La Pilarcita

Un divertido drama rural escrito por María Marull con el turismo milagrero y folclórico de fondo

Muy mal se tiene que dar una función si su actriz principal te conquista a las primeras de cambio con su expresividad y su desparpajo. Anna Castillo, que interpreta a Lucía, una joven ingenua, fascinada por los supuestos ritmos y alicientes de la gran ciudad, quejosa de la monótona vida de su pequeño pueblo, posee una vivacidad inconmensurable y aprovecha excelentemente ese discurso naturalista y fresco que ha escrito María Marull. Porque el lenguaje del texto es otro de los elementos que más destacan. Construido con esa sabiduría que permite captar los detalles de la atmósfera, como una indagación cotilla del acontecimiento milagrero y folclórico, apuntalado con cierta ironía socarrona y hasta maliciosa. Otro asunto bien distinto es que la historia que se nos cuenta va perdiendo interés a medida que transcurre la función; principalmente porque se va alejando de la pura representación, del diálogo que va entresacando los diversos conflictos y se acoge a una narración trovadoresca que viene a resultar repetitiva y carente de teatralidad. Álex de Lucas es Joaquín, un muchacho pegado a una guitarra que aparece con frecuencia a entonarnos unos romances con unos cuantos versos metidos con calzador, que si en un primer instante aporta un toque humorístico, luego se torna en un compendio de explicaciones que anulan cualquier elipse. Hasta qué punto es necesario que nos enteremos del porvenir de algunos personajes, cuando la acción ha terminado; o, para qué enterarnos de otras cuestiones que no se llegan a observar si tampoco son relevantes para el propio proceder de la obra. Creo, sinceramente, que sobra. Mucho más pertinente es el equilibrio que ejerce el personaje de Luisa, que Fabia Castro acoge con templanza y con esa inevitable carga de aflicción. Ella regenta una casa de huéspedes, mientras estudia la carrera de Medicina. Es una chica esforzada, que vive con responsabilidad y mucha resignación aquellas fechas tan señaladas en las que el pueblo se llena de visitantes que acuden en busca de milagros. Van a regalarle muñecas a la Pilarcita, una niña muerta hace tiempo y que parece que cumple deseos. El otro vértice del triángulo de mujeres lo compone Mona Martínez, ella es Selva, una estirada y depresiva urbanita que ha llegado con su amante —a la sazón su jefe— desde Madrid; aunque no sabemos muy bien a qué cometido. La actriz sujeta su personaje con parsimonia y se va adentrando paulatinamente en el discurso juvenil y alocado de Lucía. Sus emociones se van transformando, pasa del repudio snob a un cariño prudente hacia alguien bondadoso y entregado, hacia una especie de buen salvaje que es capaz de quitarte la estupidez con un par de sinceras ocurrencias.

Lo que más me interesa son las líneas que se establecen en ese binomio aparentemente antitético: rural-urbano; más la idea de la madurez y de las claves fundamentales para comprender que la posibilidades, a veces, de aquellos lugares inhóspitos que reviven en verano fugazmente, son muy limitadas y hasta opresivas; y, también, esa conexión entre la gente supuestamente educada y moderna que se agarra a creencias ridículas y que siempre esconden un negocio detrás. Claramente, la ficción se sustenta en la imbricación de lo soterrado, de la pesadumbre y de la oscuridad que arrastra Selva (lo umbroso en nombre), con el costumbrismo disuasorio y kitsch que se plasma en Lucía (lo luminoso y claro), dispuesta a participar en un baile propio de cabaretera —aquí el trabajo de vestuario de Ana López es meritorio— y a contribuir con sus estrafalarias muñecas customizadas, un rasgo más de su servicialidad. También es muy destacable el humor, provocado por esa descripción de las fiestas populares, de su cutrerío, de las envidias absurdas entre los vecinos y esa mezcla casi herética; pero tan nuestra, entre la fe y la farra. Que la devoción, no impida el colocón. Chema Tena maneja magníficamente los tiempos con una dirección precisa; además, la escenografía que él y David Mínguez han diseñado —el patio central de la casa— favorece un montaje atractivo y que deja muy buen sabor de boca a los espectadores.

La Pilarcita

Autora: María Marull

Director: Chema Tena

Reparto: Anna Castillo, Fabia Castro, Álex de Lucas y Mona Martínez

Diseño de escenografía: Chema Tena y David Mínguez

Vestuario: Ana López

Diseño de iluminación: David Mínguez

Realización escenográfica: Elena C. Galindo y Amaya Cortaire

Diseño gráfico: Amanda Portillo

Community manager: Mónica Salvador

Prensa: Daniel Mejías

Productor: Mariano Piñeiro

Teatro Lara (Madrid)

Hasta el 29 de octubre de 2017

Calificación: ♦♦♦

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