La hija del aire

La famosa tragedia de Calderón con la perspectiva de Mario Gas; entre la frialdad del elenco y la garra de Marta Poveda

Foto de Lau Ortega

De manera inconfundible es esta una de las comedias más célebres de Calderón. Vive en paralelo de su obra maestra, La vida es sueño; pues igual que ocurre con aquella, también el protagonista mora encerrado por los nefastos augurios que pesan sobre él. Semíramis posee una historia que se pierde en las leyendas de hace siglos y que nos la sitúan como la Sammuramat asiria. Sus reminiscencias se reparten por el Mediterráneo y el propio dramaturgo madrileño la emplea para crear una tragedia sobre la ambición de poder. Desde luego, lo interesante es descubrir si la versión de Benjamín Prado y la dirección de Mario Gas suman lo suficiente como para justificar el montaje más allá del valor que tiene como clásico. En cuanto al primero, nos ha entregado un texto que suena suavizado en los hipérbatos propios de la escritura barroca, y eso hace que el verso se nos muestre más claro al oído; aunque eso le quite cierta sentenciosidad. Por otra parte, al retirar a Chato (y a los músicos), ese bufón rústico que acompaña siempre a la futura reina, nos censura la réplica sarcástica. La sensación general es de frialdad en diferentes tramos de la extensa función. Esta percepción viene determinada por unos actores que han sido dirigidos hacia el estatismo. En muchos momentos parece que, una vez toman posición, su expresión no es acompañada por el cuerpo. Sigue leyendo

Nekrassov

Sartre firma esta farsa apenas representada hasta ahora sobre los tejemanejes del gobierno y una prensa venal

Hace unos meses se ha publicado la versión española de Posverdad, el ensayo de Lee McIntyre, profesor de Harvard, donde se abordan las peculiaridades de este nuevo concepto nacido del contexto presente en el que las redes sociales permiten crear estados emocionales que lleven impresos la sensación de la certeza. En la indagación filosófica y en la revisión histórica de sus fuentes hallamos una serie de estrategias elaboradas por los poderosos de turno para, entre otras fórmulas, imponer la duda por encima de cualquiera que ose manifestar una certeza. Lo que se plasma en la sátira de Sartre es una etapa intermedia en la consabida connivencia de los medios de comunicación con los gobiernos o los empresarios como parte de la trinchera ideológica. Por ejemplo, no falta una parodia de William Randolph Hearst (sobre frases consabidas de Ciudadano Kane), recordemos su afirmación antes de que España perdiera Cuba en 1898: «Dadme las fotos, yo os daré la guerra». Desde luego, la guerra fría fue un caldo de cultivo idóneo para el control y la difusión de la información, para «jugar» a la noticia falaz, a las medias verdades, a la ocultación permanente. El filósofo francés desarrolla un planteamiento que sobrepasa con creces lo aceptable, y eso que Brenda Escobedo ha realizado un meritorio trabajo de adaptación sobre aquella traducción de Miguel Ángel Asturias (prueben a encontrar en su librería favorita un ejemplar); aunque podría haber recortado alguna que otra escena. Sigue leyendo

Cuando caiga la nieve

Julio Provencio dirige el texto de Javier Vicedo, un drama con tintes de humor negro a través de una estructura poliédrica

Foto de Susana Martín

¿Por qué nos debería interesar una obra que se presenta como una «comedia negra y macabra… alrededor de una anécdota banal»? Demasiada banalidad y, encima edulcorada, afirmarán muchos al terminar. La poesía se reduce a la nieve y a las metáforas que eternamente la han ido resimbolizando: la senectud-muerte, el silencio, el olvido y la gruesa capa que nos evita presenciar la realidad. Aquí, además, la cencellada se imbrica con la ceniza de los muertos. Quizás, inconscientemente, Javier Vicedo Alós ha escrito un cuento creyendo que estaba conformando una obra teatral. Contamos con cuatro personajes que, como viene siendo ya corriente en las salas españolas de nuestra contemporaneidad, nos van a narrar, a contar, su relato (es una forma también de ahorrarse personajes, actores, escenografía). No voy a insistir en mi juicio sobre el abuso de la narración en el teatro; aunque este es otro ejemplo de lo que supone como experiencia para el público por lo que voy a argumentar a continuación. La obra, inicialmente, poseía un atractivo, un misterio; ver a ese chico tumbado sobre un manto de plumas que simulan la nieve y su tono melancólico acerca del peso de su infancia y la relación con su madre y su padre, parecía que nos llevaría a profundizar sobre motivos existenciales de calado; pero, por desgracia, las escenas no llegan a confirmar la sospecha, sino a derrumbarla. Sigue leyendo

El concierto de san Ovidio

Mario Gas dirige esta fábula dieciochesca de Buero Vallejo sobre el maltrato insolente a un grupo de ciegos

Foto de marcosGpunto

De vez en cuando es conveniente desempolvar a nuestros clásicos contemporáneos para descubrir si el tiempo los acartona o si permanecen fértiles para aleccionarnos sobre los vicios universales. Si Buero Vallejo quiso zarandear (desde su «posibilismo») al pueblo español en 1962 tomando la prudente distancia de quien nos remite a un acontecimiento ocurrido en París durante 1771; de qué forma debemos observar esta fábula para que nos competa de una manera similar. En este sentido, nuestro mundo actual ha cambiado tanto desde aquellas, que las mofas pueden ser tan brutales como desproporcionadas sus reprimendas. En el presente los extremos se tocan y por ello es necesario superar el plano simbólico de esta función para encontrar asideros fundamentales sobre la bondad, la solidaridad y la búsqueda del conocimiento como camino a la libertad, es decir, la ilustración. Sigue leyendo

Mármol

Un melodrama fantasioso y romanticoide sobre las crisis existenciales de la clase media alta

Foto de Moisés Fernández Acosta
Foto de Moisés Fernández Acosta

Parece claro, si ponemos de nuestra parte, adonde nos quiere llevar el texto escrito por Marina Carr: cumplir con tus deseos, aunque esto suponga romper con todo. Para llegar aquí se nos presentan, inicialmente, dos individuos, puro y brandy bien engarzados entre las falanges, vestidos de traje; pongamos que deben ser dos ejecutivos comiendo y que, además, son amigos. Art, el personaje que interpreta Pepe Viyuela, comenta con normalidad y, también, con cierto detallismo, que ha soñado con la mujer de Ben, a la que hace mucho tiempo que no ve (llega, incluso, a afirmar que si la viera por la calle no la reconocería). Él ha dejado que su ensoñación se la muestre rubia y esplendorosa, dispuesta para el tórrido desenfreno. Lo curioso es que la propia Catherine ha tenido el mismo sueño. Y lo que podría ser una simple coincidencia, propicia para desencadenar una agitación de las costumbres y los principios, se arrastra hasta el terreno de la fantasía romanticoide; puesto que detrás del primer día, se encadenarán los siguientes, en una especie de vida paralela y adúltera en un cosmos onírico, donde les espera una exótica suite forrada de mármol. Sigue leyendo

Placenta

Recorrido vital de una joven el día que España quiso reclamar la mayoría de edad

Foto de Alicia López
Foto de Alicia López

Si para algo debe servir un Festival como el Surge es para comprobar hasta qué límite están dispuestos los creadores a tocar. En este caso, Julio Provencio presenta su obra Placenta en el Teatro Guindalera. Digamos que es el claro ejemplo de alguien que ha escrito una historia, que tiene estipulado lo que quiere contar, de dónde quiere partir y adónde quiere llegar, pero que ha sido «víctima» de ciertas convenciones que no le han permitido dar cuenta de todas sus concepciones. Placenta se basa prácticamente en el esquema de las tragedias clásicas. Cumple con las tres unidades tal y como Aristóteles lo expuso en la Poética. Contamos con una única acción destinada a la catarsis. Una joven procedente del País Vasco, huérfana de madre y con un policía nacional como padre, llevan un tiempo viviendo ya en Madrid después de verse obligados al exilio por las presiones terroristas. La protagonista es apaleada en una carga llevada a cabo por los antidisturbios durante las concentraciones del 15M en 2011; magullada y dolorida recibe el socorro de una vieja prostituta con quien mantiene una entrevista reveladora. La unidad de tiempo es evidente, aquella famosa fecha de las reivindicaciones políticas en España. Mientras que la unidad de espacio es el entorno casi callejero de la vivienda donde vive la meretriz. Sigue leyendo

Hedda Gabler

El personaje más célebre de Henrik Ibsen vuelve a vivificar su angustia existencial en la versión austera de Yolanda Pallín

Hedda - FotoLa heroína de Ibsen ha llegado al final del camino demasiado pronto; es lo que tiene la vida fácil y programada. Hedda Glaber, aún joven, sufre la enfermedad burguesa por antonomasia: el aburrimiento (a finales del XIX en Noruega no existían las tarjetas de crédito). Y lo que ocurre cuando se llega a ese estado es que la locura del arrepentimiento por las arriesgadas aventuras no emprendidas se introduce en el cuerpo. De esa manera, Hedda va perdiendo sus endebles valores morales.

¿Cómo construir un personaje tan complejo y que resulte creíble? Pues como hace el dramaturgo noruego al lograr confluir los caminos perdidos de Hedda en un corto periodo de tiempo. El azar predispone a los personajes para que la protagonista saque de sí su verdadera esencia. Vuelve de una soporífera luna de miel con su marido Jorge Tesman, un profesor a punto de ingresar en la universidad y al que no ama, lo interpreta Ernesto Arias con ese estilo paradójico en el que el intelectual parece no darse cuenta de lo obvio. Lo resuelve con mucha coherencia. Sigue leyendo

Rinoceronte

Pepe Viyuela protagoniza soberbiamente la versión sobre la obra de Ionesco dirigida por Ernesto Caballero

rinoceronte_galeria5Cuando todos se alejan atraídos por la fuerza descomunal del rinoceronte en pos de una metamorfosis de pequeños paquidermos, un hombre normal, un ser que duda, pero no demasiado, un hombre que bebe (demasiado) y que sencillamente aspira, sin heroicidades, a la conquista amorosa y a continuar anodinamente con su trabajo de oficinista, se erige como un antídoto de sensatez. Berenger es encarnado por Pepe Viyuela con esa actitud indolente entre melopeica y taciturna que debe apartar cuando las circunstancias le requieren una respuesta. Viyuela compone una actuación soberbia donde la actitud y la gestualidad mantienen la medida de las tensiones que van surgiendo. De alguna manera, se ve arrastrado por unas sinergias que la excelente dirección de Ernesto Caballero ha propiciado al plantear, junto a Paco Azorín, esa disposición orbital en la que los actores se mueven alrededor del patio de butacas desde el caos inicial hasta la quietud de la manada «rinoceróntica». Sigue leyendo

Julio César

Julio César de William Shakespeare desentraña la gran conjura que propició la llega del Imperio

Julio César«Colócate a mi derecha, pues soy sordo de este oído». César no quiso atender al vuelo de los pájaros que se aproximaban premonitoriamente por la siniestra. Llegaron los idus de marzo, y la conjura de sus antes amigos y fieles senadores confirmó los presagios. Cruzar el Rubicón fue toda una declaración de intenciones y uno debe saber medir sus fuerzas. Sigue leyendo