La resistencia

Lucía Carballal firma un flojo texto sobre la anodina relación entre dos novelistas que dirige Israel Elejalde

Quizás una de las razones por las que la literatura (la literaria) arrastra una decadencia interminable en las últimas cuatro décadas ―no solo en España, sino también en el resto del mundo― radique en las vidas de los propios escritores, en que cada vez nos parecemos más, en que lo underground puede ser algo tan banal como no tener redes sociales. Ser viajero es casi un imposible y ya solo queda ser turistas de nosotros mismos en nuestra pura semejanza con el prójimo allende los mares. Existen más razones, como las puramente comerciales, o el concepto de ocio y de entretenimiento, etcétera. Lucía Carballal llega a los Teatros del Canal después de enlazar dos propuestas muy estimables: Los temporales y La vida americana. Dos textos en los que demostró su capacidad para elaborar diálogos persuasivos, inteligentes y repletos de detalles que percuten en las relaciones humanas. En ella se percibe una sutileza a la hora de aquilatar sus personajes que termina por convencerte en demasía. La resistencia parece pergeñada por una primeriza, por alguien que ha compuesto según los parámetros de los ejercicios de estilo, lleno de tópicos y falto de esas ideas que justifican la materialización en las tablas. Sigue leyendo

El ángel exterminador

Blanca Portillo dirige una versión sobre la cinta de Buñuel más festiva y espectacular que surrealista

Foto de Sergio Parra

Hace un par de años asistíamos a una versión de esta misma obra recogiendo el título de aquel cuadro de Gericault, La balsa de Medusa, en el que se inspiró Buñuel; un montaje mucho más coqueto, aunque seguramente más efectivo que este que nos presenta Blanca Portillo. Tanto su perspectiva como la versión de Fernando Sansegundo sobredimensionan el film de 1962 para trasladarlo a la actualidad en un teatro, el Español, en absoluto idóneo para que los espectadores lleguen a adentrarse en la asfixia absurda de sus protagonistas. Para empezar, señalaremos varios hándicaps que entorpecen la función. Primero, los personajes quedan lejos, más de lo debido; puesto que se recluyen tras dos mamparas que el escenógrafo Roger Orra, a quien hay que valorar por el espacio grandioso —todo un salón de diseño contemporáneo, luminoso y amplio—, ha situado en el medio de las tablas y que me parecen un error garrafal por dos razones. Sigue leyendo