La autora de Las meninas

Una suave sátira sobre la política cultural de nuestro país protagonizada por una Carmen Machi formidable

Foto de David Ruano

Las ideas que entran en liza dentro de la fábula distópica que ha planteado Ernesto Caballero me parecen realmente interesantes y sugestivas. Durante la ¿pasada? crisis económica llegamos a enterarnos de que Portugal había vendido 85 Mirós y a los griegos les propusieron —desde la Federación de Industria Alemana— que se deshicieran de parte de su patrimonio nacional. En La autora de Las meninas el dramaturgo nos lanza a 2037, y cae en ese recalcitrante error de los relatos futuristas que se empeñan en señalar los cambios ocurridos, recordándonos que ese mundo es ficticio y que nosotros permanecemos en 2017. Por eso el texto, sobre todo al principio, está trufado de sentencias explicativas que empiezan por: «te acuerdas cuando…», «desde que llegaron al poder…», «antes se hacía…». Y esta es la primera pega con la que nos encontramos. Esas ansias de cercanía con el público, ese didactismo, ese recurso infantil de narrar lo que no acontece delante de nosotros —y eso es mucho—; para contextualizar una serie de circunstancias sociopolíticas que le sirven a Caballero para satirizar a Podemos. El susodicho partido aquí se hace llamar Pueblo en Pie —el PSOE y el PP, conservan siglas—; y se ha convertido en el adalid del desprecio artístico y cultural de la mano de un ministerio ad hoc (el resto de partidos no tardan en unirse a sus pretensiones). Que la propuesta sea vender el lienzo más célebre de Velázquez por petrodólares nos lleva a un dilema con poco recorrido. Uno se imagina que es el último peldaño en un proceso de desmantelamiento que, quizás, se llevase por delante centros culturales que, inspirados por el «Efecto Guggenheim», han esquilmado inútilmente muchos presupuestos consistoriales. A partir de ahí, se podría entrar en debate sobre qué merece la pena sostener o fomentar culturalmente en una situación de verdadera necesidad. El caso es que sor Ángela, la monja pintora, ha sido contratada para realizar una copia «perfecta» de La familia de Felipe IV; y para ello va a vivir encerrada unos meses en la Sala 12 del Museo del Prado. Paco Azorín ha organizado una escenografía tan sencilla como efectiva, versátil en cuanto constante juego de espejos metartísticos. Tres grandes tapices se emplean para proyectar la tela protagonista y para lanzar, posteriormente, toda una colección de atribuciones, interpolaciones, falseamientos, detalles, apropiaciones y un repaso por los iconos artísticos del siglo XX y del XXI, gracias a los vídeos de Pedro Chamizo que nos van ilustrando. En el texto de Caballero se atisban varias obras posibles, varios itinerarios para cuestionar la política cultural de nuestro país; además de ahondar en el concepto de autoría, de originalidad, de copia, de valor, de mercado, de popularidad y de un largo etcétera. Aunque decide renunciar al vitriolo, a la hondura y a la filosofía, para quedarse con el desparrame cómico que, digámoslo claro, parece funcionar si uno atiende al agitamiento del respetable. Están más elaborados los chistes sutiles que ironizan con ciertas manifestaciones artísticas (la monja se ve poseída por el espíritu de Walter Benjamin y su breve ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica); que aquellos otros un tanto burdos sobre el comportamiento de la directora. Sin lugar a dudas, el espectáculo se sustenta, ante todo, por la actuación de Carmen Machi. Es patente su destreza inconmensurable, su dominio de lo cómico y de lo trágico, su capacidad de entrega y esa manera tan especial para demostrar una desgarradora entereza. De los papeles que ha representado en los últimos años en las tablas es con La tortuga de Darwin —precisamente dirigida por Ernesto Caballero—, con la que podemos encontrar más afinidades. En este montaje podemos observarla primero como una tímida y complaciente hermana sin más ínfulas que ejecutar su trabajo; para después verse inyectada por el vicio de la soberbia, del egoísmo y de la fama; cuando, de repente, aspira a ser la artista más grande del momento. Para ello es inducida por un personaje que me ha parecido muy persuasivo e inteligentemente trazado, y que es el vigilante nocturno que encarna Francisco Reyes. Un tipo enorme que adopta —más allá de esa forma que tiene de paladear las frases, como hemos podido comprobar en La abducción de Luis Guzmán o en 40 años de paz— una postura mefistofélica de embaucador. Gran parte de los diálogos que mantienen están cargados de preguntas sobre la vida y el arte que sitúan la obra en lo más aprovechable intelectualmente. Luego, cierra el elenco la directora del Museo del Prado, histérica y advenediza, que Mireia Aixalà acoge con desparpajo; aunque el rol que le toca se escora demasiado hacia la comedieta y resulta evidente en esa ridiculización de los politicuchos ignaros. La autora de Las meninas podría haber sido una función verdaderamente crítica con nuestra sociedad del bienestar y de la política cultural en España; pero termina por ablandarse para dar una juguetona clase de historia del arte, donde no faltan las lecciones pertinentes sobre el cuadro y esos guiños a las tropelías o deslumbramientos de los últimos cien años, desde Duchamp hasta el más paradójico y famoso de los artistas vivos: Banksy. Arte urbano, popular y global; ejecutado por un escurridizo pintor (seguramente Robert del Naja) en la era de las redes sociales y el yo. Velázquez no se supo reprimir.

La autora de Las meninas

Texto y dirección: Ernesto Caballero

Reparto: Mireia Aixalà, Carmen Machi y Francisco Reyes

Escenografía e iluminación: Paco Azorín

Vestuario: Ikerne Giménez

Espacio sonoro: Luis Miguel Cobo

Vídeo y ayudante de iluminación: Pedro Chamizo

Ayudante de escenografía: Isabel Sáiz

Ayudante de dirección: Ramón Paso

Fotos: David Ruano

Diseño de cartel: Javier Jaén

Coproducción: Centro Dramático Nacional y Focus

Agradecimientos: Museo Nacional del Prado

Teatro Valle-Inclán (Madrid)

Hasta el 28 de enero de 2018

Calificación: ♦♦♦

Anuncios

One response to “La autora de Las meninas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.