El vergonzoso en palacio

La comedia de Tirso de Molina que dirige Natalia Menéndez se envuelve en un espectáculo visualmente muy atractivo, aunque carente de ritmo

Foto de Sergio Parra

Una de las comedias palatinas más famosas del dramaturgo madrileño es esta que se representa contra viento y marea en el Teatro de la Comedia. Asistimos a un montaje grandioso en medios; tan llamativo en su manifestación escenográfica, como renqueante en el ritmo que ha dispuesto Natalia Menéndez. Quizás el culpable de este freno sea el arbolazo que Alfonso Barajas ha plantado en el medio de las tablas, para ofrecer una ambientación selvática, y propiciar cada uno de los equívocos y escondrijos que se van a suceder. Ciertamente, la propuesta del escenógrafo sería fenomenal si nos quedáramos únicamente con nuestras sensaciones visuales; pues el susodicho árbol se abre pesadamente por la mitad y es desplazado hacia los laterales con cierta molestia. Ese trajín se ha querido edulcorar sacando al elenco vestido de cotorras argentinas a despistarnos con bailecitos; pero ni por esas. Eso sí, son de valorar las enormes puertas con espejo que estilizan muy bien el juego de apariciones y de apariencias. También excelentes las videocreaciones de Álvaro Luna (siempre tan detallista) en el fondo, que conjugan los elementos propios de los célebres azulejos (azulados) portugueses con otros motivos florales y rostros para la ensoñación. Todo ello con una iluminación de Juan Gómez Cornejo que potencia las sombras y los recovecos que se deben producir en un espacio, en muchas ocasiones, tan vacío. Más, claro, el espacio sonoro de Mariano García que nos sumerge en el misterio boscoso con su fauna. Sigue leyendo

La vida es sueño [vv. 105-106]

Carles Alfaro plantea en los Teatros del Canal una perspectiva esencialista de la obra calderoniana

Siempre es interesante volver sobre la obra maestra de Calderón; el drama que mayor complejidad filosófica entraña del siglo XVII español (y diría que europeo). Se nos presenta una versión donde se hace referencia explícita a esos dos famosos versos del dramaturgo madrileño: «qué delito cometí / contra vos naciendo»; un hipérbaton que es toda una declaración de intenciones moral. Aunque en la propuesta de Carles Alfaro ante todo encontramos una estética muy definida que remite directamente con Éramos tres hermanas que dirigió en el 2014. Trabaja el director con un minimalismo que agolpa la sofisticación del texto y lo expande a través de fantasmagorías, elucubraciones oníricas y, en este caso que nos compete, un futurismo que podemos sondear visualmente en celdas transparentes en películas como Skyfall o en aquellas donde Hannibal Lecter es apartado de la carne, e, igualmente, en algún capítulo de Black Mirror. Es decir, ese cubo acristalado debe ser tomado como una verdadera provocación directa al espectador. Sigue leyendo