Los huesos

Manuela Infante desarrolla una performance tediosa en el Teatro María Guerrero sobre una antropóloga forense

Foto de Franco Barrios

En el anterior proyecto que pudimos contemplar de Manuela Infante (Cómo convertirse en piedra) quedaron ya patentes ciertos conceptos que resultaban inasibles en su despliegue. Este aspecto se potencia sumamente en esta nueva pieza y no tenemos más remedio que soportar un gran hastío. Me cuesta pensar en víctimas de la dictadura chilena, en cientos y cientos de desaparecidos después de ver esta función. Nada que comparable, por ejemplo, con trabajos como Villa, de Guillermo Calderón. Si nos fijamos en la parte final, una vez la actriz parece transformarse en una médium, en alguien que recibe voces de ultratumba, entonces apenas asumimos el dolor de los represaliados. Escuchamos las narraciones de seres que ni siquiera están engarzados en un relato sobre una familia, con una chica conocida como Jovina y un perro, Panki. Si este es el momento más acuciante y sustancial, deberemos renunciar a cualquier comprensión posible de algo concreto. No se aspira a que sepamos su historia con sus detalles, ni a vincularnos empáticamente con ella.

Antes de ello, tenemos que tragarnos un prólogo lento e insignificante, en el que se nos dan unas explicaciones innecesarias para que la intérprete adopte su condición metateatral de personaje. Desde luego, la actuación de Marcela Salinas es lo más valioso del montaje. Su manera de expresarse y, sobre todo, de moverse con gestos propios de la danza urbana, del popping, resulta atractiva en algunos instantes. Ella se presenta como una actriz que va a encarnar a una antropóloga forense llamada Roberta L. Es una «científica», insiste, como una excusatio non petita para adentrarse en una performance. Procede con determinados guiños humorísticos mientras alarga su discurso para señalarnos cómo han preparado el espectáculo con Michael de Cock y el músico Matthew Herbert. A propósito, ¿en qué sentido se puede afirmar que la trama se conecta con la música? Más allá de la evidencia circunstancial de una banda que no llegará a tocar, no se entiende bien el camino. Sí que Kristian Orellana, casi en el ¿epílogo? se afana con la percusión usando las escobillas sobre una de esas pequeñas planchas metálicas que han retirado anteriormente. Posteriormente, sobre unas campanas tubulares, esbozará un breve tema que sí aporta una consistencia con esos muertos que han sido convocados.

La disposición de todo el escenario es una colección de atriles listos para la llegada de una orquesta que se aguardará sin esperanza. Esos mecanismos diseñados para sujetar una partitura se irán desmontando en diferentes trozos para simular un conjunto de tibias, peronés, húmeros… Aceptemos el símbolo, pero nada más. Luego, la iluminadora Rocío Hernández ofrece un tono amarillento y propicia la sombra. La protagonista se coloca el disfraz de insecto, de hormiga. Intuimos que pasea por cualquiera de esas tierras que esconden algún cadáver humano de nombre desconocido. Se concita, entonces, a los espíritus de los fallecidos, de los asesinados; pero el acontecimiento es etéreo en ese espacio que se ha ido vaciando. ¿Esto responde a alguna de las preguntas imaginables? O, tal y como se anunciaba, remite a conversaciones, a ideas, que se van plasmando aquí y allá sin una precisión debida. Por supuesto que las estructuras óseas «hablan», de eso trata la criminología ciencia, pero que la metáfora con la música no está desarrollada es evidente.

Los huesos es una performance que te deja tal y como estabas al comienzo, pero después de haberte aburrido cuando descubres definitivamente que sus creadores no te han trasladado a ningún lugar ignoto a través del arte.

Los huesos

Texto: Manuela Infante, Marcela Salinas y Michael de Cock (en conversaciones con R.L.)

Dirección: Manuela Infante

Reparto: Marcela Salinas

Música en directo: Kristian Orellana

Escenografía e iluminación: Rocío Hernández

Vestuario: Elizabeth Pérez

Música: Matthew Herbert

Sonido: Manuela Infante y Víctor Muñoz

Coreografía: Dian C. Guevara

Diseño de cartel: Emilio Lorente

Fotografía: Franco Barrios

Tráiler: Pablo Mois

Realizaciones:

Escenografía: Fernando Quiroga

Utilería: Kristian Orellana

Máscara: Jocelyn Olguin

Campanas: Pablo Labra

Producción ejecutiva: Carmina Infante Güell

Producción: Centro Dramático Nacional, KVS, Centro Cultural Matucana 100, Riksteatern, NAVE y FITEI

Con el apoyo de Universidad Academia de Humanismo Cristiano y Espacio Diana

Distribución: Luisa Cienfuegos y Cecilia Kuska

Teatro María Guerrero (Madrid)

Hasta el 18 de octubre de 2026

Calificación: ⭐

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