Los huesos

Manuela Infante desarrolla una performance tediosa en el Teatro María Guerrero sobre una antropóloga forense

Foto de Franco Barrios

En el anterior proyecto que pudimos contemplar de Manuela Infante (Cómo convertirse en piedra) quedaron ya patentes ciertos conceptos que resultaban inasibles en su despliegue. Este aspecto se potencia sumamente en esta nueva pieza y no tenemos más remedio que soportar un gran hastío. Me cuesta pensar en víctimas de la dictadura chilena, en cientos y cientos de desaparecidos después de ver esta función. Nada que comparable, por ejemplo, con trabajos como Villa, de Guillermo Calderón. Si nos fijamos en la parte final, una vez la actriz parece transformarse en una médium, en alguien que recibe voces de ultratumba, entonces apenas asumimos el dolor de los represaliados. Escuchamos las narraciones de seres que ni siquiera están engarzados en un relato sobre una familia, con una chica conocida como Jovina y un perro, Panki. Si este es el momento más acuciante y sustancial, deberemos renunciar a cualquier comprensión posible de algo concreto. No se aspira a que sepamos su historia con sus detalles, ni a vincularnos empáticamente con ella. Sigue leyendo →