El ángel exterminador

Blanca Portillo dirige una versión sobre la cinta de Buñuel más festiva y espectacular que surrealista

Foto de Sergio Parra

Hace un par de años asistíamos a una versión de esta misma obra recogiendo el título de aquel cuadro de Gericault, La balsa de Medusa, en el que se inspiró Buñuel; un montaje mucho más coqueto, aunque seguramente más efectivo que este que nos presenta Blanca Portillo. Tanto su perspectiva como la versión de Fernando Sansegundo sobredimensionan el film de 1962 para trasladarlo a la actualidad en un teatro, el Español, en absoluto idóneo para que los espectadores lleguen a adentrarse en la asfixia absurda de sus protagonistas. Para empezar, señalaremos varios hándicaps que entorpecen la función. Primero, los personajes quedan lejos, más de lo debido; puesto que se recluyen tras dos mamparas que el escenógrafo Roger Orra, a quien hay que valorar por el espacio grandioso —todo un salón de diseño contemporáneo, luminoso y amplio—, ha situado en el medio de las tablas y que me parecen un error garrafal por dos razones. Sigue leyendo

Aquiles y Pentesilea

De cómo el amor puede frenar las ansias guerreras a las puertas de Troya

Foto de marcos G punto
Foto de marcos G punto

El Centro Dramático Nacional ha decidido reponer la obra que compuso en los 90 Lourdes Ortiz. Un texto este de Aquiles y Pentesilea que, apreciado sobre las tablas, enseguida se adivina que el espacio se le queda pequeño, no solo porque participen en la función trece actores sino porque la acción queda demasiado encorsetada en la Sala Francisco Nieva. Los dos bandos enfrentados, las amazonas contra los griegos, las mujeres contra los hombres, el amor contra la guerra, se miran frente a frente sobre la arena con la furia de aquellos que reconocen en su ser la hybris guerrera, pero, en el caso de Aquiles y Pentesilea, también pulsión erótica. Ocurre que en la disposición de los elementos, del contrabalanceo de las fuerzas, uno espera que el liderazgo de los protagonistas conlleve la suficiente energía como para contradecir las tradiciones y los designios; es decir, se aguarda a un héroe como el de los pies ligeros, no solo enamorado, sino, también, seguro de su porvenir con esa mujer; pero no es el caso. Sigue leyendo