La historia del zoo

El Teatro Lara acoge la recuperación de esta obra de Edward Albee sobre el encuentro de dos hombres aparentemente antagónicos

Regresa José Carlos Plaza a esta obra (llegó a protagonizarla bajo la dirección de William Layton) tan señera del teatro de Edward Albee, y lo hace con los mismos actores con los que trabajó hace ya bastantes años. Es un texto que tiene exprimido y apuntalado para que aún se mantenga vivo; y, en cierta medida, enigmático. Seguramente la extrema sencillez del montaje y del propio argumento, mitad apegado al absurdo, mitad contemplador existencialista, disuada en el inicio al público, que asiste inquieto ante lo anodino del planteamiento. Estamos en Central Park, en Nueva York, corre el año 1958. Un hombre llamado Peter, de unos cuarenta años, de aspecto moderadamente burgués, de aire intelectual, con pipa, gafas y un voluminoso libro sobre las manos, permanece sentado sobre un banco. Al instante, llega un tipo de apariencia corriente y algo descuidado, un tanto nervioso, que pretende entablar un diálogo con la excusa de contar una anécdota sobre su visita al zoológico. A partir de ahí, asistimos a una conversación, más bien el monólogo entrecortado de este último, Jerry. El espectador siente enseguida que eso es en sí un callejón sin salida, que extraer conclusiones de una colección de anécdotas propias de un barriobajero, como la descripción del cuchitril donde duerme o el ajuar concreto que posee, o que de joven fue homosexual o que el perro de su asquerosa vecina es terrible y lo quiere matar, o que nunca haya estado con una mujer más de una noche, no pueden llevarnos a ninguna certeza. ¿Cuándo va a llegar lo del zoo? ¿Adónde nos desea dirigir el autor? ¿Es un sueño o es una alegoría sobre la lucha de clases? Ante todo es comprobar cómo Peter se enfrenta a su abulia latente (su familia adorable cumple con el estándar anhelado), a las paradojas de la vida acomodada, al cuestionamiento de si la placidez nos disuade de empresas superiores. Debemos, por lo tanto, sumirnos en lo simbólico; comprender que cuando luchan por el sitio en el banco de forma absurda, no es más que una provocación para remover las entrañas. Ciertamente, el público puede mantenerse ajeno a tal profundidad y no confiarse tanto a lo metafórico, y considerar que todo es más simple; como el propio montaje, con un banco y un par de actores charlando durante poco más de una hora. También hay mucho de esto. Incluso, lo que más se puede criticar es que el final sea desmesurado y abrupto. Descomunal para como iba el intercambio de pareces. La historia del zoo podrá alcanzar mayores cotas de ahondamiento, si los intérpretes afinan y modulan con precisión sus cadencias y sus posturas como ocurre en esta ocasión. Aquí la buena dirección actoral de José Carlos Plaza es incuestionable. Carlos Martínez-Abarca se mete en la piel de Jerry y compone un rol difuso. Ni es vagabundo, ni loco; pero en absoluto es un hombre plenamente sensato que amablemente busque la concordia y la charla amistosa. Habla como si estuviera descubriéndose en el recuerdo y tuviera la necesidad de autoafirmarse junto a ese tipo que está ahí reposando tan tranquilo. Sería como su reverso, su otra existencia posible y desalentadora. El actor trabaja con pericia el gesto y, sobre todo, una mirada que se pierde constantemente en las cavilaciones. Por su parte, a Javier Ruiz de Alegría, que adopta una pose algo altiva y amanerada, pija, si se quiere; quizás le sobraría un punto de esa soberbia, para que se redujera su cercanía al estereotipo. Algo que pasa según avanza la función. Es en el desenlace cuando la interpretación gana enteros y saca de sí las emociones contenidas que nos interesa que se evidencien. Es, en definitiva, esta obra de Albee, un ejercicio de aproximación confusa al individuo solitario que se cree con la vida encauzada. Que el respetable se sienta impelido desde nuestro presente repleto de ansiedad y exigencias sociales es otro tema.

La historia del zoo

Autor: Edward Albee

Director: José Carlos Plaza

Reparto: Carlos Martínez-Abarca y Javier Ruiz de Alegría

Teatro Lara (Madrid)

Hasta el 4 de abril de 2018

Calificación: ♦♦♦

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