Splendid´s

Al texto de Jean Genet se le suma su única película como director en una función repleta de sugerencias autobiográficas

Foto de Frederic Nauzyciel
Foto de Frederic Nauzyciel

No es una decisión azarosa de Arthur Nauzyciel incluir, como preludio a la función, el cortometraje de 1950, Un chant d’amor, del propio Genet; es más, se debe observar como un todo. La cinta, en blanco y negro, y muda, expone la situación de varios presos en sus celdas mientras sus prácticas onanistas y sus ensoñaciones sexuales se mezclan con el voyerismo de un guardia. Sirve, sin duda, para plantar una estética de los tópicos autobiográficos que arrastró en sus creaciones el escritor parisino; el eterno ejemplo de ser marginado que se aúpa al estrado del arte desde la sordidez. Después comienza en sí la obra teatral. Unos hombres, unos gángsteres permanecen atrincherados en el hotel Splendid. Es el cuarto día de secuestro y la hija del millonario retenida, con la que pretendían obtener un buen botín, ya ha muerto. La suerte está echada, la banda de la Ráfaga, ha sido sentenciada a muerte, ellos mismos saben que la escapatoria es imposible. Sigue leyendo →

Darling

ricci/forte crean una performance agónica sobre la Orestíada en un espectáculo cargado de potencia física

Foto de Piero Tauro
Foto de Piero Tauro

Un hombre, henchido de impotencia, grita entre los aplausos finales: «¡mierda!», entiendo que esputa: «¡mierda!». Volvemos de nuevo al problema del arte moderno, del arte conceptual, de toda la estética de lo performativo y, sobre todo, la estética de la recepción. Si uno termina de ver un espectáculo con esa idea del «todo vale» rondándole la cabeza, es cuando la estupefacción se imprime en los rostros de unos espectadores que la semana anterior habían contemplado La gaviota de Chéjov. Sobre el escenario se erige un contenedor de mercancías metálico, iluminado por decenas de fluorescentes (es necesario que en nuestra cabeza ronden las fotografías surrealistas de Gregory Crewdson para aproximarnos al punto de partida). Tres hombres enfundados con una manta llegan al lugar: un pantano, una charca, una laguna Estigia. Sigue leyendo →

La gaviota

Los lituanos del Teatro Municipal de Vilna presentan una versión de Chéjov trastocada por unos inesperados fallos técnicos

foto gaviotaCuando uno acude a ver una obra de Chéjov ya sabe a lo que se expone. Las sorpresas y los giros dramáticos permanecen ausentes, atisbándose de vez en cuando en leves gestos o en discusiones que apenas duran unos minutos. Pero, en esta ocasión, un hecho inédito en el Teatro Valle-Inclán logró llenar de inquietud al respetable. Un pitido constante y molesto apareció al comienzo de la obra y, ante la imposibilidad de anularlo, se decidió parar la obra durante unos minutos. Hasta ese momento parece que la compañía —prácticamente en escena durante toda la función— se resiste a comenzar, aunque sabemos que lo han hecho porque lo poco que dicen aparece traducido en los sobretítulos. El protagonista, Treplev, un joven aspirante a dramaturgo, se dispone a presentar a su familia su última obra, un texto lleno de lirismo interpretado por su amada Nina. Todo resulta un desastre, se llena de humo, no se comprende nada, a la vez, continuamos perplejos con el pitidito. Se mezcla la realidad con la ficción de la ficción, un Chéjov metateatral imprevisto. Ya alguien desde el público había gritado (las luces de la platea seguían hasta entonces encendidas): «¿Es esto la función?». Martynas Nedzinskas, que se mantiene meditabundo, ya sea por debut frente a sus allegados, ya sea por la impotencia de no saber qué hacer en tal situación, hace un gesto mirando al público de más o menos. También durante esos instantes previos a su obra antes de la «obra», habían intercalado explicaciones en inglés sobre la situación, pero ellos iban tirando con su Gaviota, una especie de vanguardismo. Nadie pudo asegurar, hasta que los propios técnicos los confirmaron, que todo aquello fuera premeditado. Sigue leyendo →

Reikiavik

Juan Mayorga dirige su último texto sobre el famoso enfrentamiento entre los ajedrecistas Fischer y Spassky

 Foto de Sergio Parra
Foto de Sergio Parra

Cuando el año pasado La uña rota publicó un extenso volumen con las veinte obras teatrales más importantes de Juan Mayorga, descubrimos que al final se incluía un texto titulado Reikiavik, que el autor había finalizado en diciembre de 2013. No teníamos más que aguardar a que la propia obra echara a andar con los actores adecuados y los ensayos pertinentes. Ahora, por fin, en la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán podemos desentrañar algunas de las claves de aquellos diálogos fulgurantes y un tanto equívocos que, sobre las tablas, se muestran más clarificadores acerca de un contenido lleno de capas.        Sigue leyendo →

Hard Candy

Una obra que muestra cómo las redes sociales son fuente de abuso, pero también de venganza

Foto de Pedro Gato
Foto de Pedro Gato

El ahora en nuestra relación con la tecnología se esfuma en cuanto aparece un nuevo modo de comunicación, una nueva red social, un nuevo filtro o, sobre todo, un nuevo estilo de relacionarse. Chatean, únicamente a través de texto, una adolescente de 14 años con un fotógrafo de 32. El flirteo avanza con las consabidas insinuaciones hasta que la pregunta definitiva sobre la cita real se lanza. Una vez que se encuentran en el piso de él, Jeff, la historia se va transformando en una meticulosa venganza, digna de película coreana. El papel que debe interpretar Olivia Delcán (perfectamente puede pasar por una chavalita, aunque supere la veintena) es de una complejidad extraordinaria. Primero, porque debe exponerse dramáticamente como protagonista, en muchos momentos, en soledad. Segundo, porque la situación que vive implica circunstancias un tanto «delicadas» —atar a un hombre desnudo sobre una mesa conlleva cierta pericia—. Pero, sobre todo, su actuación es pura metamorfosis y eso requiere un manejo de los matices que le permita engañar tanto a su depredador como a los espectadores y, en este aspecto, luce más cuando se muestra vengadora y, fundamentalmente, en el movimiento escénico cuando baila, cuando amordaza, cuando manipula las cuerdas. Su compañero, Agus Ruiz, impone su carácter en el principio, su aparente poderío, su madurez interpretativa da gran soporte a su compañera, aunque él se vea ciertamente «imposibilitado». Desde luego, la tarea en la que se han metido este par de actores es tremenda. Sigue leyendo →

La pechuga de la sardina

Recuperan un texto coral de Lauro Olmo sobre las vivencias de unas mujeres en una casa de huéspedes

Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Nos adentramos en una pensión regentada por la señora Juana, una de aquellas casas de huéspedes con paredes de papel y oídos atentos en aquellos años sesenta españoles. El autor, Lauro Olmo, se centra pertinazmente en recrear un espacio que él mismo define como «asfixiante»; de hecho, no permite la entrada de elementos disuasorios o esperanzadores que permitan vislumbrar otras perspectivas más optimistas de esa España. La pechuga de la sardina ofrece todo un catálogo de personajes, la mayoría de ellos estereotipados y faltos de recorrido. Una obra de apenas hora y media con tal cantidad de vidas en juego, no da para más que presentarlos; y estamos hablando del acontecer de las experiencias lentas de unas mujeres en un país retrasado. No se puede afirmar que haya una protagonista única, Juana, podría ser como aquella doña Rosa de La colmena, alguien que reparte juego y que regenta su pensión como una buena madre. María Garralón destaca en su interpretación, tan natural, tan vivaz y, a la sazón, tan profundamente sentida imponiendo un tono y un ritmo que no es continuado por el resto. Junto a ella, su sirvienta, la Cándida, que también coge el paso de María Garralón y que se expresa con el gracejo pertinente demostrando que es una actriz con arrestos. Su compañero de flirteo es un pillo vendedor de periódicos con el que Víctor Elías se luce. Sigue leyendo →

La ola

De cómo un proyecto con jóvenes sobre manipulación mental puede alcanzar el éxito en menos de cinco días

Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

A mí el experimento de Ron Jones me parece falaz. Que se puede manipular a un grupo de alumnos eso lo puede comprobar cualquier profesor a diario. La cuestión radica en la pregunta inicial e ingenua de uno de los alumnos: ¿cómo pudieron tantos alemanes «convertirse» en nazis en tan poco tiempo? La respuesta que debería haber dado el profesor —y es en la que se basa la obra— no es que fueran manipulados, sino que muchos alemanes, como se puede comprobar leyendo a los pensadores del siglo XIX como Hegel, Marx o Nietzsche (si no queremos irnos más lejos) eran antisemitas (de la misma forma que lo eran o lo habían sido otras gentes en otros países) y, además, estaban faltos de trabajo, heridos en el orgullo por la guerra perdida y hambrientos. Por lo tanto, una cosa es crear una secta (algo que ocurre habitualmente con multitud de grupos en mayor o menor medida, en ámbitos religiosos, culturales o estéticos) y otra muy distinta es que se pueda transformar a toda una sociedad «sana» intelectualmente, y que ningún grupo contravenga esas posiciones. Por lo tanto, La ola no pasa de experimento para ratas. Sigue leyendo →

Fausto

Tomaz Pandur crea una escenografía prodigiosa para representar el clásico de Goethe en el Teatro Valle-Inclán

Foto de Aljoša Rebolj
Foto de Aljoša Rebolj

Fausto es una obra literaria compuesta por dos partes. La primera de ellas fue escrita en 1806 y la segunda en 1832. Mientras que la primera contiene un argumento comprensible (entreverado de todo tipo de alusiones filosóficas y diálogos metafísicos), la segunda es pura alegoría, un viaje en el tiempo en busca de Helena de Troya con múltiples personajes mitológicos. Fausto no está destinada, en principio, a la representación, sino a una lectura sosegada que requiere una amplia cultura, si se espera profundizar en los aspectos profundos que se trabajan en ella. Por lo tanto, presumiblemente, muy pocos espectadores van a entender menos de la mitad si antes no han hecho los deberes. Y ante esta situación, todas las alusiones al público entre complacientes e irónicas sobre las dificultades del libro que sueltan los actores, aparte de instrucciones sobre aquello que se está representando, sobran; puesto que rompen con la atmósfera dramática que se pretende crear, además de no tomar en consideración a unos asistentes que deben saber a lo que van. Sigue leyendo →

La calma mágica

Alfredo Sanzol presenta su último ingenio en el Valle-Inclán

la-calma-magica_06Suele ocurrir que las comedias se toman por intrascendentes y se juzgan más por el divertimento que procuran que por sus engranajes ocultos. Pero los maestros, como lo fue Billy Wilder, conseguían conjugar la melancolía y la nostalgia con el escape humorístico decorado con ironía. De la misma forma, Alfredo Sanzol va construyendo con mimbres propios toda una carrera en este género. Si en sus primeras obras (Sí, pero no lo soy o Días estupendos) optó por el tejido de escenas casi independientes, casi de sketchs, de un tiempo a esta parte (Aventura!, la temporada anterior), sus textos se ofrecen abigarrados y mucho más serios; preparando la conflagración. En La calma mágica —tras un preludio musical absolutamente sugeridor de las comedias y teleseries anglosajonas de larga tradición—, partimos de una entrevista de trabajo y de unas setas alucinógenas que el entrevistado traga sin muchas contemplaciones, como si tal ofrecimiento fuera casi lo que necesitaba. A partir de ahí, el discurrir enteógeno, inspirado, no por un dios, si no por su padre fallecido, lo lanza a una experiencia que parte de la insignificante grabación de un vídeo en el que él mismo sale durmiendo para, bastante después, terminar en Kenia, tras haber luchado con su némesis, un empresario sin demasiados escrúpulos. En pleno ascenso onírico, los símbolos se suceden, ocultos, en la concatenación de situaciones cómicas y extrañas, trufadas de tópicos de nuestra modernidad como el ecologismo, la defensa de los animales, la transgresión de nuestra intimidad, los miedos a la vida adulta y el turismo de advenedizos. Entre la simbología más evidente, un elefante rosa, el Ganesha hindú, cuerpo de hombre, cabeza de paquidermo, ahuyentador de obstáculos. Sigue leyendo →