Aproximación fronteriza del Brujo a la novela de Cervantes en este año de conmemoraciones

Continúa Rafael Álvarez, el Brujo en sus incursiones literarias, abordando clásicos a través de sus particulares procedimientos interpretativos. En esta ocasión ha dirigido sus intereses hacia la que debería haber sido la horma de su zapato. Alguien tan interesado en bordear el asunto, en aproximarse con distancia en ese juego de entrada y salida ficcional, en esa propagación de recursos metalingüísticos y metateatrales de ser y no ser actor-personaje, tendría que haber sacado oro de una obra donde aparecen tantos narradores más él, como respetable juglar, que se ha sumado a la lista; pero creo que en esta propuesta se ha quedado con la lanza en astillero. Con el Brujo tenemos garantizadas muchas bonanzas: un público cálido repleto de adoradores que no dudan un instante en aplaudirlo en cuanto pisa el escenario (casi un ritual que es difícil encontrarlo con otros intérpretes) lo que carga el ambiente, un sentido del humor que trabaja en varios planos, bien puede caer en lo efectista, pero chabacano, con regodeos en lo escatológico («chorrina», «chorra y orina», pura invención) o en lo sexual, con aquello de las «mozas, destas que llaman del partido» (el artífice no deja pasar una), como puede ironizar sobre cuestiones políticas de plena actualidad, asuntos sociales (aquí, chistes sobre borrachos y tabernas) y un sinfín de ocurrencias que nos lanza con su acostumbrada espontaneidad. El humor peculiar de Rafael es el hilo inapelable de la obra. También tenemos garantizada la interpelación, nosotros somos su permanente narratario y nos trata con deleite, con sorna y con falsa adulación. Sigue leyendo

No queda tan lejos aquel maravilloso espectáculo que nos ofreció Toni Servillo en el Festival de Otoño de 2009 sobre la Trilogia della villeggiatura condesada en tres horas. Ahora la compañía Venezia Teatro comienza su proyecto de montaje sobre las tres piezas que componen esta «Trilogía del veraneo» que Carlo Goldoni escribió allá por 1761. Deudor de la «comedia del arte», cuando esta vivía su estertor, se propone una transformación del teatro italiano; lógicamente impregnado por el estilo neoclásico de la época con esas intenciones didácticas que subyacen a la delectación. En esta primera comedia titulada Le smanie della villeggiatura, es decir, Los afanes del veraneo o Los desvaríos del veraneo, según la adaptación de José Gómez-Friha, que moderniza la pieza con anacronismos y léxico actual como forma de acercamiento. Además, se ocupa de la dirección, con una meritoria labor. 




