La cresta de la ola

Una comedia de José Troncoso que incide en su visión fabulística, para mostrarnos a una sirvienta que anhela el brillo de la fama

El estilo que ha desarrollado José Troncoso definitivamente lo ha limitado. Su exigencia de seguir ciertos parámetros ha impedido que nos muestre nuevas obras con brío y capaces de llevarnos a vericuetos surrealistas y a situaciones auténticamente esperpénticas como ocurriera con su exitosa Las princesas del Pacífico. Y es que su fijación en algunas de sus técnicas dramatúrgicas le ha hecho olvidarse de la trama y del argumento que impulsen a sus personajes más allá de sus gestos estrafalarios. Ya se notó este abandono del relato en Lo nunca visto y más en Con lo bien que estábamos (Ferretería Esteban). Ahora, en La cresta de la ola se percibe el desgaste con claridad. Cuatro caracteres planos, como suele ser habitual en los apólogos, en las fábulas y en toda esa cuentística desde el Medievo hasta la actualidad que, esencialmente, buscan la moraleja inequívoca, el ejemplo didáctico. En esta ocasión, nos hallamos en una especie de patio palaciego, kitsch, como si fuera un templo oriental que ha diseñado Alessio Meloni con gran detallismo y coherencia. Allí trabajan una pareja de sirvientes, un matrimonio que, imaginamos, cumple afanosamente con su tarea en la retahíla cotidiana de los días iguales. Alicia Rodríguez hace de Victoria, una criada de cofia, una mujer que roza el patetismo y que habla de la muerte como el momento cumbre de su vida, y de su funeral ideal como el único instante de su existencia en el que podrá «sentirse» importante, ser protagonista. Sigue leyendo

Lo nunca visto

Tras el éxito de Las princesas del Pacífico, José Troncoso vuelve con su particular visión tragicómica de la existencia

Foto de Ignacio Ysasi

El éxito rotundo que José Troncoso ―y toda la compañía de La Estampida― ha cosechado con Las princesas del Pacífico situará a sus seguidores en la tesitura de la comparación y de las expectativas ávidas de ser cumplidas. Aunque Lo nunca visto es una obra de 2018, parece que es ahora cuando se lanza, auspiciada por los vientos favorables, gracias al Teatro Español. Nos adentramos en un estilo que se decanta todavía más por unos factores que de manera indefectible tenemos que identificar con La Zaranda. Su influencia parece demasiado cercana y el dramaturgo, de continuar por estos derroteros, podría caer en el manierismo o en ser un deudor apegado en demasía a sus maestros. La recursividad, la lentitud, la música sosteniendo la decrepitud (Bach) y los personajes marginales son elementos que se aúnan para esbozar una trama de trago acibarado. La cuestión es que una profesora de danza, responsable de una sala dedicada a baile para niños y niñas, está a punto de ser desahuciada y ha decidido marcharse por «la puerta grande». De alguna forma, se ha propuesto realizar un espectáculo ―se debe entender que vanguardista o extravagante para que lleve el título de Lo nunca visto; pero el texto es algo confuso y está poco cohesionado con lo que viene después― con sus antiguas alumnas. A la llamada únicamente acuden dos: una señora de verborrea insuperable cual disco rayado y una yonki vagabunda sin nada mejor que hacer. Sigue leyendo

Las princesas del Pacífico

Una tragicomedia esperpéntica sobre una tía y su sobrina cumpliendo la fantasía de viajar en un crucero

El éxito de este espectáculo es innegable y no es fácil que esto ocurra con un montaje tan pequeño. Así que será comprensible para el público que aún no lo haya visto que el texto y las actuaciones son capaces de ser los suficientemente atractivas. Ahora, será necesario que el espectador de los diferentes lares por los que ha paseado la propuesta entre en un tipo de humor con altas implicaciones socioeconómicas y que se inserta genuinamente en la cultura española, y que tiene acento andaluz. Hablamos del guiño grotesco, del insulto ingenioso ―también del improperio con la boca de medio lado―, de la hipérbole sobre la hipérbole, de las mezclas lingüísticas incomprensibles ―además de los vulgarismo propios de los poco instruidos―, las comparaciones intempestivas y, un aspecto que a algunos les puede chirriar, que es el machaque, la repetición de un tic, de una respuesta, hasta la saciedad, hasta destrozar el chiste y provocar el reverbero de la risa tonta y dejarlo bobadita infantil (en este sentido puede resultar algo anticuado). Si en el primer tercio de la obra uno observa que sus risas esconden una tristeza, un frío y una miseria imponderable, en el resto de la función se asume que el mundo moderno del ocio y el bienestar crecientes se les quedan muy lejos. Sigue leyendo

Historias de Usera

Una colección de relatos entrañables sobre las gentes de este barrio populoso del sur madrileño

Foto Bárbara Sánchez Palomero

Mientras charlan y toman la fresca a la luz de la farola y van llegando más vecinos y nosotros nos acomodamos y ellos continúan en un ten con ten cruzado de chascarrillos, anécdotas y aventuras y los jóvenes preguntan a los mayores del lugar con avidez, se nombra, de pasada, Orcasitas, como el barrio más luchador de Madrid. Bien, pues antes de adentrarme en el meollo de la cuestión, me sorprende que se haya perdido la oportunidad para evidenciar la precariedad de muchas zonas del actual distrito de Usera y las diferencias socioeconómicas que aún hoy se dan respecto al norte madrileño. Incluso en el germen de la función, aquel Storywalker donde se fueron grabando esos relatos extraídos de la vivencias de los lugareños ─la mayoría de ellos acontecimientos reales─ ha participado algún que otro actor de la presente escena madrileña que estudió en un instituto de aquel barrio tan luchador, un verdadero barrizal en sus orígenes, que se dedicó a bloquear carreteras para exigir la urbanización de esa área. Si algunos supieran hasta qué punto ha vuelto la degradación en las aulas de aquellos lares… En fin, me duele hacer la siguiente comparación, pero me parece inevitable. Estas Historias de Usera huelen a ese cine de los cincuenta (salvo honrosas excepciones, como Surcos) en el que España se mostraba satisfecha de sí misma, como si no se pasara hambre y no existiera una gran angustia por el futuro, sobre todo en el mundo rural. Sigue leyendo