encontramos una estética muy definida que remite directamente con Éramos tres hermanas que dirigió en el 2014. Trabaja el director con un minimalismo que agolpa la sofisticación del texto y lo expande a través de fantasmagorías, elucubraciones oníricas y, en este caso que nos compete, un futurismo que podemos sondear visualmente en celdas transparentes en películas como Skyfall o en aquellas donde Hannibal Lecter es apartado de la carne, e, igualmente, en algún capítulo de Black Mirror. Es decir, ese cubo acristalado debe ser tomado como una verdadera provocación directa al espectador. Sigue leyendo →
Adaptación de la novela de Pérez-Reverte sobre las experiencias de un fotógrafo de guerra
La fotografía no para de cobrar importancia en nuestra sociedad. Se la ha encumbrado —sin mucha teoría fuerte detrás— como objeto artístico en sí (no paramos de conocer exposiciones de fotos de aquí y de allá). Pero más relevancia ha tomado —puesto que vivimos rodeados de instantáneas— nuestra incapacidad para situarnos detrás del objetivo, para comprender el contexto en el que se ha tomado y para descodificar todo aquello que implica su composición, ya sea intencionada o azarosa. Los malos entendidos y las visiones torticeras están a la orden del día. Nunca está de más recordar que una fotografía es un signo y, concretamente, un icono. Lo reflejado no es en sí la realidad. La fotografía es un arte de doble manipulación: la de nuestro propio ojo y la del aparato. En El pintor de batallas conocemos a un fotógrafo de guerra llamado Andrés Faulques, un tipo que se ha retirado a vivir a un faro. Allí se dedica a pintar un mural enorme, con claras alusiones a su pasado en todos esos conflictos bélicos en los que ha trabajado. Sigue leyendo →
Enrique Viana se transforma en una decena de personajes para materializar esta sátira de Copi
Foto de Jaime Villanueva
No parece que esta obra de Copi sea ya tan alocada y transgresora como nos la presentan. Tampoco alcanza a ser una sátira suficientemente vitriólica, sino más bien un espectáculo propio del pequeño cabaret, destinado a crear un mundo propio, aunque un tanto trasnochado para nuestros días. Le frigo cuenta la historia de un individuo que aparece travestido de glamurosa modelo envejecida, el día que su madre le ha regalado una nevera. El rojo electrodoméstico vendrá a ocupar un espacio vacío, a representar un elemento de choque, un artilugio patafísico para congelar el tiempo de aquella dama melancólica que está escribiendo sus memorias, resistiéndose a perecer en el olvido como una Gloria Swanson en Sunset Boulevard. A partir de ahí se crea una atmósfera de tipos que entran y salen, de situaciones grotescas y brutales, embestidas por una ironía esnob de autofustigamiento (las violaciones que sufre parecen ser el alto precio por mantenerse viva). Sigue leyendo →
Un acartonado texto de Arthur Miller que protagoniza formidablemente Eduard Fernández
No podemos afirmar que Panorama desde el puente se acerque en ambición a Muerte de un viajante; es más, resulta un texto con una estructura tan definida que a poco que uno esté atento puede adelantar el desenlace mucho antes de que llegue. Además, el melodrama se asfixia en la concreción de un único personaje redondo circundado por satélites que orbitan para darle mayor credibilidad. Este motivo simplifica una obra que, por si fuera poco, viene acompañada del cargante narrador con el que Miller nos apostilla el camino trillado. Demasiados elementos en contra para montar una buena función. Pero Georges Lavaudant ha sabido orientar la sangre hirviente de Eddie Carbone hacia el difuso onirismo de unos muelles que marcan los ritmos de la familia. Ninguno de los subtemas que se trazan en las dos horas de espectáculo acaba de ofrecer verdadera sintonía con el asunto principal. Sigue leyendo →
Guy Cassiers y Katelijne Damen presentan una narración esteticista sobre la novela de Virginia Woolf
Foto de Frieke Janssens
Resulta ineludible tener en cuenta la versión cinematográfica de Orlando, la obra de Virginia Woolf que pretendía superar ese imponderable literario del tiempo. Sally Potter se atrevió con la adaptación fílmica y no salió mal parada, sobre todo porque contó con la actriz idónea, Tilda Swinton, caracterizada por sus juegos estéticos de androginia. Uno solo puede sentirse intrigado por la forma en la que procederá un dramaturgo a la hora de llevar un texto complejo en el que se emplean varias de las técnicas que popularizaron la novela modernista inglesa. Creo que no hay forma peor de llevar una novela a las tablas que renunciando al lenguaje propio del arte dramático, en este caso a través de la narración. Guy Cassiers como director y Katelijne Damen como adaptadora e intérprete, no solo reducen cuantitativamente la novela de Virginia Woolf, sino que también reducen la expresión al puro cuentacuentos. ¿Qué ganamos los espectadores escuchando a una actriz contándonos una historia que ya existe con todo su aparataje literario? Sigue leyendo →