Los huesos

Manuela Infante desarrolla una performance tediosa en el Teatro María Guerrero sobre una antropóloga forense

Foto de Franco Barrios

En el anterior proyecto que pudimos contemplar de Manuela Infante (Cómo convertirse en piedra) quedaron ya patentes ciertos conceptos que resultaban inasibles en su despliegue. Este aspecto se potencia sumamente en esta nueva pieza y no tenemos más remedio que soportar un gran hastío. Me cuesta pensar en víctimas de la dictadura chilena, en cientos y cientos de desaparecidos después de ver esta función. Nada que comparable, por ejemplo, con trabajos como Villa, de Guillermo Calderón. Si nos fijamos en la parte final, una vez la actriz parece transformarse en una médium, en alguien que recibe voces de ultratumba, entonces apenas asumimos el dolor de los represaliados. Escuchamos las narraciones de seres que ni siquiera están engarzados en un relato sobre una familia, con una chica conocida como Jovina y un perro, Panki. Si este es el momento más acuciante y sustancial, deberemos renunciar a cualquier comprensión posible de algo concreto. No se aspira a que sepamos su historia con sus detalles, ni a vincularnos empáticamente con ella. Sigue leyendo →

Temis

La compañía Bonobo representa una comedia sobre las contradicciones de una familia progresista en los Teatros del Canal

Temis - Foto de Moisés Sepúlveda
Foto de Moisés Sepúlveda

Parece razonable que, en el teatro, tan repleto de biempensantes, se diriman las contradicciones de la progresía. La necesidad de evidenciar en la práctica lo que teóricamente tiene poco ajuste diario incomoda a todos aquellos que han abandonado la religión, y la limosna, y la confesión de sus pecados en petit comité con la penitencia de la oración. Ser de izquierdas e ir progresando económicamente tiene un encaje duro en la conciencia. Sigue leyendo →

Cómo convertirse en piedra

Manuela Infante crea una atmósfera pétrea para introducirnos en el mundo de la minería del cobre en Chile

Cómo convertirse en piedra - FotoResulta muy desconcertante esta pieza en los inicios. Uno se siente sin asidero posible en la lentitud de esos individuos que cargan sobre sí a muñecos que visten como ellos, como un doble, como un muerto viviente y su espíritu a punto de salir hacia el cielo. No deja de ser una visión, a la postre, de unos mineros y su entorno, petrificados bajo la lápida, intoxicados, enverdecidos por el cobre que se debe extraer. Pero hasta llegar a esto, la deriva es fantasmagórica, cuasi surrealista, una ensoñación marciana de la que debemos atar cabos. Y eso el espectador lo logra justo en los últimos quince minutos, cuando el montaje cobra gran sentido y hasta grandiosidad conceptual; porque se adentra muy valiosamente en un teatro social sui géneris. Sigue leyendo →