Después del ensayo

Emilio Gutiérrez Caba se mete en la piel de un dramaturgo para profundizar en las pasiones dentro y fuera de la escena

Foto de Mario Quintero

El cineasta Ingmar Bergman presentó esta película para la televisión en 1984, un film donde se concitaban varios de los temas que le habían interesado siempre al creador sueco. Por una parte, la cuestión del teatro, de la vida teatral y de sus entresijos, de lo que conlleva ese trabajo, a veces tan oscuro para el público —ya lo había tocado en Persona (1966), por ejemplo. Por otra parte, se abordan las disputas propias de las parejas, de los amantes; aspectos que se alimentan de su propia biografía y que igualmente había abordado en Secretos de un matrimonio (1973) y en su última cinta, Saraband (2003); ambas, también, para televisión. Y, por supuesto, indaga en las pasiones y en la culpa, impulsado por su educación luterana. Juan José Afonso se ha puesto al frente de esta versión firmada por Joaquín Hinojosa, y Emilio Gutiérrez Caba se ha encarnado en este trasunto del cineasta. Un dramaturgo y director teatral que tras un ensayo, como casi hace a diario, permanece en el escenario reflexionando acerca de su cometido; mientras se va adormeciendo antes de su habitual siesta, hasta que entra la joven actriz con la que está trabajando. Sigue leyendo

Los nadadores nocturnos

Una función que se zambulle con algún desvarío en las vidas de unos individuos golpeados por los avatares de la modernidad

 

Ya es un tópico de nuestra contemporaneidad. Lo veíamos el otro día con Sé de un lugar. La vida cuesta. La vida urbana con sus reglas tremebundas y nuestra incapacidad para adaptarnos a los ritmos del mundo moderno conlleva hecatombe emocional. Acostumbrados a que nos lo hagan todo, tanto en casa como fuera (mediante pago, por supuesto), nos predisponemos hacia la irresponsabilidad y hacia el sufrimiento de la incomprensión. Los nadadores nocturnos, en realidad, son un grupo de avestruces que meten la cabeza debajo del agua, unos buceadores de algodón huyendo del ruido atroz de la existencia compleja. Sigue leyendo