Resumen con lo más destacado del panorama teatral en estos tiempos repletos de dificultades debido a la pandemia

Como ocurre cada fin de temporada teatral, llega el momento de repasar lo acontecido y hacer sobresalir aquello que más me ha maravillado. Pero antes es necesario reflexionar brevemente sobre cómo ciertas líneas de pensamiento y ciertos modos de expresión van contaminando la escena y las butacas. No es ya que la autoficción nos tenga atufados desde hace tiempo, sino que viene cargada con una moralina autopurificadora de pecadores sufrientes, que uno se percibe como espectador sometido moralmente. Demasiados creadores teatrales han tomado las tablas como púlpito y han cancelado el diálogo con el respetable. Este hecho se podría contrarrestar filosófica y estéticamente si la oferta de ideas (e ideologías) fuera tan variada como antagónica —como sucede, por ejemplo, en la «caja tonta»—. Sigue leyendo
El Teatro del Temple lleva unos meses en Madrid mostrando sus trabajos y evidenciando cuáles son sus concepciones estéticas. Lo hemos comprobado con
Es este un montaje de largo recorrido, pues se presentó allá por el 2009, y sigue con sus andanzas como el propio personaje. Si ya de por sí cualquier obra de teatro es una permanente actualización, más lo es si está abierta a que su protagonista dé cabida a improvisaciones que dialogan con el presente. Vamos, es lo menos que se podía esperar de un tipo que se mete en la piel de un pícaro, y más que un pícaro, pues tenemos siempre en la imaginación la «inocencia» de Lázaro, y hay que reconocer que Pablos va mucho más allá. La gran virtud de esta adaptación firmada por José Luis Esteban y Ramón Barea es la «suavización» del lenguaje quevedesco. El conceptismo está, pero sin barroquizarse. Todo resulta más coloquial y cercano a nuestra habla que lo que demuestra el libro. Por supuesto que escuchamos algunas expresiones de germanías; aunque no se alcanza el enrevesamiento de las insinuaciones y de las dilogías. 
El Teatro de La Abadía ha querido cerrar su peculiar temporada con algo «fresquito» para el verano (como se suele decir). Ronejo es una obra que ha ganado, sin querer, gracias a las circunstancias; pues fue creada en 2018, pero parece que el tiempo le ha dado la razón. Si usted es un conspiranoico, claro. Aunque parece que el futuro no irá muy desencaminado, ya que el hombre más rico del planeta (o el segundo, qué más da), Elon Musk, está con Neuralink preparando el abordaje. La cuestión es que esta propuesta no es más un entretenimiento, un cómic para frikis, sin más ambiciones que jugar cómicamente con un destino, el de la humanidad, que se aproxima distópico en nuestra imaginación y que, probablemente, sea tan luminoso en el aspecto exterior como oscuro en nuestro control. Los problemas, eso sí, con los que nos topamos son, al menos, dos. A saber, que el humor no sea desbordante, cuando uno lo esperaba ansiosamente. 


