Viejo amigo Cicerón

Semblanza sobre el Arpinate protagonizada por Josep Maria Pou, en un montaje conciso y filosóficamente superficial

Foto de David Ruano

¿Puede una obra que tenga como protagonista a Cicerón ser insignificante filosóficamente? Pues parece que sí. ¿Puede esto resultar decepcionante viniendo de una triple entente como la que forman Caballero-Gas-Pou? Indudablemente. La obra que ahora recala en el Teatro de La Latina es conceptualmente superficial hasta la médula. Marco Tulio Cicerón cabalga entre la política, la oratoria, la retórica y la filosofía. Su fama es un compendio de todos esos dominios. También se debe a que conservamos suficientes obras suyas, y que, además, pertenece a una época ―el siglo I a.n.e. en la Antigua Roma― de la que poseemos buenas noticias y de primera mano. Reconozcamos, eso sí, que es un filósofo de segunda fila; pues, en absoluto, fue original, y más bien fue un compilador de todas esas corrientes helenísticas (estoicismo, cinismo, epicureísmo, etcéter) que tan bien funcionaron por aquellos lares a punto de ser imperiales. Por lo tanto, nos situamos ante un ecléctico en cuanto al pensamiento que, a tenor de ciertos hechos relevantes de su vida ―como su manera de contravenir la conjura de Catilina―; podemos juzgarlo como un hipócrita o, directamente, un pragmático ―aspecto clave de la cultura latina―. Pues cualquiera que haya leído De officiis (Sobre los deberes), una de sus obras principales, comprenderá que era un hombre que defendía estrictamente el cumplimiento de las leyes y del deber, apoyándose esencialmente en las virtudes cardinales. Sigue leyendo →

Paloma negra

Alberto Conejero toma La gaviota de Chéjov para recordar a los descendientes de los exiliados españoles en Méjico

Foto de Susana Martín

No se puede afirmar que sea algo premeditadamente oculto; porque es evidente y, además, el autor lo ha expresado con claridad; pero, ¿cómo es posible que toda la trama, toda la vertebración y la conceptualización del texto ―al menos en la base― se fundamente en La gaviota de Chéjov, y Paloma negra no sea considerada una adaptación de aquella? Entendamos que el espectador que observe el título y el subtítulo (Tragicomedia del desierto) y a su «exclusivo» dramaturgo, eche de menos al ruso. En fin, el eterno debate sobre la versión, la adaptación, el homenaje, la inspiración, la apropiación o, directamente, la nada. En definitiva, si no atendemos a más explicaciones, lo que contemplamos en escena es una adaptación de La gaviota ―otra más, como hace unos meses con la de Rigola― resituada en el Méjico de los años 70, entreverada de gestos y de conversaciones, de nombres y de alusiones, que remiten a la emigración forzosa de españoles que se produjo antes, durante y después de nuestra guerra. Y, sí, el humor. Alberto Conejero, al menos en el primer tercio del montaje, ha sabido dotar a sus diálogos de un brío humorístico elegante, ingenioso y desencantadamente irónico. Por otra parte, parece ser que las remisiones culturales a la literatura, a la historia y a la generación «Nepantla» o «fronteriza» que se fue creando, entre aquellos individuos que tuvieron que desarrollar su tarea allá, sin ser estrictamente de allí. Individuos en tierra de nadie. Los hijos de los exiliados que debieron realizar el esfuerzo por hallar una tradición, un empuje y un apoyo. Todo este embrollo se sugiere, más que se exprime dentro del argumento. Sigue leyendo →

Mariana Pineda

Laia Marull se mete en la piel de la heroína liberal, en esta propuesta de Javier Hernández-Simón en el Teatro Español

Foto de marcosGpunto

En 1927 Margarita Xirgu, a quien está dedicada esta obra, se mete en la piel de la heroína granadina Mariana Pineda. En 2015, Laia Marull encarnó a la Xirgu en un biopic y ahora protagoniza este montaje que dirige Javier Hernández-Simón sobre el texto de Federico García Lorca. Yo creo que este proyecto, principalmente, posee dos grandes atractivos. Por un lado, la interpretación de la actriz catalana, quien despliega sus aptitudes actorales para sujetar a un personaje que puede dar pie a la exacerbación; pero que aquí observamos tan pasional como racional, tan maduro, si cabe, como arrebatador en el desenlace. Marull tiene una enorme capacidad para expresar las emociones a flor de piel, a punto del lloro o de la ira, y esa pulsión se mantiene durante toda la función. Por otra parte, el espacio escénico pergeñado por Bengoa Vázquez es absolutamente significativo, escultórico y muy llamativo; pues una colección de tiras, de gomas rojas, configuran diversas figuras que evocan un telar o un mantón o una cárcel, de maneras muy sugerentes. Lástima la inclusión de todas esas puertas móviles, que me parecen un pegote que afea la estructura preponderante. El vestuario de Beatriz Robledo es coherente con el enfoque general y nos traslada perfectamente a la época. Destaca por encima de todo el vestido encarnado de la protagonista, tan simbólico, y que visualmente empasta generosamente con la propuesta escenográfica. Sigue leyendo →

La panadera

Sandra Ferrús firma y protagoniza esta historia sobre una mujer angustiada por la filtración de un vídeo sexual

Foto de Luz Soria

Resulta estimulante que el teatro se haga eco de estas nuevas formas de intrusión en la intimidad. Vivimos rodeados de «viralidad» y eso nos determina hacia situaciones azarosas e incongruentes, también crueles para los protagonistas de esos vídeos que, sin quererlo, se convierten en objeto de mofa, de escarnio o de vergüenza. Desde el ciberacoso al sexting innoble, las escenas sexuales brotan en las pantallas de los móviles con una facilidad pasmosa. En ocasiones, no hay ni tiempo para decir si se ve o no; pues llegan de improviso y en cantidades ingentes. Hemos conocidos varios casos en los últimos años que se han hecho célebres y, alguno tristemente conocido, como el ocurrido en la fábrica de Iveco. Además, en el totum revolutum del «pásamelo», hay filtraciones interesadas de pornografía encubierta para promocionar programas de televisión. Sandra Ferrús se ha metido de lleno en la cuestión y ha escrito un texto que destaca por una frescura y un detallismo muy revelador en los diálogos más cercanos y familiares. Aunque, asimismo, observamos un barullo creciente en el ansia por volcar sueños, recuerdos, saltos temporales y diversos planos concatenados ―y casi simultáneos― que le restan claridad. Es comprensible que así se exprese alguien que está inmerso en un proceso de estrés emocional profundo; pero teatralmente despista nuestra atención. Y otro tema que a mí personalmente me desencaja, en general, cuando la encuentro en alguna obra literaria, es la participación de una psicóloga. Yo creo que los psicólogos normales son antiteatrales, son como un agujero negro que absorbe la incertidumbre, la ficción, el problema y que transforman el acontecimiento dramático en un ejercicio terapéutico. Sigue leyendo →

Rita

Carlos Hipólito y Mapi Sagaseta sondean el tema de la eutanasia a través de una comedia amable firmada por Marta Buchaca

Foto de Javier Naval

Para tener tan cerca la disputa sobre la eutanasia, esta obra se presume tan timorata como anticuada. Enormemente prejuiciosa, en el sentido de comportarse como el tiburón que da vueltas alrededor de la sanguinolenta presa y despreciar la dentellada alimenticia. Rita es de esas comedias que terminan por obviar el meollo de la cuestión, no porque le exijamos una respuesta concluyente; sino porque la materia posee mayor hondura que la expresada en el texto de Marta Buchaca. Y es que la dramaturga, parece que ha pensado más en el entretenimiento del respetable y no ha querido agobiarlo con cuitas morales de mayor calado. La liviandad en los diálogos nos hace deambular por intimidades corrientes de dos hermanos que se sitúan ante dos hechos acuciantes, las dos Ritas van a zanjar sus vidas. El asunto es que una es perra y la otra madre, una va a ser sacrificada con una inyección para ahorrarle el ensañamiento de su padecer; y la otra va a tener que esperar a que el Alzheimer la consuma hasta el estertor, mientras el olvido apacigua el sufrimiento, y los humanos se regocijan con su firmeza ética. Algo más de diez escenas fulgurantes en el ritmo y en el proceso, con diálogos ágiles; pero que soslayan con humor casi blanco e inofensivo cualquier debate profundo. Nada que tenga que ver, por ejemplo, con el antiespecismo que poco a poco va permeando en más capas de nuestra sociedad. Sin ir más lejos, estas semanas se ha planteado el «controvertido» hecho de que una sustancia extraída de los tiburones (el escualeno) sirve para hacer las vacunas. ¿Valen más los tiburones que los humanos? Cada uno que responda, con la que está cayendo. O, en su momento, cuando el caso del ébola y el perro Excalibur. Rita es naíf en todos estos aspectos y solo está destinada al divertimento y a que sus intérpretes demuestren sus sobradas aptitudes. Sigue leyendo →

Tito Andrónico

Antonio C. Guijosa intenta «domar» la sanguinaria tragedia de William Shakespeare en los Teatros del Canal

Tito Andrónico - FotoResulta imposible «sujetar» una tragedia tan desnortada como que esta que escribió William Shakespeare cuando era joven, muy influido por Marlowe. Acometer tamaño proyecto siempre será complicado; porque la exageración, casi terrorista, nos lleva por la pendiente. Y no parece que en la versión de Nando López se haya pretendido hacer nada más que algunos ajustes para aguantarse con lo que hay. Tampoco hallamos una gran intervención textual, y eso quizás hubiera resultado más interesante. En muchos aspectos, este montaje se queda entre dos aguas, y ese es un lastre con el que se carga toda función. Para empezar, los Teatros del Canal, evidentemente, no son el Teatro romano de Mérida; por lo que la escenografía de Juan Sebastián Domínguez es más funcional que sugerente; pues el espacio está un tanto desangelado alrededor de los versátiles cajones que sitúa en el espacio. No obstante, la iluminación de Carlos Cremades sí que incide con precisión en el tenebrismo lógico. Luego, si continuamos con los aspectos artísticos, nos podemos preguntar, una vez más, en qué consiste eso de las modernizaciones, o qué se consigue con ello. Es decir, el vestuario de Rafael Garrigós, por qué procede con ese pastiche de trajes de caballero, con unos abrigos hasta los pies, y, por otra parte, otras vestimentas que, de alguna manera, anhelan aproximarse a algo más «romano» o «godo». Sigue leyendo →

Marat-Sade

Luis Luque presenta en el Matadero una versión espectacularizada de la obra de Peter Weiss, con una clara pátina pop

Marat-Sade - Foto de Jesús Ugalde
Foto de Jesús Ugalde

Si uno de los hitos teatrales del siglo XX se quiere seguir representando para lograr significancia en el público contemporáneo, y asumir las resonancias sobre luchas que hoy, de formas mucho más sofisticadas, siguen vigentes; entonces es muy conveniente apostar por otras vetas estéticas. Eso ha pretendido Luis Luque con suficiente riesgo; lo que nos deja como resultado un balance positivo y satisfactorio. Primeramente, hay que destacar la escenografía que ha ideado Monica Boromello para la sala Fernando Arrabal del Matadero. El sanatorio más limpio jamás imaginado, tan moderno como pulcro; aunque no se vean, uno podría imaginarse cámaras vigilándolo todo. Es una diafanidad tan gigantesca que, en ocasiones, cuesta llenarla a pesar del extenso elenco. Posee una luminosidad (David Hortelano potencia la blancura torticera) que redunda en una asepsia que va más allá de lo aparente ―como veremos―. La bañera de Marat ocupa el centro como el sarcófago (dispuesto para devorar esa insoportable dermatitis seborreica) donde se hospeda el «amigo del pueblo». En esa geometrización, otro prisma se alza al fondo como un dios de la razón en el que se plasman las impactantes e ilustrativas proyecciones de Bruno Praena. Creo que lo más sugerente de todo el montaje es la música de Luis Miguel Cobo y la interpretación que de ella realizan los cuatro cantores, la banda de rock, con la compacta y lisérgica coreografía de Sharon Fridman. Sigue leyendo →

O agora que demora

Christiane Jatahy pretende explotar el tópico de viaje de Ulises con las odiseas de los migrantes actuales en un espectáculo insignificante

O agora que demora - Foto de Patricia Cividanes
Foto de Patricia Cividanes

La combinación entre cine y teatro ―que después hemos visto en varias ocasiones fértiles― me pareció muy gratificante y artística cuando en 2013 Christiane Jatahy presentó su Julia, basada en el famoso texto de Strindberg, en la sala principal del Teatro Valle-Inclán. Ahora vuelve a pisar el mismo espacio para perpetrar uno de esos actos performativos que se descomponen en la vacuidad y ansían conmovernos con dosis extra de realidad «real real». En este O agora que demora, segunda parte del díptico Our Odyssey, se encuentran abundantes concomitancias con el Orestes en Mosul, de Milo Rau; también algún parecido con Clean City, de Anestis Azas y Prodromos Tsinikoris. Así que mi visión va por un camino parecido. Pretender aproximarse a la Odisea con el simplísimo hecho de aceptar que en los refugiados y en los migrantes ocurre algo parecido a lo que «vivió» Ulises, es llevar el tópico hasta un extremo absurdo. Ante todo, debemos asimilar que Homero habla de un viaje espiritual, iniciático, religioso; porque lo que nosotros leemos como un periplo tortuoso por el mar, en realidad, es una concatenación de metáforas, una alegoría, de la catarsis interior que se produce en el héroe, una auténtica transformación anímica. La grandiosa profundidad del mito griego en absoluto se traslada teatralmente en este montaje. Es más, la comparación resulta ridícula y la lectura que realiza es de una ingenuidad pasmosa. Sigue leyendo →

Atocha: El revés de la luz

Un montaje de teatro-documento que se embrolla en la aproximación a la terrible matanza de los abogados laboralistas en 1977

Resulta extraño que la denominada «matanza» de los abogados de Atocha (terribilísimo atentado) no haya tenido más atención por parte de los dramaturgos españoles, sobre todo teniendo en cuenta las repercusiones que tuvo (hay tantos temas de nuestra historia reciente que apenas han sido explotados que la abundancia de costumbrismo, a veces, cansa y ofende) y las ramificaciones políticas que se escondían en sus perpetradores. Desde este punto de vista, aunque un poco tarde, es loable que el caso dé para una obra teatral. No obstante, siento comunicarles que el desconocimiento de lo ocurrido en los últimos 50 años por parte de las últimas generaciones nos deja, en conjunto, como una sociedad auténticamente imbécil, con lo que, a algunos de los posibles espectadores, les pillará de nuevas. ¿Cuántas obras hay en Atocha: El revés de la luz? Demasiadas. Y si se quieren imbricar en tan solo 70 minutos, entonces nos subsumimos en lo inabarcable. Javier Durán ha escrito un texto a partir de las entrevistas y de las declaraciones del único superviviente que aún queda vivo: Alejandro Ruiz-Huerta. Teatro-documento para vertebrar una función caótica y sobredimensionada que, en cierta medida, tira por tierra el objetivo primordial. Porque la falta de claridad no logra que aquellos actos deleznables se expongan en su crudeza (máxime si se sustituye la brutalidad asesina de los disparos, por una fría descripción como si fuera el resumen de un policía desencantado). Puesto que, además, no se profundiza en las causas del hecho concreto en el momento preciso de aquel 24 de enero de 1977, como, por ejemplo, las vinculaciones con el neofascismo italiano a través de Gladio. Sigue leyendo →