Tito Andrónico

Antonio C. Guijosa intenta «domar» la sanguinaria tragedia de William Shakespeare en los Teatros del Canal

Tito Andrónico - FotoResulta imposible «sujetar» una tragedia tan desnortada como que esta que escribió William Shakespeare cuando era joven, muy influido por Marlowe. Acometer tamaño proyecto siempre será complicado; porque la exageración, casi terrorista, nos lleva por la pendiente. Y no parece que en la versión de Nando López se haya pretendido hacer nada más que algunos ajustes para aguantarse con lo que hay. Tampoco hallamos una gran intervención textual, y eso quizás hubiera resultado más interesante. En muchos aspectos, este montaje se queda entre dos aguas, y ese es un lastre con el que se carga toda función. Para empezar, los Teatros del Canal, evidentemente, no son el Teatro romano de Mérida; por lo que la escenografía de Juan Sebastián Domínguez es más funcional que sugerente; pues el espacio está un tanto desangelado alrededor de los versátiles cajones que sitúa en el espacio. No obstante, la iluminación de Carlos Cremades sí que incide con precisión en el tenebrismo lógico. Luego, si continuamos con los aspectos artísticos, nos podemos preguntar, una vez más, en qué consiste eso de las modernizaciones, o qué se consigue con ello. Es decir, el vestuario de Rafael Garrigós, por qué procede con ese pastiche de trajes de caballero, con unos abrigos hasta los pies, y, por otra parte, otras vestimentas que, de alguna manera, anhelan aproximarse a algo más «romano» o «godo». Sigue leyendo

Lo nunca visto

Tras el éxito de Las princesas del Pacífico, José Troncoso vuelve con su particular visión tragicómica de la existencia

Foto de Ignacio Ysasi

El éxito rotundo que José Troncoso ―y toda la compañía de La Estampida― ha cosechado con Las princesas del Pacífico situará a sus seguidores en la tesitura de la comparación y de las expectativas ávidas de ser cumplidas. Aunque Lo nunca visto es una obra de 2018, parece que es ahora cuando se lanza, auspiciada por los vientos favorables, gracias al Teatro Español. Nos adentramos en un estilo que se decanta todavía más por unos factores que de manera indefectible tenemos que identificar con La Zaranda. Su influencia parece demasiado cercana y el dramaturgo, de continuar por estos derroteros, podría caer en el manierismo o en ser un deudor apegado en demasía a sus maestros. La recursividad, la lentitud, la música sosteniendo la decrepitud (Bach) y los personajes marginales son elementos que se aúnan para esbozar una trama de trago acibarado. La cuestión es que una profesora de danza, responsable de una sala dedicada a baile para niños y niñas, está a punto de ser desahuciada y ha decidido marcharse por «la puerta grande». De alguna forma, se ha propuesto realizar un espectáculo ―se debe entender que vanguardista o extravagante para que lleve el título de Lo nunca visto; pero el texto es algo confuso y está poco cohesionado con lo que viene después― con sus antiguas alumnas. A la llamada únicamente acuden dos: una señora de verborrea insuperable cual disco rayado y una yonki vagabunda sin nada mejor que hacer. Sigue leyendo

El jardín de los cerezos

Una propuesta visualmente muy atractiva de Ernesto Caballero donde se pretende modernizar a Chéjov

Foto de marcosGpunto

Encontrar el punto preciso entre la nueva perspectiva y la vigencia de un argumento que se nos escapa en el tiempo más allá de que los temas rebroten como en cualquier clásico. Hasta qué punto la versión de Ernesto Caballero recae ante todo en el ambiente creado por su equipo artístico. Porque la escenografía de Paco Azorín es extraordinaria, ya que cada una de sus propuestas a lo largo de la función encajan en un gran atractivo visual. Una combinación de detalles que van desde una gigantesca casa de muñecas, a la abertura en diagonal del enorme parqué para crear una vereda mientras caen las hojas y nos amplían la mirada hasta un horizonte tan lejano, pasando por ese pequeño tren que simula el viaje inicial de los protagonistas o esas enormes pantallas que jalonan el escenario (allí se plasman los vídeos ilustrativos de Pedro CHamizo). Una atmósfera otoñal, taciturna, macilenta en ocasiones, iluminada por Ion Anibal con preciosismo. A ello se añade el vestuario de Juan Sebastián Domínguez, quien salva casi todas las estridencias, apegándose a una elegancia contemporánea, un tanto casual y pija, claro (podemos fijarnos en el vestido diseñado por Ulises Mérida que lleva Carmen Machi). Además, el movimiento ideado por Carlos Martos logra que esa amplitud de la escena lo sea aún más. Las pegas que se pueden poner tienen que ver más con aspectos textuales; pues, aunque resulta ágil al oído (recorte mediante para ajustarlo a una disfrutable hora y cincuenta minutos), no parece que se haya actualizado el lenguaje (por ejemplo, el tratamiento de los señores y de los criados) tanto como para que sea coherente con lo visto. Sigue leyendo

Jardiel, un escritor de ida y vuelta

Ernesto Caballero intenta desagraviar al dramaturgo tanto artística como políticamente

Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Cada vez que se repone una comedia de esas que se supone que se han asentado en el tiempo, surgen siempre varias cuestiones que insistentemente han de ser resueltas. Por un lado, está el asunto de la comedia en sí como subgénero, parece que siempre hace falta justificarse, sobre la consideración menor que se tiene respecto a la tragedia; por otra parte, se dirime acerca de lo difícil que es hacer reír. Con Jardiel Poncela, además, se unen las reticencias políticas, las cuales son disuadidas con aquello de que fue un adelantado a su época, un precursor del absurdo y un etcétera de virtudes que resultan insoslayables. Sigue leyendo

César y Cleopatra

Encuentro de los célebres personajes en una propuesta demasiado fría para representar su pasión

César y CleopatraConocemos la trayectoria como directora teatral de Magüi Mira en los últimos años. Sus montajes cumplían, desde luego, con el interés y la profesionalidad que se le exige a una persona experta en estas lides, ya fuera en Kathie y el hipopótamo, En el estanque dorado o El discurso del rey. Más allá de ciertas cuestiones de mayor calado, no se puede afirmar que fueran inadecuadas dentro de la esfera dramática. Pero con lo que nos topamos en César y Cleopatra es un desatino. Sospechamos que la propia Mira es consciente de ello. A priori, el tema parece atractivo. Gracias a la fantasía del autor Emilio Hernández, los espíritus encarnados de Cayo Julio César y la reina de Egipto se encuentran en el presente para recordar su amor apasionado y para clarificar las tropelías que han cometido los historiadores con ellos. Estos espectros que surgen de la bruma son Ángela Molina y Emilio Gutiérrez Caba. Sigue leyendo

DioS K

Adaptación de la novela Karnaval de Juan Francisco Ferré sobre el enjuiciamiento al ex director del FMI, Dominique Strauss-Kahn

Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Ni lo que vemos en la Cineteca del Matadero es una obra basada en la novela Karnaval de Juan Francisco Ferré, ni esta es una recreación ficcionada de la vida de ese malhadado que dirigió el FMI, llamado Dominique Strauss-Khan, aka DSK. ¿Qué es entonces lo que nos encontramos en escena? Ya lo señala el propio novelista en los últimos capítulos: el mito de Dionisos. Por lo tanto este DioS K, es el nacido dos veces; recordemos que fue descuartizado por los titanes en siete pedazos, que lo podemos relacionar con las bacanales y con todos los ritos de iniciación órficos en la órbita de los misterios eleusinos. Tan relacionado con el origen del teatro y la purificación catártica. Aquí, la pasión según Antonio Rojano de aquel que volverá a nacer. Sigue leyendo