Kohlhaas

Relato épico sobre un criador de caballos reconvertido en rebelde durante el XVI en Alemania

Sentado en una silla para no levantarse ni un solo instante, vestido de negro, con la mirada vivaz e incisiva; así se presenta el actor italiano Riccardo Rigamonti; como un juglar del siglo XXI, listo  para relatarnos una leyenda. Heinrich von Kleist se inspiró en la historia de aquel criador alemán de caballos que se rebeló contra el poder de un noble; para elaborar una novela corta sometida por los efluvios del Romanticismo y esa insistencia por recuperar ejemplos de la Edad Media, remozados aún por el heroísmo y, también, por elementos mágicos (no falta la aparición de una gitana con dotes de vidente). En poco más de una hora, el intérprete se vale de una colección básica, pero efectiva, de recursos corporales para trasladarnos a los caminos germanos junto a esas bestias equinas dispuestas para la venta y por esas bestias humanas lanzadas a la batalla para restablecer un supuesto orden —igual que en las tragedias griegas. Escucharemos las voces del narrador —generoso en detalles ineludibles—, del criado, de los príncipes y de toda una serie de personajes que acompañan al verdadero protagonista: Michael Kohlhaas, un hombre sereno y correcto, casado, padre de dos hijos, dedicado a la crianza y al comercio de caballos, que tuvo la desdicha de atravesar un sendero que era propiedad del Junker Wenzel von Tronka; y ahí comenzar un kafkiano periplo de injusticias y algunos sucesos de mala suerte. Puesto que vamos a ver toda una transformación en la que este comerciante se va a levantar en armas, ayudado por campesinos y por siervos desencantados con la nobleza. Donde el sistema judicial se pondrá en cuestión; pero donde, además, un viejo sabio reconvendrá la actitud desmesurada del nuevo héroe, haciéndole ver que se ha tomado la justicia por su mano para causar daños irreparables a inocentes. Ese tono moralizante nos lleva también a las fábulas de aquella época. Rigamonti saca todo el partido posible a diferentes acentos de distintos personajes en los que se enmascara y, sobre todo, esa forma que tiene de marcar con los pies el imparable trote equino para desplegar varios ritmos que provocan acertadamente nuestra atención. Su gesto y la profundidad de lo narrado ganan en el monólogo interior, en la descripción de las tensiones personales, donde brota la rabia y el desconcierto; aunque esta apuesta minimalista renuncia a ilustrar con potencia escénica los enfrentamientos bélicos. Porque es mucho poner de nuestra parte que nos hagamos a la idea de batallas de cientos de hombres o de los poblados que van incendiando, únicamente con un bosquejo somero de los hechos, por mucha enjundia que se le ponga. Quizás no sea la novela propicia para recurrir exclusivamente a este procedimiento del teatro narrativo. Como espectador, uno debe estar dispuesto a escuchar y a mantener la concentración en esa trama fascinante, repleta de vericuetos; donde este investido héroe se ve impelido tanto por el empecinamiento que trae el imperioso empuje del deber, como por un ansia vengativa irrefrenable. El espectáculo se juega a una sola carta, a la desnudez de un montaje que requiere una seguridad incuestionable de este magnífico actor para que la dramaturgia de Marco Baliani y de Remo Rostagno funcione bajo la dirección de María Gómez. Desde luego que logran su cometido; además, porque el texto está sintetizado con sabiduría y apuntalado por breves diálogos, repeticiones líricas que indican las emociones del protagonista (esas punzadas que siente en el corazón) y por un equilibrio entre la acción directa y la reflexión. Es un tipo de teatro, narrativo, que podemos relacionar, por ejemplo, con ese Novecento que tanto éxito le deparó a Miguel Rellán hace unas temporadas. Hemos de reconocer que cuesta quitarle la pátina antigua que envuelve al cuento y que remite, evidentemente, a toda la cuentística tradicional europea. Poca diferencia o novedad encontramos en esta versión teatral respecto a los contadores de historias que han poblado durante siglos el Viejo Continente. Y en este aspecto, el función se queda un tanto limitada; aunque, como ya he afirmado, posee atractivo suficiente como para que muchos espectadores se sientan persuadidos.

Kohlhaas

Dramaturgia: Marco Baliani y Remo Rostagno (Basado en Michael Kohlhaas, de H. von Kleist)

Traducción: Beatriz Castellary

Dirección: María Gómez

 

Reparto: Riccardo Rigamonti

Iluminación: Magdalena Broto

Producción: Nada de Lirios

Teatros Luchana (Madrid)

Hasta el 27 de enero de 2018

Calificación: ♦♦♦

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