Las bárbaras

Lucía Carballal ha escrito un texto sobre esa generación de mujeres que rondan los sesenta en el autoexamen de su vida

Foto de marcosGpunto

Viene muy a cuento uno de los últimos artículos del novelista Alberto Olmos titulado «Pero, ¿qué tenéis todos contra las amas de casa?». Y no, ninguna de las protagonistas de esta obra lo es en puridad. Lucía Carballal ha puesto su mirada de dramaturga en tres mujeres que rondan los sesenta años. La autora ya se ha convertido en una fija de la escena teatral española. En los últimos años ha encadenado, entre otras, Los temporales, Una vida americana o La resistencia, y ha demostrado, ante todo, ser una gran constructora de diálogos. Las bárbaras se adentra en un mundo femenino muy particular y es el de aquellas que han podido vivir «plenamente» en libertad, que han podido escoger y tomar sus propias decisiones sin el tutelaje o la imposición de sus padres (ni de sus maridos). Principalmente, es un texto que nos invita a la reflexión y que se sostiene por una estructura muy sencilla; aunque con una premisa un tanto naíf y hasta traída por los pelos. Porque resulta que Bárbara, una joven arquitecta de treinta y cinco años ha fallecido apenas hace seis meses. Había sido una chica íntimamente relacionada con las tres protagonistas, pues trabajaba en el estudio de una, era sobrina de otra y la tercera terminó siendo su confidente y su albacea. Empujadas por el dolor, por el misterio de un plan aún no desvelado y por el momento adecuado en sus vidas, acuden al Hotel Juventud ―José Novoa se ha encargado de que escenográficamente los detalles vintage, con tonos madera, sillones sinuosos, pinceladas minimalistas y sicodélicas, nos trasporten a los setenta―. La cantante María Rodés, de voz candorosa, tímida y delicada, canta versiones de Mari Trini («Yo no soy esa») o de Alaska. Su presencia es fantasmal y juega a evocar a la fallecida, y me parece una lástima que no se potencien más las situaciones de equívoco. De alguna manera, Bárbara les lanza el examen del feminismo actual (con sus palabros de coaching flower power tan cursis) y la autora aprovecha para lanzar algún dardo irónico y crítico sobre el propio movimiento en sus devaneos teóricos. En cualquier caso, el meollo del argumento, más allá de la trama que se quiere vertebrar y que resulta un poco fantasiosa, es la conversación de las amigas. Veremos que la lección, creo, es tan sencillo como expresar aquello de que la práctica vital, el devenir de los años, resitúa e, incluso, anulan o matizan el anhelo impetuoso, las presuposiciones, los proyectos y todas esas proclamas rebeldes que impone la soberbia de la adolescencia. Las paradojas se sirven en bandeja de plata y quien esté libre de pecado ya sabe. Insisto, como vamos a escudriñar, que no hablamos de todas esas mujeres que quizás han alcanzado, aunque sea tímidamente, su particular áurea mediócritas. Que han encontrado una posición acomodada entre la realización personal ―sin llegar a éxitos mediáticos, ni cimas de grandiosidad―y el candor familiar. ¿No es una trampa del capitalismo rampante chinchar a las mujeres para que se pongan a competir como algunos hombres por una supuesta victoria laboral que tan solo deja réditos económicos y efímeras estelas de admiración envidiosa? La más poderosa en su disposición, la más escurridiza y cínica también, la que soporta mejor su discurso aceptando, sí, las grietas; pero negando la mayor, es Susi, interpretada por Ana Wagener con la dureza imponente que sabe imprimirle a su personaje. La que iba a ser una concertista de piano estratosférica, lo mandó todo al traste cuando se casó con otro pianista igualmente esplendoroso (elegir pareja es absolutamente determinante y nadie puede negar, ahí están los datos, que cuenta la altura, la belleza, la edad y el estatus socioeconómico y que este último, en el caso de muchas mujeres, se puede sobreponer a todo lo demás) que sí haría carrera mundial y con el que tendría dos hijos (que no los quiere tanto como se supondría). ¿Lo dejó por él? No, lo hizo porque se hartó, porque tocar el piano ya no le hacía feliz. Es decir, pudo optar (pudo equivocarse). El clasismo es tónica general en la dialéctica de estas damas. La música clásica otorga aura de alta cultura, de la misma forma que ser la arquitecta más renombrada de España, y más famosa (portada de El País Semanal). Mona Martínez adopta una línea decadente y melancólica con su Carmen, que se transforma en esperanza cuando anuncia su pretensión de ser madre. Mantener un estudio de arquitectura durante la crisis fue una tarea muy dura y al final ha llegado el cierre. Si, además, la que podría haber realizado las tareas de hija adoptiva se te muere, pues es normal que un vacío anide en el estómago que debe ser llenado con algún proyecto ilusionante. El egoísmo y esa sensación autoimpuesta de que si no se logra el combo virtuoso (sean los hijos, el marido fantástico, el trabajo exitoso y el reconocimiento social o lo que se quiera añadir) va a suponer una insatisfacción sofocante. Por eso resulta muy interesante en el reparto de los equilibrios el papel que interpreta Amparo Fernández. Apocada, pero satisfecha. Infravalorada por sus amigas; no obstante, con un pragmatismo más llevadero. Encarna es una administrativa, una abuela persistente (y «esclavizada») que ama a sus nietos, a los que duerme todas las noches a través de una videoconferencia. No sobresale por sus conocimientos, por su cultura o por sus logros extraordinarios. Ella ha vivido para los demás con tanto empeño que una discusión con su hijo le ha provocado una alopecia nerviosa. Más paradojas que el feminismo ambiciona acotar con respuestas y directrices imposibles de llevar a una realidad compleja. Carol López dirige esta propuesta con mano invisible, dejando que las chichas demuestren su profesionalidad. Las bárbaras es una obra de teatro que interesará más a esas mujeres que por edad y por experiencia vital ―que son las que suelen ir a estas salas―, se vean reflejadas en lo que se cuenta. Aunque los marcos referencia están un tanto acotados en una minoría; sí que nos valen como ejemplo verosímil de la falibilidad de unos seres humanos bandeados por las cuitas del deseo.

Las bárbaras

Autora: Lucía Carballal

Directora: Carol López

Intérpretes: Amparo Fernández, Mona Martínez, Ana Wagener y María Rodés

Música: María Rodés

Escenografía: José Novoa

Iluminación: Pedro Yagüe

Vestuario: Antonio Belart

Ayudante de dirección: Xus de la Cruz

Fotografía: marcosGpunto

Diseño de cartel: Javier Jaén

Teatro Valle-Inclán (Madrid)

Hasta el 24 de noviembre de 2019

Calificación: ♦♦♦

Mi película italiana

La dramaturga Rocío Bello firma esta historia familiar que deambula entre el sarcasmo y el tenebrismo

Foto de Sergio Parra

De por qué se llama Mi película italiana nos enteramos bien pronto; a través de ese preludio tan prometedor con Camila Viyuela, que hace de nieta, en la dulce expresión de su relato descriptivo (que después se abandone este procedimiento es de agradecer), primeramente, idealizado; luego veraz. Rocío Bello, la dramaturga gallega, se ha montado en su cabeza una de Visconti o de Rossellini o de De Sica o de Pasolini (aunque también hubiera podido ser Berlanga o de Ferreri con Azcona mediante). Crear una atmósfera macilenta y satírica, lucense y onírica, costumbrista y esperpéntica era un reto que se logra a medias. Porque en la disposición de la trama en los primeros compases, uno atisba un tono y un ritmo; a continuación, este se diluye por vericuetos más prosaicos. El centro de atención sobre el que gira el montaje es Anna (por la Magnani), una Teresa Lozano tan aviesa como repelente; tan puntillosa en el control de sus hijas que resulta mutiladora de cualquier emancipación madura. Ni por asomo me la figuré como una mamma italiana; sino como a una señora gallega (aquí no hay acentos porque estamos en clave fabulística) que más me la creo como una Carmen Sotillo algo harta de cuidar a su marido y con ganas de tener libertad ―si es que esta no es un abismo una vez llegue el momento―. Sigue leyendo

Alguien voló sobre el nido del cuco

Pablo Chiapella protagoniza esta revisión de la afamada película desde una perspectiva excesivamente humorística

Mucho lastre es la versión cinematográfica de Milos Forman para esta visión teatral tan poco acibarada y tan insolente en su desfachatez humorística. Porque lo sustancial consiste en determinar, como así pretendía denunciar Foucault en su famosa historia, qué es la locura y quién determina quién está loco. Para ello es fundamental encontrar un tono preciso en el protagonista, McMurphy; no tanto para hacernos dudar de su cordura ―enseguida comprobamos que lo suyo va por otro lado―, como para adentrarnos en el marasmo de complicidades legales, morales y opresivas que llevan a un tipo así a un centro psiquiátrico. En el desenlace está la solución. En definitiva, Jack Nicholson nos demostró que era un tipo avieso, un dechado de vicios, un juerguista, un apestado social y, sobre todo, un camorrista dispuesto a montarla hasta el fin de sus días. ¿Por qué no calificarlo como chiflado ―ampliando un poco el término― para así aplicarle la medicina adecuada para tal dictamen médico? Jaroslaw Bielski ha permitido que a su montaje entre un intruso, un personaje que no corresponde con la novela de Ken Kesey; ha dejado que Amador, un gamberro salido y medio lelo que vive en la urbanización Mirador de Montepinar, se cuele para hacer de las suyas. Sigue leyendo

La familia No

Gon Ramos realiza un ejercicio imposible de realidad-ficción sobre la infancia de cuatro hermanos

Creo sinceramente que uno de los dramaturgos a los que se debe seguir indefectiblemente en el panorama dramático español es Gon Ramos. A pesar de que en esta ocasión haya ofrecido un texto al que, desde mi punto de vista, le falta aún un repaso, le queda pulir el desborde verborreico, ya de por sí habitual del autor. Pero, como vamos a ver, siempre depara una visión radical de la realidad y un subjetivismo que parte filosóficamente de la tradición francesa de pensadores posmodernos como Derrida o Baudrillard, entre otros. El interés por los márgenes, con lo inasible, con la especulación y con el territorio ignoto de la memoria que se desea reconstruir. Estos aspectos fueron conjugados a la perfección en su obra más ideal: Un cuerpo en algún lugar. En la nueva obra que se presenta en la Sala Cuarta Pared, lo que se puede valorar como más interesante es el concepto que plantea la deconstrucción de una familia a través de una perspectiva inédita que sería la remembranza quebrada de la infancia de cuatro hermanos. Sigue leyendo

La Pilarcita

Un divertido drama rural escrito por María Marull con el turismo milagrero y folclórico de fondo

Muy mal se tiene que dar una función si su actriz principal te conquista a las primeras de cambio con su expresividad y su desparpajo. Anna Castillo, que interpreta a Lucía, una joven ingenua, fascinada por los supuestos ritmos y alicientes de la gran ciudad, quejosa de la monótona vida de su pequeño pueblo, posee una vivacidad inconmensurable y aprovecha excelentemente ese discurso naturalista y fresco que ha escrito María Marull. Porque el lenguaje del texto es otro de los elementos que más destacan. Construido con esa sabiduría que permite captar los detalles de la atmósfera, como una indagación cotilla del acontecimiento milagrero y folclórico, apuntalado con cierta ironía socarrona y hasta maliciosa. Otro asunto bien distinto es que la historia que se nos cuenta va perdiendo interés a medida que transcurre la función; principalmente porque se va alejando de la pura representación, del diálogo que va entresacando los diversos conflictos y se acoge a una narración trovadoresca que viene a resultar repetitiva y carente de teatralidad. Sigue leyendo

DioS K

Adaptación de la novela Karnaval de Juan Francisco Ferré sobre el enjuiciamiento al ex director del FMI, Dominique Strauss-Kahn

Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Ni lo que vemos en la Cineteca del Matadero es una obra basada en la novela Karnaval de Juan Francisco Ferré, ni esta es una recreación ficcionada de la vida de ese malhadado que dirigió el FMI, llamado Dominique Strauss-Khan, aka DSK. ¿Qué es entonces lo que nos encontramos en escena? Ya lo señala el propio novelista en los últimos capítulos: el mito de Dionisos. Por lo tanto este DioS K, es el nacido dos veces; recordemos que fue descuartizado por los titanes en siete pedazos, que lo podemos relacionar con las bacanales y con todos los ritos de iniciación órficos en la órbita de los misterios eleusinos. Tan relacionado con el origen del teatro y la purificación catártica. Aquí, la pasión según Antonio Rojano de aquel que volverá a nacer. Sigue leyendo

Rinoceronte

Pepe Viyuela protagoniza soberbiamente la versión sobre la obra de Ionesco dirigida por Ernesto Caballero

rinoceronte_galeria5Cuando todos se alejan atraídos por la fuerza descomunal del rinoceronte en pos de una metamorfosis de pequeños paquidermos, un hombre normal, un ser que duda, pero no demasiado, un hombre que bebe (demasiado) y que sencillamente aspira, sin heroicidades, a la conquista amorosa y a continuar anodinamente con su trabajo de oficinista, se erige como un antídoto de sensatez. Berenger es encarnado por Pepe Viyuela con esa actitud indolente entre melopeica y taciturna que debe apartar cuando las circunstancias le requieren una respuesta. Viyuela compone una actuación soberbia donde la actitud y la gestualidad mantienen la medida de las tensiones que van surgiendo. De alguna manera, se ve arrastrado por unas sinergias que la excelente dirección de Ernesto Caballero ha propiciado al plantear, junto a Paco Azorín, esa disposición orbital en la que los actores se mueven alrededor del patio de butacas desde el caos inicial hasta la quietud de la manada «rinoceróntica». Sigue leyendo

La dama duende

El Teatro Español rinde homenaje a Miguel Narros con La dama duende

La dama duende - FotoMiguel Narros se despidió de todos nosotros con un montaje de Calderón que, bien mirado, va más allá de una comedia de capa y espada. La dama duende  es una obra de la primera etapa del autor, escrita en 1629 y donde quedan perfectamente definidos los típicos personajes calderonianos. La trama resulta sencilla: doña Ángela, una dama viuda, vive con sus dos hermanos. En un juego de equívocos y despistes, tendrá la oportunidad de relacionarse con un huésped, don Manuel, que viene aturdido al haberse topado aquella mañana con una tapada en la calle (la propia doña Ángela) y que luego quedará más aturdido al creer que en su alcoba ha entrado un duende. Un simple enredo que el propio texto se ocupa de explicar y que se expresa con un verso actualizado en la versión de Pedro Víllora. Sigue leyendo