Atentado

Xus de la Cruz y Félix Estaire están al frente de esta propuesta gélida sobre la manipulación informativa

Foto de Geraldine Leloutre

Si uno se adentrara en la cafetería de alguna facultad de Ciencias de la Información es muy probable que algunos alumnos estuvieran discutiendo afanosamente sobre la importancia que tiene el enfoque de las noticias, el empleo de ciertas palabras o las imágenes concretas que pueden acompañar un texto. Dialogarían sobre la capacidad que se tiene para manipular un hecho, para mentir, para encubrir, y todo un etcétera de inmoralidades y falta de profesionalidad. Todo esto es innegable; pero no solamente. Pues bien, parece que el texto de Félix Estaire se ha quedado en eso, en centrarse en los medios de comunicación como únicos responsables de que la realidad se tergiverse y no podamos acceder a la verdad. Como cualquier adulto informado sabe, el asunto es mucho más complejo; pues, aunque las noticias sean verídicas e, incluso, estén honradamente expuestas, siguen requiriendo interpretación. Todo requiere interpretación, y como ya argumentó el filósofo norteamericano H. P. Grice, nuestras verbalizaciones están repletas de implicaturas; es decir, aquello que debemos deducir, por ejemplo, de las auténticas intenciones del hablante. Igualmente, ahora se habla de la posverdad que, como analiza Lee McIntyre en su último ensayo, no solo consiste en apelar a lo emocional arrumbando los hechos, sino que viene propiciada por unos sesgos cognitivos a través de los que observamos los acontecimientos. Insisto, todo es más complejo; y por eso Atentado, además, me ha parecido una obra que trata al público con cierto desprecio. No hay más que ver cómo en el prólogo se nos enseña la diferencia entre llamar al famosísimo cuadro de Caravaggio Judith y Holofernes o Judith decapitando a Holoferenes; claro, pero eso únicamente es un signo; y uno espera que se vaya al fondo de la cuestión, a la exégesis. La propuesta adopta un tono frío desde el inicio. Una inventada sala pictórica de algún museo con cuadros de Rubens o del propio Michelangelo Merisi, que giran sobre sí para mostrarnos un cuarto de la limpieza y que ha diseñado pulcramente Alessio Meloni. De lo mejor del montaje; pues nos envuelve en una atmósfera de intimidante seguridad, con esas pinturas tan subyugantes. Después, es necesario intentar comprender si el personaje de Eva Rufo, una tal Natalie, directora del noticiario (de la cadena pública, sospechamos), realmente cumple una función dramática eficiente; es decir, propicia un verdadero embate contra su rival. A tenor de lo observado, su papel queda bastante minusvalorado en su despliegue; porque apenas suelta un par de andanadas dialécticas. La actriz vuelve a demostrar su buen hacer (recordemos su interpretación la temporada anterior en Espejo de víctima) con una creíble expresión contenida. Lo indudable es que el texto se centra fundamentalmente en los dos personajes principales, y la impresión es que con ellos sería suficiente para avanzar el argumento y concretar las posiciones. En un momento determinado, a poco de comenzar el espectáculo, estalla una bomba. Un hombre y una mujer ser refugian en el cuarto de la limpieza. Él la ha llevado hasta allí, dice ser un trabajador del museo; mientras que ella, inicialmente, solo piensa en ponerse en contacto con su marido a través del móvil. María Morales encarna a una dura y prototípica jefa de comunicación de algún mandatario importante. Helen tiene claro que la forma de comunicar es esencial para publicitar la ideología pertinente y esconder todo aquello que moralmente no sea aceptable por la población. Tergiversar, falsear, propiciar ambigüedades y medias verdades, inventar eufemismos o circunloquios que generen equívoco y motear los textos con las virtuosas palabras clave. Su mirada expresa convicción y su temperamento es propio de alguien que sabe perfectamente qué coloca en primer lugar en su escala de preferencias. No obstante, al igual que ocurre con su antagonista (o viceversa), el personaje es plano; porque se encierra en las tesis que defiende sin que podamos indagar suficientemente en su psicología y en su transformación dramática. De esta manera, Ángel Ruiz interpreta a Marc, un padre de familia ―se nos da a entender que es musulmán y que ha visto morir a familiares suyos en su país de origen―, que ha decidido disponer de su hija como mártir. Resulta, en los comienzos, un tanto ridículo su encubrimiento de su auténtica identidad; cuando acaba de lograr sus objetivos. Estaire ha creído que así se generaba cierto misterio; no obstante, la actitud de este hombre es equívoca y algo artificial. A través de algunos flashbacks, escuchamos a Marc dirigirse a su hija. Instante este en el que el público se convierte en una niña; pues las lecciones sobre la manipulación de los medios, sobre cómo se miente en Occidente (hemos de suponer) sobre lo que de verdad sucede en Oriente Próximo (hemos de suponer) es insoportable. Se pone en plan teórico para redundar ―se redunda bastante en esta función― sobre la tesis principal. Otro tanto hace Helen, cuando tiene una discusión con Natalie acerca de la manera de exponer una noticia de alcance. El pragmatismo impera. Pero nosotros tampoco podemos posicionarnos demasiado, pues no se concreta la situación que ha devenido el atentando. Ahora, si tenemos que tirar de geopolítica; entonces asumiremos que la obra de Félix Estaire paradójicamente es un ejemplo en sí mismo de manipulación de los espectadores asumiendo que la culpa es de unos por engañar; mientras que los otros, inocentes, sufren las consecuencias. Todo, insisto, es muchísimo más complejo. La dirección que emprende el propio dramaturgo junto a Xus de la Cruz es esteticista, juega con la suspensión del tiempo, con el reforzamiento de ciertos gestos, con la disposición de los protagonistas en una remarcada gelidez que aspira a la asepsia y a la objetividad; y eso produce cierto atractivo. Aunque no se mojan, no concretan, se evaden del caso específico para que podamos hacer un dictamen tanto artístico como ético. Es una de las matracas del posmodernismo y las estelas del giro lingüístico: las palabras crean la realidad. Prueben a ver si es verdad.

Atentado

Autor: Félix Estaire

Dirección: Xus de la Cruz y Félix Estaire

Reparto: María Morales, Ángel Ruiz y Eva Rufo

Escenografía: Alessio Meloni (AAPEE)

Diseño de iluminación: Lola Barroso (A.A.I)

Diseño de sonido: Sandra Vicente

Diseño de vestuario: Vanessa Actif (AAPEE)

Ayudante de dirección: Gabriel Fuentes

Ayudante de vestuario: Paola De Diego (AAPEE)

Alumno escenografía en prácticas: Quique Uhalte

Talleres de construcción de escenografía: Readest

Confección de vestuario: Rafael Solís

Taller de ambientación: María Calderón

Voces audioguías y avisos: Irene Serrano y Pablo Sevilla

Agradecimientos: Liza Bassi, Monica Boromello, Carme Portacelli y Javier Ribera

Una producción del Teatro Español

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 16 de febrero de 2020

Calificación: **

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